Pasos en Urdaibai: nuestro verano en el País Vasco

¡Aloha matriculeros! No sabéis las ganas que tenía de traeros este post y contaros todos los detalles de mi escapada al País Vasco, más específicamente a la reserva de la biosfera de Urdaibai. La idea principal de este viaje era huir de dos cosas: el calor de la capital y de las grandes ciudades. Es decir, nos contentábamos con cualquier temperatura inferior  a los treinta grados y no teníamos ninguna intención de pisar Bilbao o San Sebastián (que también son un planazo). Nos alojamos en Bermeo, en un piso frente al puerto. Bermeo es un lugar donde no encontraréis mareas de turistas, se nota que es un sitio frecuentado por locales y recuerda bastante a "pueblo de antes". Aunque no tiene muchísimas cosas que ver, tiene un malecón súper agradable y largo de pasear, un montón de bares donde beber una copa de txakoli y está a una distancia perfecta de todo. Me encantó el hecho de estar algo alejados de las zonas más turísticas pero al mismo tiempo estar bien conectados y cerca de todo lo que queríamos ver. Sin duda, una de mis recomendaciones si pasáis por Bermeo es hacerlo en los primeros días de vuestros días por allí para que os puedan dar las mejores recomendaciones en la oficina de turismo de Bermeo. Nosotros íbamos con un idea más o menos de lo que queríamos hacer, pero en la oficina nos guiaron y nos dieron unas recomendaciones estupendas sobre las que luego basamos el viaje. Nos dijeron a que sitios mejor ir andando, a cuales merecía la pena desviarse un poco y cómo exprimir al máximo Urdaibai con el tiempo que teníamos. Así pues, el DÍA 1 lo dedicamos a viajar de Madrid a Bermeo, hacer la compra, descansar un poquito y patear Bermeo bien a fondo (siguiendo las indicaciones que nos dieron en la oficina de turismo). Esa noche cenamos en la terraza del bar Oker, muy recomendable para comer rico en pleno centro del pueblo.

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DÍA 2 - MUNDAKA y SAN JUAN DE GAZTELUGATXE

El segundo día anduvimos...y mucho. Comenzamos la mañana relativamente pronto y caminamos desde Bermeo hasta Mundaka. Hay un paseo perfectamente trazado que conecta ambos pueblos y que, con sus cuestas, resulta tremendamente agradable. Una vez en Mundaka el plan no fue otro que perdernos por sus calles y...tomar un café. Porque sí, amigos míos..yo soy muy de café y cuando llego a un sitio después de un rato de trote me gusta disfrutar de una buena taza de café con leche. Una vez satisfechas mis ansias cafeteras, dimos una vuelta y acabamos en el mirador de la playa, ensimismados. Las vistas son inmejorables: una playa enorme, que se transforma según sube y baja la marea, y surferos intentando cazar las olas. Nosotros tuvimos la enorme suerte, y digo suerte porque adoro este tipo de días, de que nos tocase un día lluvioso y ventoso. Así, no sólo nos evitamos una buena sudada, sino que evitamos aglomeraciones de gente. Así que, estupendo. Nos acercamos a la oficina de turismo para que nos recomendasen una ruta con la que pudiésemos exprimir al máximo el pueblo y, bueno, eso hicimos. Consejo: ¡mirad el tiempo! Si la previsión indica lluvia, llevad con vosotros un chubasquero porque en Mundaka es imposible encontrar uno. Os lo digo por experiencia. 

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Mundaka nos enamoró, la verdad. Nos quedamos con ganas de volver con mejor tiempo para disfrutar del ambiente animado e internacional que suele haber en este pueblo. La visita obligada de Mundaka es, sin duda, la Ermita de Santa Katalina. Se trata de esos lugares en los que uno se detiene, observa la infinidad del mar y respira. Simplemente eso, respirar. Además de eso, en Mundaka os recomiendo simplemente que andéis y os empapéis del encanto del pueblo. Por cierto, aparcar es complicado, por lo que es recomendable ir andando o bien pronto. 

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Por la tarde decidimos ir a visitar San Juan de Gaztelugaxte (que a día de hoy sigo sin ser capaz de pronunciarlo). Se trata de un islote en el que se encuentra una ermita de lo más mona e ideal pero que, sin duda, os la vais a tener que trabajar. Llegar a ella no es fácil y os recomiendo unas buenas zapatillas y ropa cómoda. No seáis como yo, urbanitas y fashionistas del "todo por la foto" y sacrifiquéis un atuendo cómodo por la foto. Porque aviso...no tendréis foto bonita. Hace viento, probablemente lluvia y es más que probable que acabéis un poco sudados. 

Lo más recomendable es ir bien pronto por la mañana o más bien tarde, hacia las siete para evitar grandes aglomeraciones. Ya sabéis, se trata de uno de los reinos de Juego de Tronos, por lo que su atractivo se duplica por...mucho. Yo, la verdad, es que me quedé en la primera temporada de la serie, pero Carlos tenía ganas de pisar Roca Dragón y sentirse "padre de dragones" por unas horas. 

Tenéis dos caminos para acceder: uno asfaltado, algo más largo y el corto, para novatos de la montaña como yo, de dificultad: "último nivel del juego Pesadilla en la Montaña". Pero bueno, al final lo conseguí. Sufrí, me angustié, patiné un par de veces pero lo conseguí. Me quedo con eso. Después del maravilloso camino embarrado y empinado (hacia abajo), únicamente os faltan 241 escalones para llegar. Pero llegaréis, os lo prometo. Y merecerá la pena. Una vez arriba, lo primero...¡FOTO! Se trata de un #glamourfit en toda regla. Después, si está abierta la ermita, hay que tocar la campana y coger algo de aire. La vuelta es algo más sencilla (o al menos lo fue para mi). Eso sí, TODO cuesta arriba. 

Huelga decir que mis pies acabaron fritos y con un par de uñas negras, cosa que no me había pasado en la vida. Así que, amichis, insisto...CALZADO CÓMODO. 

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DÍA 3 - CABO MATXIXAKO y BOSQUE DE OMA

Por si no habíamos tenido suficiente el día anterior, decidimos que queríamos andar más. ¡Todo por los pasos! De hecho, estuvimos todo el viaje enganchados al cuentapasos del iPhone, picándonos por quién había dado más. Todo muy jelzi. Bueno, os cuento. El tercer día fuimos al cabo Matxixako. Podéis llegar al faro en coche por un camino sin asfaltar, no obstante, yo os recomiendo patearlo y disfrutar del camino porque, de verdad, merece la pena. Nosotros vivimos las cuatro estaciones durante el paseo, tan pronto necesitabas el chubasquero para no morir ahogado que querías tirarlo bosque abajo. El paisaje también va cambiando: de vegetación frondosa y densa a algo más parecido a prado, con ovejitas y todo. Perdonadme la terminología, de naturaleza sé más bien poco...por ahora. 

Una vez lleguéis al final, al faro, veréis que es también un observatorio de...BALLENAS y aves. Nosotros no lo hicimos, pero os recomiendo mirar a qué horas se ven con más facilidad para ir entonces porque debe ser todo un espectáculo. De nuevo, pocas fotos que hay mucho viento. La naturaleza no está para tonterías.

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Después del cabo, hicimos una parada en la Playa de San Antonio. Preciosa. Si la marea está baja podéis pasear tranquilamente dentro de la playa. Es precioso, de verdad. Eso sí, nada de comer en el restaurante que hay ahí porque es horrible. Únicamente hay uno, así que no tiene pérdida. Id comidos o llevad vuestra comida, consejo de sufridora. 

Una vez comidos y paseados, pusimos rumbo al Bosque de Oma. Justo antes de empezar la ruta, tenéis un restaurante estéticamente ideal y que, sinceramente, parecía tener una comida de hacer chiribitas los ojos. Comenzamos el camino, más bien cuesta arriba en su mayoría, asfaltado y apto para novatas y temerosas de ciudad. Eso sí, como todo lo bueno, el bosque se hizo de rogar un poco y tenía unas escaleras XXL y resbaladizas esperándome. Menos mal que hay una barandilla y, aunque fui a paso de tortuga, no me maté. Eso sí, el bosque merece la pena. Mucho. Yo volví a los tres años y a moverme de lado a lado para ver las diferentes formas y juegos visuales que se crean. Chulísimo. La vuelta al coche, de nuevo, fue algo dura. Un buen trecho del camino era "natural", ósea, con barro, rocas, cuestas y elementos que resbalan y me dan pánico. Pero luego hay un largo y empinado camino de asfalto que tiene unas vistas increíbles. En fin, muchos, muchos, muchos, muchos pasos. 

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DÍA 4 - PLAYA DE LAGA, ASADOR BEDUA, ONDARROA, MUTRIKU

El cuarto día nos lo tomamos con más calma. Nos levantamos algo más tarde y fuimos a ver la playa de Laida y la de Laga (de la cual hablaré después). Como hacía "mal" tiempo había poca gente, con lo cual, yo encantada de disfrutar de ese paraje desierto. Después, y algo tarde, cogimos el coche a Zumaya, a un restaurante que nos recomendó una compi del máster que es muy divina y sabe mucho de cosas buenas y fuimos al Asador Bedua. Bueno, ¡qué espectáculo! Si tenéis la ocasión, id. Comida casera casera y unas vistas para enamorarse. 

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De vuelta a casa, hicimos varias paradas por la costa de Mutriku, y es que, de verdad, es imposible no enamorarse del País Vasco. Si tenéis tiempo, os recomiendo bajar a alguna de las playas porque son espectaculares. Y si no, hay miradores por toda la costa para deleitaros y disfrutar. Un poco más cerca de casa, paramos en Ondarroa, un pueblo monísimo con mucho ambiente e ideal para hacer una parada en el camino, tomar un café y disfrutar. 

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DÍA 5 - MARISMAS, KAYAK RÍA URDAIBAI Y ATARDECER EN LAGA

El último día, el único que nos hizo bueno, decidimos alquilar un kayak y hacer el descenso de la ría de Urdaibai. Es decir, desde el mar, recorrimos las marismas y remamos como auténticas olímpicos. Bueno, igual no tanto. En mi caso, nunca había hecho kayak, y, sin duda, es una de las experiencias más significativas que me llevo de este viaje. 

Se trata de algo que se encontraba fuera de mi zona de confort por completo: agua, bañadora, remar, naturaleza...no sé, la idea de hacerlo me daba algo de miedo y me incomodaba. No obstante, una parte de mi quería hacerlo desesperadamente, probar. Así que, a pesar de todo, me atreví, y lo hice. Y no me arrepiento para nada. Cuantas más zonas de confort rompo, más feliz soy, de verdad. Más orgullosa de mi misma me siento. No os hacéis una idea de lo incómoda que me sentía al principio andando por ahí con el bañador, entrando y saliendo de la canoa o andando por el campo descalza y, de nuevo, sólo con el bañador. Pero lo hice, y aquí estoy, contándolo. Viva y con un poco menos de complejos. Además, me bañé en el mar, cosa que hacía muchos años que no hacía. Muchos. 

Con esto simplemente os quiero animar a que, si estáis dejando de hacer cosas que os apetecen hacer por miedos o complejos, especialmente por complejos, cojáis...y lo hagáis. Nada, de verdad, nada, os va a hacer sentir mejor. El autoamor que conseguiréis haciendo esto no os lo puede dar nadie por mucho que os quiero. Y sienta TAN bien. Es TAN liberador.

Pero bueno, volviendo a lo que nos concierne, el Kayak lo alquilamos en la playa de Laida. El recorrido es fácil (al menos en las condiciones que lo hicimos nosotros) y es una manera chulísima de vivir la ría de Urdaibai.  

Por último, nosotros cerramos el día con una recomendación del señor de los Kayak, ir a ver el atardecer en la playa de Laga con una cervecita. Creo que la playa de Laga es el lugar que más me ha gustado del viaje y no sé muy bien por qué. Simplemente tiene algo especial. Se trata de una playa recogida, que te abraza. La mezcla de verde, rocas y mar es sencillamente perfecta. Con un vinito y un pincho de tortilla vimos atardecer en un lugar mágico. Eso sí, refresca, así que llevad algo de abrigo. 

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Y hasta aquí el viaje a Urdaibai. Ha sido una escapada perfecta, de verdad, no cambiaría absolutamente nada. Volveré, seguro. Este viaje me ha despertado el gusanillo del turismo de naturaleza: quiero familiarizarme con la montaña, perder el miedo a las cuestas y el pánico a los bichos. La verdad es que han sido unos días mágicos, también gracias a la compañía que llevaba, claro está. Al final, cualquier sitio está bien si la compañía que tienes (aunque seas únicamente tú) es buena. 

Espero que os haya gustado. Cualquier duda o si queréis detalles más específicos, estaré encantada de responderos por donde queráis: email, comentarios o redes sociales. ¡Un beso enorme!

Escapada al norte: Donosti, Zumaia y Zarautz

Aloha matriculeros! Como ya visteis por nuestro Instagram y demases redes sociales, sabéis que este pasado finde nos fuimos a dar un voltio por el norte. No teníamos mucho tiempo porque la titi (Emma) curraba el viernes y teníamos que volver el domingo. Pero bueno, creo que lo aprovechamos bien y, la verdad, siempre sienta bien salir un poco del asfalto madrileño y cambiar de aires. Cogimos todo con súper poco tiempo la verdad...en un principio íbamos a Cádiz, no os digo más. El caso es que partimos hacia Donosti el viernes después de que Emma saliese de trabajar y llegamos ya de noche a la pensión donde nos alojábamos, cerca de Donosti, en Astigarraga. El sitio está bien. Aviso, no es el Ritz. Las habitaciones están bien de tamaño, limpias y con todo lo necesario. Además está a siete minutos del centro de Donosti, con lo cual, para nosotras, bien. Si os alojáis allí alguna vez, os aviso que puede que tengáis que entrar por un ascensor montacargas que no tiene puertas. Sí. Nosotras lo flipamos un poco cuando, a las diez de la noche, llegamos allí y no veíamos ninguna puerta a la que llamar. Menos mal que otro huésped andaba por allí con la llave del ascensor y nos confirmó que se subía por ahí. Si no, nos tocaba acampar seguro. 

El sábado nos levantamos pronto y fuimos a desayunar a Donosti. Aparcamos el coche en un parking (el del Buen Pastor, si no recuerdo mal) al lado de la catedral y nos pateamos todo de abajo arriba. Eso sí, desayunando primero. El sitio al que fuimos estaba en frente del Ayuntamiento y se llamaba...no me acuerdo. Pero justo detrás del ayuntamiento. Pateamos paseo arriba, paseo abajo, nos doramos bien y después dimos unas cuantas vueltas por la zona de calles estrechas y pintxoooos. Para comer fuimos a la Taberna de Blas, un sitio de la familia de un compi mio de la uni, que súper recomendable también. Comimos unas patatas asadas que estaban...ñooom. Después pateamos un poco más, nos entretuvimos en Arizona Vintage un rato (sip, ya sabéis que somos unas shop-aholics) y nos fuimos a refrescarnos un pelin al hotel. 

Por cierto, varios de vosotros nos recomendasteis un sitio llamado Maiatza, es así como healthy con cosas vegetarianas/veganas y demás. Lo vimos por fuera pero me quedé con las ganas para la próxima vez. ¡Muchísimas gracias por vuestras recomendaciones! SOIS AMOR. 

Ese mismo día por la tarde nos fuimos a Zumaia. Un pueblo preeeecioso al ladito, ladito. Veis, estas cosas me gustan del norte (y otras zonas)...que coges el coche y en media hora estás en un sitio precioso y diferente. En Madrid tenemos Segovia, Toledo...sí...pero al final el resto es todo muy monótono. No sé, llamadme loca. El caso es que Zumaia nos enamoró a las dos, y eso que había muchísimo turista. Seguro que en una época más tranquilita tiene que ser una maravilla. Subimos a la ermita desde donde se ve el acantilado y sin palabras, precioso. Nos costó lo suyo encontrar  la playa que veis en las fotos, pero con un poco de insistencia y práctica en la lectura de mapas, lo conseguimos. Nos costó lo nuestro aparcar en Zumaia por si os interesa...aparcamos cerca del camping, que está un pelín alejado del centro centro. Pero vamos, nada grave. Obviamente, también nos tomamos unos pintxos de infarto y tan ricamente. Después nos volvimos a cenar a Donosti a un sitio que, la verdad, no me acuerdo. Pero bueno, como todo. 

El domingo yo me levanté con los pies mal. ¿Por qué? Pues porque me puse de fashion victim y estrené en Zumaia a lo grande las fashion sandalias que me había comprado ese mismo día en Arizona Vintage. Total que ya andaba yo un poco cojilla. Salimos pronto de la pensión y pusimos rumbo a Zarautz, otro sitio precioso. Es bastante más grande que Zumaia y hay como mucho ambiente surfero, de playa pero todo muy agradable. Aparcamos a tomar por viento y medio del centro porque no estábamos muy seguras de poder encontrar sitio más céntrico y además, nos estábamos muriendo por desayunar. Así que, como os digo, aparcamos en un parking de tierra que costaba 2,5€ para cuatro horas (creo) y 5€ todo el día. La tarjeta de crédito no iba en ninguna máquina, aviso. Y tampoco daba cambio. Y tampoco admitía billetes. Yo solo aviso, que la máquina es un poquito picky. El caso es que desayunamos en una cafetería que había al ladito del parking...rico, pero tampoco la panacea. Anduvimos y anduvimos hasta llegar a la oficina de turismo. Entre medias me cambié de zapatos y me puse unas chanclas que Emma se había traído por si bajábamos a la playa. Maldito momento oye. Me abrasé ambos dedos gordos. Wo-hoooo. Total que iba yo con un sufrimiento del serio. Pero bueno, en la oficina de turismo fueron majísimos y nos contaron todo con una sonrisota que así da gusto. Por Zarautz simplemente dimos una vuelta, vimos la playa y nos dejamos llevar un poco. Tomamos el mejor croissant que he probado en mi vida en Já Zarautz. Por lo visto es la panadería/pastelería del hijo de Arguiñano...pero mira, entre lo mono que está todo puesto y lo rico que estaba ese bollo, me robó el corazón. MUY RECOMENDABLE. Y poco más, cuando ya nos dio la hora del parking, fuimos para allá y pusimos rumbo a Madrid. Me quedo con mogollón de ganas de volver otra vez con más calma y disfrutar de todo bien ( y comer mucho más, jajaja). 

Espero que os haya gustado el post y las fotos de Emma! Contadme vosotros vuestras vacaciones/experiencias por aquí y demás! Un besote fuerte!

Escapada a Burriana y Peñíscola

¿Cómo de bien sienta salir unos días de nuestro entorno habitual? Pues ya os lo digo yo, sienta fenomenal. Ojalá pudiese hacerlo más a menudo. En el post de hoy os dejo un resumencillo, más bien fotográfico que textual de lo que fue el mini viaje.
Salí el viernes de Madrid en un corre corre que ni os hacéis idea porque había mirado la hora de salida mal. Sí, olé yo. Y aquel viernes Atocha parecía que estaba de rebajas. En fin. El viernes noche llegué y prácticamente fui zombie a la cama. El sábado, como iba a hacer tiempo regulero y yo había descubierto un enorme agujero en el culo de mis vaqueros, decidimos entrenar por la mañana en la playa, comer LA señora paella en Nules y después bajar al centro comercial a que pudiese comprarme algo. Hacía tanto viento matriculeros, pero tanto viento. Por la tarde dimos uno de nuestros ya habituales paseos por el Espigón de Burriana y pude disfrutar de esos atardeceres que no acostumbro a ver mucho por la capital. Sin palabras, me deja sin palabras cada vez que lo veo.

El domingo, que hacía más solecico, decidimos ir pasar el día a Peñíscola. Y OMG, enamoraíca me quedé. Qué sitio tan bonito. Nos dedicamos a hacer lo que manda la guía del turista obediente y visitamos el castillo, los jardínes y comimos una caldereta de rape que...apuf. Estaba TAN rico y yo tenía TANTO hambre. El sitio donde comimos se llama Casa Dorotea, y repetiría. Yes. Yes. YES. Paseamos, paseamos y paseamos un poco más. Antes de volver a Burriana, paramos en un pueblecito que se llama Torre la Sal, y eso es como Cactusland. Me encantó. Se respiraba una tranquilidad (claro, estamos en la playa en Febrero) y el paseo por la playa y demás era tan...no sé, tenía algo.

Guimaraes, Barcelos y Oporto

¡Hola hooooola! Yo os lo dije que si hoy podía tendríais un doblete de posts...y aquí estamos. Prometo no enrollarme tantísimo como en la entrada de braga, que me puse a hablar y no callé. Además, vais a ver que en las ciudades que os comento estuvimos apenas unas horas y con unos calores que nos tenían andando a velocidad tortuga de Galápagos.

Así que nada, vamos con la segunda parte del recorrido turístico.

Guimarães

Al día siguiente de llegar a Braga fuimos a Guimarães; unos cuantos de vosotras ya nos habíais comentado que era una ciudad preciosa y que nos iba a gustar un montón. Y efectivamente, nos encantó. De nuevo, Guimarães tiene ese aire viejuno de Portugal que a mi me resulta encantador.

Es una ciudad muy chiquitita y se puede recorrer perfectamente en unas horas, así que podéis ir a pasar la mañana por ahí y volver después de comer a vuestra ciudad base a seguir turisteando.

Esto de aquí arriba es una de las plazas principales y como podéis ver sólo unos pocos turistas teníamos la voluntado de cocernos la cocorota al sol. Nosotras comimos en un restaurante de estos pensados para guirirs en esa misma plaza, pero la verdad que estaba riquísimo, barato y con opciones healthy...así que ninguna pega. Estuvimos buscando alrededor de unos veinte minutos un restaurante que habíamos visto recomendado en Internet pero por más que pasábamos por la esquina en la que se supone que estaba...no veíamos el dichoso sitio. Así que nada, entre el calor y que teníamos los pies fritos decidimos meternos a este otro restaurante.

Barcelos

¿Sabéis el típico gallito que nos trae todo el mundo cuando va a Portugal? Bueno, pues ese gallo se llama "Galo de Barcelos" y es natural de esta ciudad tan chiquitina, mona y calurosa. De nuevo, no vayáis con la idea de encontraros un gran monumento que os corte la respiración y os sirva para presumir a vuestra vuelta. Sinceramente, creo que lo mejor de Barcelos es perderte por sus calles y disfrutarlas: los azulejos, los colores de las casas, las puertas, los balcones, etc. Simplemente resulta muy agradable pasear y empaparse de esa sensación de estar en el pasado.

Oporto

En un principio íbamos a ir a pasar el último día a Aveiro, pero los precios del tren y el horario nos venían fatal. En cambio, para Oporto había mil trenes y uno más a un precio eeeeeeeeexcelente. Y pensamos, oye, ¿no nos encantó Oporto? Pues vamos otra vez, comemos en nuestro restaurante favorito y vemos la ciudad con algo más de calorcito que en enero (que en aquel viaje nos CONGELAMOS).

Lo cierto es que nos hizo más bien fresquito. Aunque a ratos hacía calor humedoso, de este que andas y te quedas pringosete. Y claro, más con esas cuestas que me trae mi querida Oporto. Pero bueno, me reitero una vez más: Oporto me parece una ciudad preciosa. Como ya os hemos petado a texto y fotos y tenéis un post enterito dedicado a Oporto no me voy a enrollar más contandoos cómo es Oporto. Si queréis saber más tenéis el link por aquí :).

Braga

Hello our frendz!!

Teníamos pendientísimo contaros nuestra escapada a Portugal. Si ya sois habituales por aquí, sabréis que en el frío mes de enero nos fuimos con mi amigo Guz a pasar unos días en Oporto y lo contamos todo todito por aquí. Me acuerdo que en aquella entrada os comentaba cómo creo que, al tener Portugal tan al ladito, lo vemos como un sitio poco exótico al que viajar, como con poca chicha, ¿no? Vamos, que si les contamos a nuestros amigos que nos vamos a dar un voltio por tierras lusas como que suena poco aventurero. O igual no. Igual es todo una paranoia mía. El caso, las tres veces que he estado en Portugal, las tres veces que me he quedado enamorada: viajar allí es barato, hacer turismo es barato, la gente es amable hasta decir basta y qué decir de la comida...pasteis de nata, no necesito decir más. Y lo que no son pasteles de nata también, que será por variedad. 

Así pues, quedamos tan encantadas con Oporto en enero (y con el precio de viajar allí) que decidimos empezar el verano con un viajecito corto al norte de Portugal. En un principio teníamos la intención de alojarnos en Oporto y después movernos en tren a las diferentes ciudades, pero no quedaba ni medio sitio libre y decidimos buscar algún sitio donde descansar los pinreles en Braga. Braga, para quién no lo sepa, es la tercera ciudad más poblada de Portugal y está en el norte de Portugal: está muy bien comunicada por autopista, tren y hay mogollón de autobuses. Así que problema para moverse si no llevamos coche, ninguno. Sí que es verdad que desde Oporto salen más trenes y ende hay más variedad de horarios y a veces es más barato...pero vamos, para ir a las principales ciudades y demás con tren y bus sobra y basta. 

Hemos decidido dividir el post en dos partes porque si no quedaba eterno y no queremos que os aburráis de tanto darle a la ruedecita del ratón. Así que, vayamos por partes: primero Braga y después el resto de ciudades. 

Como os comento, dormimos en Braga durante toda la estancia. Estuvimos en un hotel que se llama Axis Basic Braga y como su mismo nombre indica era un hotel basiquísimo. Tenía lo justo y necesario para estar cómodo (incluyendo un BUENÍSIMO aire acondicionado), aunque de Wifi nada de nada. ¿Internet? Apoquina, majete. El desayuno, tipo buffet, lo cogimos el primer día y ni uno más. Si pasáis por allí y no tenéis el desayuno incluido, nosotras no lo recomendamos para nada. Con la cantidad de sitios chulos y ricos (y baratos!) que tiene Braga, pagar 4 euros por cabeza por un pedazo de pan, embutido de bote, fruta reseca y bollos de plástico...como que no. Por menos del precio de un desayuno en el hotel te marcas uno rico rico por la ciudad.

En fin, que a mi me pones a hablar de desayuno y me enrollo como las persianas. La primera foto que veis aquí es el aeropuerto de Oporto, para mi, uno de los más bonitos, cómodos, cuidados y simpáticos que conozco. El Internet en el aeropuerto es gratuito, así que nos pedimos un buen café y nos pusimos a ver cómo podíamos llegar a Braga. Entre que no teníamos billetes de 5 o 10 euros para comprar la tarjetita para el tren (porque la máquina no cogía otra cosa) y que entre llegar a la ciudad de Oporto y después a Braga íbamos a tardar la vida, compramos un par de billetes de un servicio de shuttle. Os cuento un poquito sobre GetBus (el servicio de shuttle) porque es una empresa de unos jóvenes emprendedores y yo con esas cosas soy muy solidaria y entiendo lo mucho que ayuda compartir la información. Así que nada, por si os es de utilidad. Dos jovenzuelos han empezado este servicio de shuttle entre el aeropuerto de Oporto y Braga (creo que también aeropuerto y Guimarães) que te lleva desde la puerta del aeropuerto a la estación de buses. Y viceversa, claro. Un autobús FRESQUITO, cómodo y que va directo. No se puede pedir más. Cuesta ocho euros, y la verdad, bien invertidos: te olvidas de la maleta, son muy majetes y no hay riesgo de perder trenes, retrasos y demás. Puntuales como un reloj. Eso sí, los horarios son los que son y hay que adaptarse un poco a ellos. Pero bueno, de vuelta a Madrid nos tocó pasar unas cuantas horas en el aeropuerto, pero como os digo: hay enchufes, hay internet, hay comida y si todo eso nos falla...siempre quedará un buen libro. 

 

Pero sin duda, nuestra parte favorita de la visita a Braga fue la subida a Bom Jesus. Es una de esas cosas que por mucha foto que saques, por mucho que lo expliques, hasta que no estás allí es difícil entender la espectacularidad del asunto. Desde Braga cogimos el autobús 2 que te deja en la misma puerta del elevador al monte donde está el santuario (y el bosque que le sigue). Puedes optar por subir las escaleras andando o como os digo, coger el funicular (que funciona con agua y es más antiguo que tu y que yo juntos). Nosotras cogimos el simpático tren que te lleva a las alturas porque era ya nuestro último día y estábamos agotás. Pero la verdad, no me faltaron ganas de subirlas algún días andando...o en un entrenamiento (para morir).

Las vistas son increíbles, pero sin duda, lo más ALUCINANTE es el bosque que está detrás del santuario. Ya os digo, las fotos no le hacen justicia...pero oye, os podéis hacer una idea. A mi, que la naturaleza como que con distancia...me dejó sin palabras. No hice más que repetir: qué bonito, increíble, holy cow, dioooh...y asín.

Oporto

Aloha everyone!

¿Qué tal estáis? Mira yo, si os soy sincera, no tengo el día más animado de la semana. No sé si es el tiempo, que estoy haciendo la digestión o que aún no me he comido mi onza diaria de chocolate, pero el caso es que me hartaré de decirlo, pero da igual, somos humanos y no siempre andamos con maracas y sarandongas por la vida. Eso sí, ha sido ver la selección de fotos que ha hecho Emma del viaje y escuchar la nueva canción de Maroon 5 y ya tengo una sonrisa en la cara. Toma ya. Bueno, eso y que esta tarde tengo clase de Body Balance, que eso también me alegra mucho.

El caso, no voy a escribir mucho porque quiero centrar toooda vuestra atención en la destreza arttttística de Emma con la cámara. Yo quiero ser como ella algún día de mayor. Poder girar las ruedecitas del monstruo ese que carga en cada viaje a la velocidad del rayo y sacar a la gente como si fuesen la Schiffer (bueno vale, igual ahí me estoy pasando). Pero os lo prometo, por lo general, puedes poner la cara más fea que quieras que Emma te va a sacar bien/decente. Eso sí, cojo yo la cámara y mejor no decimos lo que pasa.

Bueno el caso, como os dije en la entrada anterior la semana pasada estuvimos dando un voltio por Oporto. En Portugal, sí. Ese país que tenemos a tiro de piedra, con un idioma precioso y que parece que a veces ni nos vemos los unos a los otros. Oigo mucho lo de..."bahhh, si es que está ahí al lado"...Y ERROR señores, que se nos va pasando el tiempo y al final nos vemos que de visitar el país luso nada de nada.

En Ryanair poco más y te regalan el vuelo. Nos costó 17€ la ida y otros 17€ la vuelta. Cogimos un apartamento para tres (venía con nosotras el pesado de Gushman) que también salió fenomenal de precio y encima era/es PRECIOSO. Muy instagramero. Para los interesados, se llama 12 Short Term. En fin, que podemos montarnos un viaje más que asequible.

Así a destacar, os comento que, ilusa de mi, pensaba que íbamos a pasar hasta calorcito. Me calcé unas Vans, y tan pancha. CRASO error. Acabé en Zara comprando unas botas con pelito por dentro y un cuello más abrigado que echarse una oveja encima. Así que, si vais por estas fechas, abrigaos...porque es de ese frío que cala muy mucho. Además de ir con un calzado abrigadito, os recomiendo que sea muy muy muy cómodo porque amigos, vamos a trabajar esas piernas y esos culos de lo lindo. Cuesta arriba, cuesta abajo. Cuesta arriba, cuesta abajo. Y así todo el viaje.

En general, comimos fenomenal en todos los sitios en los que estuvimos, pero sin duda os recomendamos probar el restaurante Book. Tiene la estética de librería/biblioteca/papelería y es una preciosidad. Además, se come fenomenal. La cuenta te la traen como si fuese un marca-páginas de un libro. Monísimo todo. El día que fuimos nosotros había menú: de primero, una crema de espinacas con un color y un sabor que quitaba el sentido (imaginad lo rico que estaba que Guzmán es suuuper antiverde y le encantó); de segundo; cazuela de pescado o pollo y de postre una tarta de sabor a frutas tropicales con base de galleta/bizcocho (no sé muy bien) que madre mía. Recomendadísimo.

Aunque únicamente pasamos tres días completos, el domingo nos fuimos de doble escapada a Coimbra. Una ciudad que a mi compi de clase Teresa le encanta, y que a nosotros también nos dejó enamoradísimos. Cogimos unos cuantos trenes, pero no os preocupéis, que es facilísimo, y si no recuerdo mal, en menos de una hora estáis pateando las hermosas cuestas coimbrianas. Para quién no lo sepa, Coimbra sería algo así como para nosotros Salamanca. La universidad es el principal atractivo, pero vamos, que la ciudad entera es una preciosidad.