Compensar la comida y el entrenamiento

compensar la comida

El otro día estaba entrenando después de una semana complicada en el curro (muchas horas, una rutina diferente….) y en la que apenas he encontrado tiempo (o fuerzas) para entrenar. El caso, estaba calentando y los primeros pensamientos que me vinieron a la cabeza fueron del tipo: “hoy y mañana entreno por toda la semana”. En definitiva, estaba (inconscientemente) tratando de compensar estos días atípicos y de no entrenar con un par de días “a muerte” y “dándolo todo”. Y entonces, me paré a pensar y detuve esta línea de pensamiento. No hay NADA que compensar. Es un día más de entrenamiento y punto. No hay que compensar absolutamente nada, ni en el entrenamiento ni en la comida. Tenemos muchísimos días en nuestras vidas y una semana, en el total, no es nada. No pasa nada. Al final, el pensamiento compensatorio, normalmente, nos conduce a conductas poco eficaces a largo plazo y nos encamina a cometer alguna que otra tontería o, incluso, barbaridad. Os voy a poner en este caso, por cambiar un poco del tema de la comida, el pensamiento compensatorio con el deporte.

Si uno lleva dos semanas sin entrenar y con poco movimiento, por mucho que los meses anteriores haya entrenado con normalidad, necesita un pequeño período adaptativo. El cuerpo y la cabeza lo necesitan. Durante dos semanas no echas nada a perder, pero es imposible pretender que el cuerpo esté en exactamente el mismo punto que hace dos semanas. Al final, con ese día de “hoy compenso” utilizamos las mismas cargas, mismas repeticiones e incluso le damos mayor intensidad a la rutina; no nos damos cuenta que nuestro cuerpo necesita un tiempo de adaptación. Sin ese tiempo, somos mucho más propensos a sufrir una lesión (aunque sea a largo plazo)  y a frustrarnos y desmotivarnos por no llegar al mismo estado de la semana pasada o por no mejorarlo. Nos cuenta mucho parar y darnos cuenta que hemos tenido una serie de factores que han significado que la semana no haya sido igual a la anterior y que explican que no podamos levantar X carga o nos fatiguemos algo más durante el entreno. Nos resulta complicado aceptar que hay MILLONES de cuestiones que nos influyen, tanto física como mentales, y que tienen su impacto en el entrenamiento.

Por no hablar de la culpabilidad que acompaña todo este proceso. Por una parte, nos sentimos mal porque durante X período no hemos entrenado o comido como “deberíamos”. Por otro lado, nos sentimos culpables porque sentimos que no alcanzamos el mismo nivel que antes en el gimnasio o podíamos haber comido “mejor”. Y encima, si con la comida ha habido excesos nos sentimos culpable durante esas comidas y no las disfrutamos como deberíamos.

Un entreno no vale por cinco, igual que una comida no compensa otra. No funciona así la cosa. Simplemente entrena lo mejor que puedas y punto.  Lo mismo con la comida, claro: no necesitas zumos detox para compensar tu tarta de cumpleaños, ni atiborrarte a proteína porque comiste pizza el fin de semana. Simplemente, vuelve a tu rutina habitual y listo.

Vamos a intentar silenciar poco a poco este tipo de pensamientos que suman tan poco y nos quitan tanto. Tratemos de disfrutar de lo que tenemos y hacer lo mejor que podamos dentro de nuestras circunstancias.

Muchas gracias por leerme y nos vemos pronto. Un besote grande. 

¿Por qué nunca me veo bien?

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No sé muy bien cómo enfocar este post: no sé muy bien cómo recoger en palabras la marabunta de pensamientos que se me pasan por la cabeza con respecto a este tema. El otro día enseñé por Stories una serie de fotos de mi hace unos años cuando alcancé mi peso más bajo. Explicaba que en ese momento no me veía bien, que vivía obsesionada con sacar fotos en las que se marcaran los huesos y comparando continuamente fotos en ropa interior frente al espejo. Bien, en ese momento, tras adelgazar mucho y estar más delgada que nunca en mi vida, no me veía bien. Me seguía viendo grande, no acababa de estar como yo tenía en mente que tenía que estar y ciertamente, veía miles de "fallos": en mis brazos, en mi tripa, en mis caderas, en mis piernas...vamos, enterita. No me veía ni bien de cara: me enervaba horriblemente verme la cara tan chupada. ¿Por qué se está yendo la grasa de mi cara y no del resto del cuerpo? Me enfadaba y me culpabilizaba. Explicadme vosotros qué persona tiene el superpoder de elegir de donde se le va la grasa y de donde no. Contadme porque yo no la conozco. Pero aún así, era mi culpa por "no estar haciendo suficiente" (ejem, ejem, dijo doña 5 horas en el gimnasio y comida de pajarito). 

Y sé, porque gracias a muchos de vosotros lo sé, que no estaba (ni estoy) sola. Que verse bien a uno mismo no depende tanto de lo que pesemos como de lo que tenemos en la cabeza. Muchas veces cuando adelgazamos, especialmente quienes hemos tenido sobrepeso u obsesidad toda la vida, lo hacemos creyendo que cuando adelgacemos, cuando ya no seamos gordos, seremos felices. Que todos los problemas mejorarán y la mayoría de ellos se desvanecerán. Creemos (generalizo) pensando que todo lo malo que nos pasa es culpa de nuestro peso, es porque "estoy gorda". Si el chico que me gusta me rechaza es porque estoy gorda, si a mi nadie me elige en el equipo es porque estoy gorda, si no me han dado el trabajo es porque estoy gorda, si mis amigos se apartan de mi es porque estoy gorda, si mi madre se enfada en casa es porque estoy gorda, y si no es por eso, sin lugar a duda, ser gorda lo agrava. 

Y bien, adelgazamos con ese mantra en la cabeza: "cuando esté delgada seré feliz". Y ay, qué equivocadas estamos y cuántas tortas necesitamos para darnos cuenta. Y es que, muchas veces, cuando adelgazamos nos lanzamos a la piscina y boom, no pensamos en si sabemos nadar o no. No tenemos un propósito claro más allá del "estoy harta de ser gorda, tengo que estar delgada para ser feliz" (lo de que lo hacemos por salud ya si eso en otra vida) y tenemos muy claro, cada una, a quien nos queremos parecer. En mi caso, a cualquier bloggera de moda de constitución delgada y aniñada que os podáis imaginar. ¿Tienen algo de malo sus cuerpos? Para nada. ¿Es un ideal alcanzable para mi? No. Porque hay veces que el, "todo es posible" no es cierto; porque tu constitución es la que es, tu genética te viene dada y hay cosas que por mucho que quieras no vas a poder cambiar. O el precio que vas a tener que pagar para cambiarlas es tan alto que seguramente no te merezca la pena. Ejemplifico para que no se me malinterprete: si yo mido 1,60, por mucho que quiera y me enrrabiete, no voy a medir nunca 1,75. Nunca, y es así. Si mi forma de la pantorrilla es curva a los lados, lo es con más y con menos grasa: es su forma y no puedo cambiarla. Punto. 

El problema, muchas veces, es ese. Utilizamos el proceso de adelgazar como un medio sin trascendencia para alcanzar un fin que no siempre es alcanzable y que, generalmente, se construye a base de comparaciones y admiraciones hacia otras personas que consideramos "guapas"o que tienen "cuerpazo". No nos paramos un minuto a pensar qué hay detrás del físico de esa persona, cómo somos nosotros y cómo es nuestro cuerpo, cómo es nuestro entorno o para qué realmente, más allá del tan abstracto "ser feliz", nos estamos embarcando en ese proceso. 

Así pues, nos ponemos las anteojeras (eso que se le pone a los caballos para que no miren a los lados) y pisamos el acelerador. Nos da igual si por el camino nos cargamos postes, se nos desgastan las ruedas o nos quedamos sin gasolina. Hasta que nos llevamos el bofetón. La torta del siglo. Llegar a lo que uno tenía en mente, pongamos pesar X o entrar en tal talla, y sentirse, en muchos aspectos, igual de mal o peor que antes. Seguimos sin tener esas piernecitas largas, estrechas y cuyos muslos no se rozan, en casa sigue habiendo broncas y el chico/a que nos gusta sigue sin estar interesado en nosotras. Vaya, igual no todo era estar gorda. Y la sensación de sentirte pequeñita sigue ahí, de no saber que ponerte porque todo te queda mal también y el miedo a ponerte bañador, ir a la playa o bajar a la piscina...intacto. 

Y he aquí el problema. Cuando adelgazas para ser feliz, con la comparación como motor principal y con tu valía medida por un número (sea el peso, la talla, las medidas, me da igual) estás condenado, más tarde o más temprano, a vivir frustrado. Porque verás, y especialmente me dirijo a quienes nunca han experimentado el ser delgado, que unos kilos menos no te dan la felicidad, que nunca serás esa persona con la que te comparas o la que admiras y que siempre habrá un número más bajo al que llegar. Y eso, queridos lectores, es muy muy peligroso. 

Adelgazar es un camino, y probablemente un camino más largo de lo que te gustaría. Y, soy consciente que, dependiendo del punto en el que estés, lo que te digo no te guste y tengas que pegarte el tortazo por ti misma. Vamos, que no me vas a hacer ni caso. Pero bueno, sigue leyendo, al menos para que tengas ahí el run run. Decía, adelgazar es un camino muy largo; de hecho, es posible que alcances una meta física pero el trabajo mental necesite mucho más tiempo. Quizás, toda una vida...no lo sé. Pero es importante TENER PACIENCIA y buscar SIEMPRE hacer las cosas bien desde el principio, empezando por huir de las dietas milagro y los planes de entrenamiento en los que en 5 días has perdido tu grasa corporal. Es fundamental, que te aprecies y te valores en función de los logros que hagas como persona: ir a una clase colectiva aunque te daba vergüenza, elegir frutos secos en lugar de gominolas, atreverte a decirle al chico que te gusta lo que sientes, ponerte en bañador...¡LO QUE SEA! Lo que sea que a ti te haya hecho superarte y te haya hecho sentir bien. Algo que estés orgulloso de contarle a alguien, que te haga avanzar y crecer como persona. Y esto puede o no estar relacionado con adelgazar, insisto todo sirve. Adelgazar es una parte más de tu vida, pero no ES TU VIDA. Tu no eras antes una persona diferente cuando estabas gordo. Te guste o no eres la misma persona, con muchos cambios, pero el mismo cerebro, las mismas manos y el mismo todo. Habrá muchas cosas de tu pasado como gordo, repito, especialmente si lo has sido siempre, que no se irán con la grasa y con las que tendrás que lidiar para encontrar esa ansiada felicidad. Adelgaza por y para ti. 

Y después de mucho leer, ahí tenéis mi respuesta a la pregunta: los números y las comparaciones son ladrones de felicidad. Os suelto el rollo que os he contado no porque yo haya asimilado esto al 100%. Para nada, a mi me cuesta esfuerzo diario y días muy malos aplicarme lo que os comento aquí. Pero sí que es verdad, que no siento que merezca menos por no estar como X persona ni voy al gimnasio con el único propósito de quemar y quemar y quemar calorías. Lo que no quita que muchas veces vea una foto en Instagram y diga, jope ojalá tuviese ese cuerpo. En otro post podemos hablar de cómo lidiar con este tipo de pensamientos, que si no se nos va a hacer muy largo el post.

Espero que os haya gustado y que me comentéis lo que penséis o necesitéis. Quereos mucho. Un beso gigante. 

 

Motivación y disciplina para adelgazar. ¿Cuál es la diferencia?

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¡Hello aleolis!

Dicen que para adelgazar hay que estar muy motivado: motivado para "hacer dieta", para entrenar, para resistirse a la tarta de cumpleaños de tu mejor amiga o, en general, para conseguir un objetivo. La idea general es que necesitamos grandes dosis de motivación para lograr algo, en este caso adelgazar. Y sinceramente, desde mi punto de vista, lo que realmente necesitamos para lograr bajar de peso y MANTENERLO en el tiempo es disciplina. Y como todo lo bueno, cuesta un poquito conseguir dominar este arte. Pero bueno, vayamos por partes. 

La motivación esta genial y es FUNDAMENTAL para arrancar. Pensemos en un coche, ¿de acuerdo? Bien, la motivación podría asemejarse al gesto de introducir la llave y girarla para que arranque el coche, pero lógicamente para que éste se mueva (al menos de momento) necesitaremos apretar de manera continuada el pedal y el freno. Simplemente con el giro de la llave no es suficiente. Como decía, necesitamos apretar el freno, el acelerador y tener gasolina en el depósito; digamos que estos elementos podrían compararse con la disciplina. 

LA MOTIVACIÓN

Y, ¿por qué no podemos depender ni sustentar nuestro proceso de pérdida de peso en la motivación? Porque ésta, queridos lectores es dependiente de muchos factores: de nuestro estado de ánimo, nuestro estado emocional y un montón más de factores. La motivación puede durar más o menos tiempo, pero SIEMPRE es temporal. Resulta IMPOSIBLE mantener un mismo nivel de motivación con respecto a un tema durante toda una vida. En el caso de adelgazar, es imposible estar siempre A TOPE y lleno de ganas y POWER interior: habrá veces que te frustres, que no logres los avances que esperabas o que des algún paso hacia atrás. Y todo ello tendrá impacto en la motivación. Cuando dependemos de la motivación para hacer algo, normalmente, únicamente lo llevemos acabo cuando nos sintamos de determinada manera. Y, como digo, habrá MUCHOS días en los que la motivación no esté por las nubes. Este es el motivo por el que las dietas no funcionan. Esperamos a ese lunes en el que estamos super motivados para comprar lechuga en lugar de Nocilla y cambiar las galletas por pan integral; pero resulta, que el miércoles en el trabajo te ha caído una bronca de tres pares de narices, hayáis discutido con vuestra pareja y tengáis vacía la nevera. En este momento, en el que se dan todos los factores para que toméis decisiones que el lunes no querías tomar es cuando la motivación no funciona. Es hora de la CHAN CHAN CHAN...¡DISCIPLINA!

LA DISCIPLINA

La disciplina es nuestra mejor superpoder; no importa como te sientas, qué te apetezca o no, a la disciplina no le importan tus sentimientos, es una gran roca emocional, únicamente quiere QUE LO HAGAS. Aplicar la disciplina para conseguir nuestros objetivos es un método de resolución de problemas que no depende de cómo nos sintamos. Es decir, cuando aplicamos la disciplina, no esperamos a tener ganas para hacer algo, lo hacemos a pesar de no tener ganas. La disciplina, es lo que crea hábito. ¿Es sencillo? ¿Es fácil? No. Como todo lo bueno, cuesta. En general, de manera natural, nos resistimos al cambio, a lo difícil, a lo tedioso, a lo que nos da miedo. No obstante, cuando hacemos aquello que estamos posponiendo por pereza, falta de motivación, desgana y demás, el subidón de adrenalina, de orgullo y confianza personal son incomparables. Y, al final, esta sensación, el saber que estás haciendo para ti lo que más te conviene a pesar de que no sea lo que más te apetece en ese momento, es lo que creará el hábito. Y de ahí, aleolis, ya es muy difícil salir. 

LA RELACIÓN DISCIPLINA - MOTIVACIÓN

¿Quiere esto decir que nos olvidemos de la motivación? ¿Que no la necesitamos para nada? EEEERROR. En absoluto. Hemos dicho que el coche no funciona sin arrancarlo, ¿no? Tenemos que aprovechar los picos de motivación para construir y trabajar la disciplina (como un músculo) o para proporcionarnos un extra de ganas que nos permita entrenar con más intensidad o ponernos un poquito más creativos en la cocina. En ocasiones, esos picos duraran más y en otras menos, pero SIEMPRE tenemos que aprovecharlos mientras duren, no depender de ellos. 

Pero, ¿quiere esto decir que no puedo tener ni un día vago?¿Un día que no me apetece hacer nada? CLARO QUE SÍ. Un año tiene muchos días, muchos días para todo. Dentro de los 365 días con los que contamos, hay días que nuestro cuerpo nos va a pedir no entrenar, nos va a pedir comer algo que se salga de nuestra alimentación habitual. Claro que sí. Y está BIEN. No pasa nada, no hay cabida para los remordimientos. Para eso está el hábito y la disciplina, para reconducirnos de nuevo. Eso sí, que estos días sean puntuales, que no se convierta en una espiral infinita. 

Así que, en conclusión y para ir acabando, que me he enrollado mucho: si quieres hacer algo ponte hoy mismo, ahora mismo...aunque no te apetezca. Da un pasito. Por norma general, la motivación llegará y aumentará en cuanto te pongas en marcha y te decidas a hacerlo. Lo cual me recuerda mucho a esta famosa frase de Picasso: "La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando". Pues algo parecido pasa con la motivación...que al fin y al cabo, no deja de tener un gran componente de inspiración ;). 

¡Un besote muy fuerte! Nos leemos pronto :)

 

Lo haré cuando adelgace

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"Lo haré cuando pierda peso". "Me apuntaré cuando esté delgada". "Me lo pondré cuando me quite esta tripa". Estas son algunas de las frases que me repetía (y que todavía, de vez en cuando, resuenan) una y otra vez. En mi cabeza, todo lo bueno me llegaría y me pasaría cuando estuviera delgada: ir a la piscina de mis amigos, irme de vacaciones a la playa, ponerme una falda o vestido o apuntarme a clases de baile. Estas eran sólo algunas de las cosas que posponía hasta que, milagrosamente, algún día consiguiese perder peso. Vaya, puse mi vida en pause hasta que estuviese delgada. Durante mucho tiempo asocié la felicidad a estar delgada, creía que cuando estuviese delgada alcanzaría un estado de felicidad tal que sería capaz de hacer todo aquello que estaba dejando de hacer, decir todo lo que me estaba conteniendo y, en definitiva, vivir. Me privé de todo esto por el hecho de estar gorda, como una especie de castigo por mi condición.

Lo duro llegó cuando adelgacé y todavía no era capaz de darle al "play". Seguía sin tener la confianza para hacer todo aquella que había imaginado durante años y me mantenía centrada y agobiada en seguir perdiendo peso, puesto que, para mi, todavía estaba muy lejos de "estar bien". De esta manera, seguí en el mismo pensamiento del: "cuando llegue a pesar tanto, haré X". Hasta que un día, me di cuenta, y por fin advertí que, el estar delgado no da la felicidad divina  ni el pase directo para alcanzar tus aspiraciones, deseos y metas. Que la vida no pasa de negro a blanco por estar delgada. Simplemente no es así. Muchos de nosotros empezamos a adelgazar con esa mentalidad: que todos nuestros problemas se esfumarán una vez estemos delgados y es importante ser consciente de que, aunque muchas cosas puedan mejorar, el mundo sigue igual y el nuestro particular también. Hay muchas otras variables y circunstancias en la vida que nos rodean y nos influyen. 

Por eso es importante trabajar la cabeza en un proceso de pérdida de peso y, sobre todo, estemos en el peso en el que estemos, no poner nuestra vida en pausa. En mi caso, creo que ese fue el motivo principal que me impulsó a adelgazar: ver que pasaban los días/años (a una velocidad vertiginosa) y yo dejaba pasar de largo todo aquello que me apetecía hacer: viajes con mis amigas, días de piscina o prendas de ropa que me hubiera encantado ponerme. Aún así, me equivoqué pensando que todo esto dejaría de ser una preocupación una vez adelgazase, porque no lo fue. Incluso a día de hoy sigo trabajando para superar miedos e inseguridades que un día pensé que no tendría en mi estado actual. 

Así que, desde mi experiencia te digo, estés donde estés: VIVE. Haz lo que te apetezca hacer peses lo que peses y tengas lo que tengas; el tiempo pasa mucho más rápido de lo que nos gustaría y no hay sentimiento más amargo que el "me quedé con las ganas de". No vales menos ni tienes menos derecho a disfrutar de lo que sea por estar gordo/a. Te recuerdo que no somos únicamente nuestro cuerpo, que hay persona más allá. 

Y dicho esto, ¡a vivir!

 

¿Por qué he limitado mi consumo de embutidos?

¡Aloha matriculeros! 

El otro día os comentaba por Stories que he decidido reducir a un día por semana (o menos) el consumo de embutidos. No obstante, no quería sonar alarmista y por eso os prometí un post bien detallado del por qué de la decisión. 

Hace no mucho escribí un post sobre los embutidos y cómo escoger los mejores cuando vamos a hacer la compra. Podéis leerlo por aquí. Bien, lo que quiero decir es que sí, comía embutido pero siempre de bastante calidad: pavo natura, pollo natural, jamón cocido, etc. Nada de fiambres megablancos ni reducidos en grasa, ni con aceitunas ni nada de nada. Entonces, ¿por qué vas a dejar de consumirlos tanto?, os preguntaréis. 

Bien, la razón no es tanto una decisión tomada en función del alimento y sus propiedades (que también), sino más bien relacionada con mi relación con la comida. Hace no demasiado me di cuenta de la relación de dependencia que tenía con los embutidos. Un día me di cuenta de que los consumía a diario, de que me causaba malestar no contar con ellos en mi despensa y encontrarme un desayuno o merienda sin ellos. Y ahí es donde me di cuenta que no podía ser. Si hubieran sido espinacas, brocolí o lechuga, no me preocuparía, jajaja. Pero siendo los embutidos alimentos procesados con alto contenido en sal decidí que tenía que cortar esa relación de dependencia con los embutidos, aunque fuesen de calidad. Es decir, igual suena muy dramático lo que os estoy planteando pero tenía algo así como una ligera adicción a los embutidos: una sensación de perder el control sobre lo que yo quería en realidad y un piloto automático encendido con respecto a estos alimentos. Os pongo un ejemplo muy claro, la noche anterior planificaba desayunar tortitas de avena a la mañana siguiente, pero al bajar a la cocina y abrir la nevera no podía resistirme a comer el jamón o pavo con pan. Así pues, mi yo racional del día anterior, la que trata de tomar decisiones inteligentes estaba anulada completamente. Así pues, decidí restringir mi consumo de este tipo de alimentos. 

Dicho lo cual, no voy a dejar de consumirlos ni quiero lanzar ningún tipo de alarma con respecto a los embutidos, porque, podéis consumirlos sin sentiros mal y no os van a frenar en vuestro proceso de pérdida de peso (siempre y cuando escojáis los mejores y los consumáis en la cantidad que os corresponde).

En conclusión, en mi caso, esta decisión me permite:

  • ser más consciente de mi relación con la comida y recuperar el control de mis decisiones
  • ser más creativa y variada a la hora de cocinar, especialmente en el desayuno
  • evitar picoteos innecesarios a lo largo del día
  • reducir el consumo de otro tipo de alimentos que suelen acompañar a los embutidos, como por ejemplo, el pan. 
  • continuar reduciendo al máximo mi consumo de alimentos procesados
  • reducir la cantidad de sodio diaria que ingiero

Ahora mismo, compro la cantidad de embutido justa para desayunar algún día del finde, y, por supuesto, si salgo a comer y el sándwich/plato que quiero o que vamos a compartir tiene embutido, lo tomaré igualmente. Así que ya como veis, pasito a pasito y todo muy progresivo. 

Y ya me callo. Espero que os haya gustado el post y porfi, comentándme por aquí o por Instagram si os habéis sentido así con algún tipo de alimento. Me encantará saber vuestras historias. 

Un beso fuerte

¿Engorda el plátano?

 Photo by  Mike Dorner  on  Unsplash

Photo by Mike Dorner on Unsplash

Cuando empezamos algún tipo de dieta o estamos pensando en adelgazar, una de las frutas que se nos aparece en pesadillas por las noches y quitamos de cuajo, como si de veneno se tratase, es el plátano. Supongo que es por su sabor dulzón, el plátano tiene fama de ser una fruta ultrahipermega calórica que nos impedir ganar nuestra agónica batalla contra la báscula. Sufirmos, miramos el plátano en el frutero con ojitos de deseo, pero no probamos bocado porque el plátano engorda. 

¿Y si te digo que no, que el plátano no engorda? Que el único que engorda eres tú. que el plátano no sube ni medio gramo. Pero bueno, bromas aparte, el plátano no te va a hacer engordar ni va a ser el freno de tu proceso de pérdida de peso. 

Te lo digo desde ya. NO LE TENGAS MIEDO AL PLÁTANO. Se puede adelgazar comiendo plátano, no hay necesidad de sufrir y prohibirnos disfrutar algo tan rico como el plátano. El plátano es un alimento muy muy nutritivo. Tiene un compendio de elementos (antioxidantes, potasio, azúcares, fibra) completísimo y muy beneficioso para nuestra salud. El plátano tiene mucha fibra, y dirás, ya me viene ésta con la pesadez de la fibra y lo importante que es. Pero amigo, la fibra es tu aliada. 

La fibra no solo es buena porque nos ha dicho una caja que lo es. La fibra, en la mayoría de casos, nos va a aportar una sensación de saciedad muy beneficiosa a la hora de perder peso. Cuanto más saciados nos sintamos menos comeremos con ansiedad, entre horas o en modo "pozo sin fondo" cuando llegamos a la comida o a la cena. Además, me voy a poner un poquito más técnica, la fibra ayuda a controlar la insulina y reducir los niveles de grelina, que es la hormona que nos abre los apetitos. Y bueno, que quede claro que la fibra tiene otros muchos beneficios, pero me quiero centrar ahora mismo en la cuestión de perder peso. 

Como siempre, la clave está en la cantidad. Piensa que una ración de plátano se traduce en medio plátano grande o uno pequeño. Si entre comidas incluyes una ración de fruta, no tienes que tener miedo de que sea un plátano. Si te apetece adelante, no hay problema. Eso sí, el único contra que yo le encuentro para incluirlo entre comidas es que me lo acabo muy rápido y me quedo con la típica sensación de "¿y ya?", por lo que prefiero frutas que tarde más en comer como la manzana o las fresas.

¿Cuándo tomo yo el plátano? Casi todos los días como un plátano: ya sea entre horas, antes de entrar (es un EXCELENTE pre-entreno y un excelente post-entreno acompañado de una proteína) o para desayunar con una taza de avena en forma de tortitas. 

Y hasta aquí por hoy con el plátano. Espero que os haya quedado claro lo importante, que PODÉIS comer plátano sin problema aunque queráis perder peso. Cualquier duda, ya sabéis, me podéis escribir al email o dejar un comentario por aquí🙋. Un besote enorme!

#sayonaragrasa: etapas

etapas motivacion adelgazar

Aloha matriculeros! 

Al fin retomo esta sección. Bueno, al fin retomo (o intento) retomar el ritmo normal del blog...que ya sabéis, con estos tres meses tan intensos de curso ha sido realmente difícil compaginar todo. Pero bueno, lo que quería decir es que esta sección es muy especial para mi por varios motivos: por un lado, os hablo desde el punto más humano, íntimo y sincero del proceso de perder peso. Por otro lado, trato de poner en palabras lo que se nos pasa por la cabeza en todo este camino y que, muchas veces nos hace sentir solos, incomprendidos y, muchas veces, nos desvía al camino menos acertado (es decir, nos aleja de nuestra meta). 

Una de las cosas que más me cuesta escribir en los #sayonaragrasa son los títulos, porque de verdad, lo que os quiero contar es tan amplio, abstracto y personal que es difícil resumirlo en unas cuantas palabras. Pero bueno, creo que "etapas" resume bastante bien lo que os vengo a contar hoy. 

El post de hoy va para todos aquell@s que llevamos bastante tiempo en este vaivén del peso, toda la vida incluso. El caso es que cuando decidí perder peso de manera seria, esto se convirtió en mi prioridad casi absoluta en mi vida. En la universidad bajé significativamente el rendimiento (también os digo que no me gustaba la carrera, entonces clá...), salir de fiestorra, cenas y demás lo reduje a lo mínimo y básicamente me centré en controlar/mejorar mi alimentación, entrenar como si fuese a competir en las Olimpiadas y poco a poco introduciéndome más en temas de nutrición y entrenamiento. Y realmente, eso ha sido mi vida durante unos años. Quiero decir, no me imaginéis 24h en el gimnasio y con un libro de macronutrientes en la mano durante 3 años, pero sí que priorizando un entreno frente a unas cañas con amigos después de acabar el curso. Que no estoy diciendo que esté bien ni mal, simplemente fue. 

Como os digo, mi carrera no me motivaba demasiado y nunca he sido una persona de grandes grupos de amigos. Me ENCANTA la gente, pero siempre me han dado miedo los grupos grandes, salir de fiesta y demás eventos que requieren que te relaciones con gente de golpe y, generalmente, con alcohol de por medio. En cuanto a la carrera, el hecho de estar tan descontenta con mi elección y estar más perdida que una peonza en lo que a mi futuro laboral se refería me llevó a un estado de negación y retrasar al máximo el momento de tomar decisiones. No sabía qué quería hacer: si estudiar otra cosa, empezar a trabajar, montar algo por mi cuenta. En fin, un poco lo que le pasa a mucha gente en los últimos cursos de universidad. Así que yo decidí refugiarme en la comida, el deporte y la cuestión del peso para retrasar todo lo posible el buscar una solución a estos "problemas". Así que nada, yo me mantuve muy centrada en todo lo relacionado a mi cuerpo, diese o no diese resultados más o menos visibles (que también, ese es otro tema). 

¿Y qué ha pasado ahora? Pues bien, en los últimos meses/años me han surgido un montón (bueno, unos cuantos) de proyectos chulos, el curso que os comento me ha ayudado a hacerme una idea de lo que me gusta, donde creo que podría encajar y me ha despertado una "ambición laboral" que no sabía si algún día encontraría. Esto se traduce en ganas de ir a eventos, charlas, estudiar y apuntarme a saraos diferentes al gimnasio y la nutrición. Además, la Ale social ha despertado e intento ir a cualquier jarana que se presente. Tampoco es que tenga el calendario reservado hasta fin de año, pero quiero decir, que en este momento, priorizo un terraceo con mis compañeros de clase después de unas presentaciones a una clase de Combat. Y ojo, que no digo que lo anterior estuviese ni bien ni mal. Simplemente, ahora mismo, en este momento de mi vida, esa interacción social me aporta más y me hace más feliz que ir al gimnasio. Y no está mal. Para mi, significa superar una especie de fobia social tonta que llevaba arrastrando durante no sé cuanto tiempo. Y sienta bien, muy muy bien. 

¿Qué quiero decir con esto? Que en este momento, con el posgrado, la emoción que cargo ahora en lo referente a mi futuro profesional y el subidón social que estoy viviendo, la cuestión de adelgazar, de entrenar todos los días de la semana y llevar una alimentación de diez está en un segundo plano. Y digo segundo plano y no olvidada, porque me sigue importando mi cuestión del peso: como bien (pero mis cañas y extra de comer fuera caen), sigo yendo al gimnasio (aunque sea dos veces a la semana) y quiero estar en un porcentaje de grasa saludable. No puedo olvidarla porque sigue siendo parte de quien soy y me gusta hacerlo, es más, lo hago con gusto. No obstante, mi proceso de adelgazamiento no está a full, y por ello, tampoco veo resultados escandalosos y sorprendentes. Y no pasa nada. No es más que una etapa. Igual que lo fue vivir por y para mi cuerpo durante la etapa anterior. 

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Lo que quiero daros a entender con esto es que os deis una oportunidad y viváis cada etapa. En mi caso, al principio de esta etapa pasé por una fase en la que me sentía enormemente culpable por no ir tanto al gym, por no poder darme más caña en los entrenos, por no estar cumpliendo el plan al 100% y, en definitiva, no estar tan centrada en mi proceso. Lo que no me daba cuenta es de todo lo que estaba (y estoy) ganando en otras esferas de mi vida y de lo mucho que estoy aprendiendo y creciendo como persona. 

Bueno, vuelvo a lo que quería decir. Adelgazar, o haber tenido sobrepeso toda la vida y estar en proceso de perderlo, puede ser un proceso muy largo. Y cuando digo muy largo, no me refiero ni a uno, ni a dos ni tres años. Puede ser mucho mucho mucho mucho más largo. Y entre medias, nos pasan cosas....bueno, pasa la vida. Y también es importante que seamos conscientes de lo importante de vivirla y apreciar las cosas buenas de cada una de estas etapas. No se trata de excusas ni justificaciones, simplemente, lo que comentaba en un vídeo: life happens. Considero que es crucial que sepamos identificar qué nos aporta cada etapa, cómo nos afecta, qué nos aporta y no martirizarnos por cambiar las prioridades o reajustar rutinas y maneras de hacer las cosas y ver la vida. Ay matriculeros, ¡menuda montaña rusa! Eso que dicen que la vida se compone de momentos, yo me lo tomo casi como lema de vida. Tenemos la responsabilidad y la capacidad absoluta de decidir qué momentos escogemos para construir nuestras experiencias y, aunque suene un poco a lo grande, nuestra vida. Haz todo aquello que creas que te suma, que te aporta experiencias y te hace crecer. Y si alguna vez hay algún conflicto entre ellas, es decir, estás dejando de hacer una por la otra (de manera sistemática), trata de encontrar ese punto de equilibro, ese ansiado punto medio que te va a permitir irte a dormir con una gran sonrisa cada noche. 

Bueno, espero que se me haya entendido y espero que me contéis como siempre vuestras propias experiencias, pensamientos y opiniones. 

¡Un besote fuerte!

Guía para hacer una compra saludable en el super

 Photo credit: Zivile&Arunas en Unsplash

Photo credit: Zivile&Arunas en Unsplash

¡Aloha matriculeros! ¿Listos para abril? Yo la verdad que no, que esta semana viene fuerte y con muchísimos eventos chulos que ya os iré compartiendo por aquí o por redes sociales, o por donde sea, ya veremos. 

Pero bueno, vamos al grano. Hoy os traigo un post resuelve dudas que me habéis pedido vosotros: cómo comprar saludable en el supermercado. Y la verdad, no sé si os voy a descubrir América u os voy a contar alguna cosa que no supieseis...pero oye, yo comparto mi experiencia y si os sirve, bienvenida sea. 

Seguro que más de una vez te has visto en el súper rodeado y abrumado por la marabunta de opciones que tienes. ¿Cómo sé cuál es la correcta? ¿Cual escojo si quiero empezar a llevar un estilo de vida saludable? Lo entiendo, puede ser súper abrumador, especialmente al principio. Pero tranquilo/a, que es mucho más fácil de lo que parece, believe me

Al final, si lo simplificamos mucho, todo se resume en un concepto: compra en la periferia del supermercado. Y aunque suena muy pomposo, no es más que evitar los pasillos centrales/interiores. Por norma general, los pasillos que están en las "afueras" suelen vender productos frescos: frutería, pescadería, carnicería, charcutería y panadería. De este modo, te ahorras el paseo por los pasillos de productos envasados y procesados, que, en gran medida, son los que debemos evitar al máximo: galletas, cereales azucarados, salsas, patatas de bolsa, etc. ¿Quiere decir esto que arderemos en el infierno si entramos a uno de estos pasillos? ¡NO! Podemos encontrar la avena, la pasta, el arroz y demás productos estupendos en estas zonas, pero son unos productos específicos. En líneas generales, si te paseas por la zona externa del súper te andarás con menos quebraderos de cabeza sobre qué es sano y qué no. 

Y no tiene mucho más. Te dejo por aquí unos tips que he ido aprendiendo y que a mi me funcionan a la hora de tomar mejores decisiones en el súper:

  • Planificación. 

De un modo u otro, planifica. Ya sea con un planificador de comidas, una lista, una aplicación...lo que quieras. Pero ve con una idea de lo que tienes y quieres comprar. Parece una tontería, lo sé, pero es de muchísima ayuda a la hora de no comprar de manera impulsiva. 

  • Jamás compres con hambre o antes de alguna comida

Si estás que te comes hasta las esquinas, olvídate de hacer la compra. No es el momento. Intenta picar alguna fruta o algo que te haga sentir medianamente lleno (o si puede ser lleno, mejor) y después hacer la compra. Si la haces con la vaguería post comida, mejor. 

  • Lee las etiquetas

Cuando tengas ese paquete de galletas con chocolate, ahí, en la mano, de camino a la cesta...¡PARA! Toca razonar las cosas. ¿Por qué lo voy a comprar? ¿Qué me va a aportar? ¿Qué ingredientes tiene esto? Toda esta información y mucha más te la da la etiqueta nutricional. ¡Úsala! Y si no sabes cómo, aquí tienes un post que te lo resuelve todo todo. 

  • Evita hacer muchas mini-compras

Sé que es difícil y probablemente a mi es el punto que más me cuesta por tema de horarios y organización en casa. Pero, en la mayoría de los casos, parece que hacer una o dos grandes compras semanales ayuda a tomar mejores decisiones. En cambio, si bajamos cada día al súper (ojo, no digo al mercado) somos más proclives a caer en la tentación. No sé... Supongo que eso ya depende más de cada uno. 

Y hasta aquí puedo leer en el post de hoy, que me voy pitando a entrenar. ¡Contadme vuestros trucos para ir al supermercado y hacer una compra saludable en los comentarios!

Un abrazo súper fuerte!

"Quiero hacer dieta sin ir al nutricionista" + Qué buscar en un nutricionista

Aloha matriculeros. El post de hoy es una respuesta a una de vuestras preguntas, dudas o peticiones, cómo queráis llamarlo. El otro día una chica me planteó la siguiente cuestión: "¿qué dieta tengo que hacer para perder peso? He ido a varios nutricionistas y no soy capaz de comer lo que me dicen que coma cada día exactamente, ni me apetece siempre comer lo que pone en la dieta para ese día, y además...me gusta demasiado comer".

No sé cuantas habrán sido las personas que me han contado sus malas experiencias en el/la nutricionista. En cuanto sugiero acudir al nutricionista para perder peso, automáticamente me saltan con que ya han ido en algún momento de su vida y que les han dado una dieta-tipo, unas pautas demasiado estrictas o unas restricciones con las que no se sentían a gusto. Por ello, dejan de plantearse acudir a él como primera opción para solventar su problema y prefieren recurrir a dietas milagrosas que encuentran por internet o inventarse sus propias "normas" nutricionales porque consideran que no deben comer tal alimento o, en el mejor de los casos, sí pero no a partir de cierta hora. Y por este motivo, porque considero firmemente que cualquier persona que tenga problemas con su alimentación o su peso debería invertir en un nutricionista (con menor o mayor frecuencia), os voy a dar las claves para identificar un buen nutricionista (más allá de sus conocimientos) pero también os voy a explicar el cambio de mentalidad que tenéis que tener vosotros a la hora de embarcaros en un proceso de pérdida de peso

1. No pienses en términos de "dieta"

No busques una dieta, y mucho menos una dieta milagrosa. Lo que necesitas es un Plan de Alimentación. Un plan que te acompañe y se adapte a ti y a todos los cambios que vayas viviendo a lo largo de tu vida. Porque es así, nos guste o no vamos a vivir momentos y momentos, y habrá veces que nos moveremos más, otras que tendremos menos motivación y momentos en los que nuestra vida esté patas arriba. Por este motivo, es importante un plan que se vaya adaptando a ti: a tu motivación, a tus gustos, a tus horarios, a tu actividad física...a muchas muchas cosas. Estoy segura de que ya te has demostrado unas cuantas veces que cada dieta que has hecho no te ha servido más que para ir construyendo montañitas de frustración.

2. Enciende las alertas ante dietas-tipo y ventas misteriosas

Si acudes al nutricionista y te saca una dieta de un cajón, no te pregunta por ti y tu vida o simplemente te hace algún comentario del tipo "esto es lo que tienes que comer sí o sí o no lo vas a lograr", entonces, vale, huye. Si le dan más importancia a las pastillas, sobres, barritas, "llámalo X" que tiene en su estantería que a tus gustos, NEXT. También, si te promete cambios milagrosos, pérdida express o resultados definitivos, oídos sordos. 

3. Busca un profesional, pero también una persona

Ten en cuenta todo lo anterior, infórmate sobre el/la nutricionista que te va a tratar, busca profesionalidad tanto en la manera de tomar medidas (perímetros, peso, %graso, etc), como en pautar el plan como en el seguimiento. PERO, gran PERO, busca un/una nutricionista con el que te sientas cómodo/a, con quién sientas que puedes hablar y desahogarte en los momentos difíciles, porque ya te auguro que los habrá, y que te anime a conseguir tus objetivos. En mi opinión, empatía, necesitamos nutricionistas empáticos

4. Pon de tu parte y ten paciencia

El/la nutri puede hacer mucho por ti, eso está claro. Pero hay una serie de responsabilidades que son únicamente tuyas.

  • Valora su trabajo, no sólo colocan alimentos y pesos en un papel.
  • Sé que es un fastidio, al principio, reajustar las cantidades de lo que comemos. Es díficil y cabreante, lo sé. Puede que no tengas peso para pesar los alimentos, tazas medidoras u otros utensilios que facilitan la labor y demás, PERO, entenderás que ellos tienen que decirte una cantidad que tienes que comer y no pueden ir a tu casa a servirte la porción que te toca. Con lo cual, pídeles alternativas (por ejemplo, usar la mano) o ve al chino y compra unas tazas medidoras, lo que quieras, pero haz un esfuerzo por encontrar una manera de cumplir con las cantidades. Prometo que al mes ya no necesitaréis estar haciéndolo.
  • Si no bajas de peso, no te obceques con la idea de que "yo no estoy hecho para dietas" o de que "me gusta demasiado comer". No, ten un poco de paciencia y un poco de fe. Y a mi también ME ENCANTA comer amigos, me encanta. Pero precisamente lo bueno de un plan de alimentación es que te permite disfrutar de la comida que te gusta, bien organizada y en su justa medida. 

5. Desterra la idea de INMEDIATEZ. 

Yo también querría de un chasquido quitarme la barriguilla, los brazos colgantes y la molla del muslamen. Pero no, eso no funciona así. Cada vez nos estamos acostumbrando más a lo quiero, y lo quiero ya. Y eso, generalmente, no acaba bien. Igual que os digo que dejéis de pensar en términos de dieta, dejad de pensar en AHORAS. En esto de perder peso y arreglar nuestra relación con la comida y nuestro cuerpo, lo que necesitamos es una mentalidad a largo plazo y un plan SOSTENIBLE en el tiempo. ¿Eso qué es? Un plan que nos permita adquirir unos hábitos alimenticios que podamos mantener a largo plazo para estar saludables y contentos con nosotros mismos. Una dieta milagrosa te hará perder peso muy rápido, pero en cuanto lo ganes de vuelta, te sentirás mal por tu imagen, por tu frustración de no lograr mantenerte, de lo bien que te habías quedado, de lo fea que estás ahora, y bla bla bla. Por no contar lo verdaderamente importante: que no has aprendido a comer, que no enseñarás a comer bien a los que te rodean y que estarás dañando tu metabolismo. 

Y hasta aquí la parrafada de hoy. Espero que os sea útil, y como siempre, me comentéis vuestra experiencia e ideas. 

Un besote gigante matriculeros!

Embutidos embusteros: ¿cuál comprar?

pavo envasado no sano

"Eh! Que ya me he empezado a cuidar, ahora como pavo todos los días" Esta es una de las frases que me repite la gente de mi entorno cuando llega enero, mayo o septiembre y quieren "cuidarse" un poquito. También en un intento de llevar una alimentación más "sana" se oye mucho. Y es genial, no me confundáis. El mero hecho de querer pulir la alimentación es un paso enorme en sí mismo, así que por esa parte ninguna queja. El problema es que hay una confusión con respecto a lo que es y lo que no es el pavo (de embutido) que ni el peor de los sudokus. Y en general con los embutidos. Cuando voy a la charcutería se me llevan los demonios cuando oigo a un cliente, con la firma convicción de que está tomando una buena elección, pedir 100 gramos de pavo sin grasa, sin lactosa y sin sal. Y, estaréis pensando ¿por qué? Pues bien, esa persona que quiere cuidarse y que piensa que está comprando un alimento de lo más saludable en realidad está comprando un producto que contiene un porcentaje muy bajo de pavo y una extensa lista de ingredientes de dudosa calidad nutricional.

No nos vamos a engañar, los embutidos son un recurso, para muchos, delicioso y práctico. Son rápidos de comer, muy versátiles a la hora de elaborar preparaciones y también son portátiles. Pero, en el "lado oscuro", se trata de productos procesados, con un alto contenido en sodio y que, en su mayoría, incluyen ingredientes como la dextrosa (azúcar) o la fécula de patata. 

Y es que, los embutidos son los reyes del "sin": los compramos por lo que NO tienen y no nos preocupamos por lo que SÍ tienen. El etiquetado de estos productos es extremadamente confuso y están diseñados para que nuestra atención se centre en que no tiene grasa frente a otras cuestiones como el ridículo porcentaje de carne que contienen. Pensadlo, ¿por qué el pavo, que de manera natural no contiene gluten, necesita una etiqueta que indique que no tiene? o ¿por qué el pavo, que ya de por si es bajo en grasa, necesita una pegatina de "reducido en grasa"? ¿De verdad te compensa una mínima reducción en el porcentaje de grasa en un producto que de por sí es bajo en grasa por un puñado de sal y azúcar (entre otros)? Quizás es mejor que contenga un poquitín más de grasa pero que sea un 90% pechuga de pavo. Cuánto daño ha hecho la maldita obsesión anti-grasa. No hay que irse muy lejos para confirmar esto, pregunta a cualquier charcutero por pavo natural -sólo pavo- y no te ofrecerá ninguna de las marcas más comerciales y más "televisivas". Y es que ¡manda narices! Me fastidia mucho ver cómo gente que intenta tomar buenas decisiones no lo hace por una cuestión de publicidad.

Pero bueno, vamos a ponerle solución a esto en un periquete y vas a saber qué y cómo pedir en la charcutería. (Recuerda que se trata de producto procesado, por lo que vamos a evitar que se convierta en la base de nuestra alimentación. Mucho mejor que ases/cuezas una pechuga de pavo de la carnicería y la desmenuces...nos entendemos, ¿no?:

  1. Menos es más. En general, la mejor opción será el pavo que menos etiquetas, colorines y demás tenga. No tiene ni un color blanquecino, ni rosa rosa ni nada por el estilo. 
  2. El pavo. La marca que yo compro es Frial, y aunque tiene sal añadida es lo más natural que he encontrado hasta la fecha. 
  3. Jamón York. Tiene algo más de grasa que el pavo, pero de nuevo, pregúntale a tu charcutero por el más natural. Uno que simplemente esté cocido y YA. 
  4. Jamón serrano. Ya sabéis que yo sin él no puedo vivir, me encanta, la adoro y siempre será así. Pero como es un alimento que consumo casi a diario, procuro pedir de la parte alta que absorbe menos sal y siempre le quito la parte de la grasa. 
  5. No te obsesiones con el "sin". Que no tenga uno u otro elemento no quiere decir nada, es más, seguramente se ha quitado algo para incluir más de otro. Por ejemplo, grasa por azúcar. 
  6. Invierte en salud. El pavo y el jamón natural son algo más caro que el resto de opciones, pero créeme, si comes de forma regular embutidos, estás invirtiendo en salud. 

Pero Ale,

¿Cuánto puedo comer? Depende. Una ración equivaldría a una loncha grande o dos pequeñas. En mi caso, por ejemplo, que tengo tres raciones en el desayuno, tomo tres-cuatro lonchas de jamón serrano. 

¿Es verdad que pueden dar cáncer? Como ya hemos visto, los embutidos son productos procesados que contienen grasas (en su mayoría de las menos deseadas), una alta cantidad de sodio y sí, tienen cierta relación con el cáncer. Y esto, ¿por qué? Para responder a esta pregunta (bueno, y consultar todo el post) hemos consultado a mi nutricionista Krizia. Krizia nos explica que, en estos procesos se añaden nitritos, nitratos y otras sustancias químicas que pueden estar asociadas al desarrollo de cáncer, principalmente al cáncer colonrectal o cualquier parte del estómago. Ahora, tampoco es cuestión de alarmarse:  siempre y cuando consumamos los de mejor calidad y evitemos tomarlos a diario no pasa nada. No obstante, debemos tener siempre en cuenta que dentro de los embutido enlatados, curados, ahumados y demás, el número de opciones no saludables es bastante mayor al saludable. 

¿En qué casos es mejor evitar su consumo? Bien, Krizia lo desaconseja a personas con hipertensión, problemas cardíacos, retención de líquidos y  enfermedades renales.

Y hasta aquí el post de hoy. Y vosotros, ¿soléis tomar embutido a diario? ¿cuál es vuestro preferido? Espero que os haya sido útil y cualquier duda, ya sabéis, podéis dejarlo en los comentarios o -mandarnos un email. ¿Soléis tomar embutido a diario? ¿Cuál es vuestro preferido?

pavo natural o envasado adelgazar
pavo jamon envasado dextrosa

** Este post lo he escrito junto a mi nutricionista Krizia Radesca, quien se ha encargado de supervisar toda la información que os traigo. 

Batidos de proteína: ¿sí o no?

foodspring proteina opiniones

Una de las dudas más recurrentes que recibo gira en torno al tema de la proteína en polvo. Si yo tomo, si no, si es buena, si es mala, si adelgaza, si engorda o si merece la pena gastarse el dinero en ella. También he escuchado en más ocasiones de las que me gustaría que un entrenador ha puesto como condición imprescindible tomar tal proteína junto a tal producto de suplementación (normalmente acompañado de una tienda o marca específica…qué casualidad) para lograr un objetivo, generalmente, perder peso. 

.Así que bueno, voy a tratar de contestar a las dudas más frecuente y si se queda algo me lo dejáis en los comentarios. 

proteina en polvo buena o  mala

La proteína en polvo no es milagrosa, no es indispensable y no hace falta consumirla si no queremos. Podemos optar su consumo por múltiples motivos, entre ellos, la practicidad/comodidad o la necesidad de cubrir una cantidad de proteínas “x” que a través de las comidas principales del día no alcanzamos a satisfacer. Las proteínas no se crean mediante fusiones galácticas y se extraen de alimentos reales, así que, no, la proteína no es el demonio. Por ejemplo, la famosa “whey proteína” se extrae del suero de la leche. Nutricionalmente son igual que si las adquirieras de otra fuente. Así que por ahí tranquilidad. 

Voy a hablar un poco para el común de los mortales que ni entrena 5 horas al día, ni va a competir ni na de na. El batido puede ser una opción buena cuando, por ejemplo, vamos a entrenar y no queremos andar con comida por ahí que igual requiera utensilios o algo más de tiempo. Si vamos con el corre corre del día a día, el batido puede ser extremadamente cómodo y práctico para muchas personas. ¿Que no tienes prisa y luego vas a ir a casa? Trata de tomar esa proteína de un alimento. Pero oye, que te provoca o te pica la curiosidad, no pasa nada, es una opción preferible a lo que se suele ver de merienda por ahí. De hecho, un batido de proteínas tiene un efecto saciante, puesto que te hace sentir lleno por más tiempo y a nivel mental, como suelen ser más bien dulces, calman un poco ese apetito dulzón que a veces nos invade. Pero, insisto…NO son necesarios. 

También tenemos que tener en cuenta que la proteína en polvo TIENE calorías, y que un exceso de calorías, vengan de donde vengan, nos va a hacer ganar peso. Así que, eso también tenemos que tenerlo en cuenta si queremos incluirlo en nuestro plan de alimentación. Tenemos la tendencia a pensar que lo líquido no tiene calorías y, desgraciadamente, la cosa no funciona así. Una noche de fiesta puede dispararnos las calorías del día una barbaridad. 

¿Qué hago yo? Cuando consumo proteínas, como en el ejemplo de arriba lo hago por una cuestión de practicidad. En el desayuno, cuando me hago gachas incluyo la proteína ya que en mi plan tengo que consumir proteína en los desayunos y no me entusiasma acompañar la avena de pavo, huevo, pollo, etc. También, de vez en cuando, varío mis meriendas, que suelen ser fruta, por un batido, pero vamos, que podría prescindir de ello sin problema.

whey protein beneficios

Y hasta aquí el resuelve-dudas de hoy. Este post lo he escrito junto a mi nutricionista Krizia Radesca, quien se ha encargado de supervisar toda la información que os traigo. 

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También querría agradecer a Foodspring por darme la oportunidad de probar su línea de productos, entre ellos su proteína de fresa y frambuesa. Lo primero, aclarar que no soy especialmente fan de las fresas en repostería, dulces y demás, con lo cual es difícil que sea un sabor que me vuelva loca. No obstante, ambos sabores están ricos, me saben a chuche y sobre todo, me gusta muchísimo la textura. Con un chorrito de leche de almendra sin azúcar tenemos una merienda súper saciante y deliciosa. Si queréis probar cualquiera de sus productos con un 15% de descuento podéis introducir el código lamatricularojaFSG al finalizar la compra y lo tendréis resuelto. Poco a poco os iré contando más opiniones sobre los productos que me enviaron para que tengáis una idea más precisa de lo que ofrecen.

 

#sayonaragrasa - El croissant del café

reducirporcentajegrasa

No es lunes si no hay café💥 Y me viene perfecta esta foto para escribiros un #sayonaragrasa .
Yo he pedido un café y, muuuuy amablemente, me llevo un café y un croissant chiquitín. Tengo dos opciones: comérmelo o no. Y hoy, no lo voy a hacer. Pero sería también perfectamente legítimo si decidiese hacerlo, claro está. No obstante, acabo de dejar atrás una semana llena de pecados culposos deliciosos y sabrosos que han hecho de esta, una semana maravillosa. PERO, ayer decidí ya retomar el plan de pérdida de grasa de manera estricta y, estas pequeñas trampas que aparecen DÍA A DÍA no pueden caber. No es una cuestión de que esté mal o bien, simplemente se trata de que si quiero alcanzar un objetivo, hace falta un poco de disciplina y fuerza de voluntad, y estos son los pequeños detalles que podemos controlar y que, sumados, hacen mucho. Desear y querer cambios es el primer paso pero necesariamente vamos a tener que hacer esfuerzos y sacrificios. No es pasar hambre, no es comer cosas que no te gustan y tampoco es cebarte a pollo a la plancha. Parte del proceso es ser capaz de tener un croissant delante gratis y poder decir que no...y más si estamos solos. Creedme que soy a la primera que le cuesta tenerlo delante (encima es mi bollo favorito!) y no comérmelo. De verdad, que no me es fácil para nada...pero tengo claras mis prioridades en este momento y la verdad que no sé muy bien por qué, pero son más fuerte que el ansia y la gula de comerme ese bollito. El día que me apetezca un croissant y sea el momento de comérmelo, iré a un buen sitio y lo disfrutaré plenamente, sin remordimiento, ni culpa💪

#sayonaragrasa - ¿Tortilla o ensalada?

•the great dilemma• Uno para comer, y el otro para cenar. Listo! No hay renunciar a nada ni pasarlo mal, pero tampoco hace falta hacer de la Navidad un período de dos o tres meses😂 Intenta buscar un punto medio y si sabes que por la noche vas a comer cual niño de Matilda, aprovecha (si puedes) la comida para descansar un poquito y meterte bien de verde y cocciones tipo plancha/cocido/etc. Digo si puedes porque sé que muchos estáis con familia, comidas y demás y cuando es difícil, entiendo que mira...la semana que viene será otra semana y ya que estás, mejor disfrutarlo que andarse con culpa y agobio! Pero bueno, si puedes aprovechar toda esa energía extra para marcarte un entreno de titanes...mejor que mejor. Dicho esto, voy a por mi ensalada y esta noche la tortilla será mia 😈🥂🎉💃 saysay

¿Cómo medir raciones? - Tazas y cucharas

Una de las dudas más frecuentes cuando subimos una receta es el tema de las medidas, porque desde que descubrí las cups y las spoons, me hice fan incondicional y ya nunca he mirado atrás. Me simplifican la vida: me olvido de andar pesando ingredientes y apuntando gramos, no dependen de una pila y son una monada. Además de para cocinar, las famosas cups y spoons (table o teaspoon) son una maravilla para habituarnos a las raciones que nos corresponden comer dependiendo de la comida y del plan en el que estemos (mantenimiento, ganancias de peso, pérdida de peso, etc.)

 

Como muchos ya sabéis, actualmente me encuentro en un plan de pérdida de grasa en el que todas las cantidades las mido por raciones y las raciones, a su vez, se miden con cups y spoons. Es cierto que hay alimentos como la fruta o la carne que no ando encajando en una taza, pero por norma general, los cereales, arroz, legumbres y demás suelen pasar este pequeño filtro. 

No son indispensables, hay muchos modos de medir las cantidad: podemos utilizar el peso de cocina (y será todo muuucho más preciso); de hecho, para ciertos objetivos es necesario ser muy muy preciso). También se puede utilizar el método de la palma de la mano, los puñados y demás...pero eso en otro post. 

Como decía, no son para nada indispensables, de hecho en mi casa, siempre lo hemos medido todo por "la taza", "el tazón", "la cuchara sopera", etc. El problema con esto, es que a la hora de hacer recetas, cada uno considera la taza y el tazón de su despensa. Y como ya sabemos, cada casa es un universo paralelo. Por lo que esto de las cups y spoons de medida estándar facilitan mucho la vida. 

La pregunta del millón es: ¿dónde encontrarlas? Y la respuesta es DEEEMASIADO FÁCIL. En cualquier gran almacén al que vayáis( normalmente en la sección de repostería) lo encontraréis. En cualquier chino, Tiger, etc, también. Y si no, siempre queda San Amazón, con esta opción de aquí

¡Espero que os haya servido! Un besote!

#sayonaragrasa - La merienda

perder grasa merienda

Texto original en Instagram - 7 de diciembre 2016

Entre (más o menos) las 5 y las 9 empiezan unas horas difíciles para los que sufrimos de picoteísmo (palabro inventado para referirme al arte de picar entre horas) y los que tendemos a comer por impulso. Si estamos en casa, como que la cosa se agrava por horas y las veces que abrimos la despensa o la nevera se multiplican más rápido que la tabla del 1. Con el plan de alimentación que llevo ahora, tengo como merienda, los días que no entreno, una pieza de fruta y, si os soy sincera, se me hace super difícil aguantar hasta la hora de cenar. Acostumbrada a no tocar ni una fruta pasada la mediamañana y merendar siempre frutos secos, pavo, hummus etc, pasarme únicamente a la pieza de fruta se me hace difícil. No sé muy bien si es la pieza de fruta en sí, o que la cantidad de alimento que tomo en este período esté tan limitada lo que hace que se me haga tan cuesta arriba. La primera semana del plan me costó baaastante: me veía constantemente tentada por la cocina, por comer algooo (aunque fuesen un par de anacardos) y deseando que llegase la hora de cenar. Y como me niego a estar así eternamente, jajaj, decidí salir de casa por las tardes (o casi todas) e irme a trabajar a otro sitio. Me llevo la merienda, me hago un bueeen menta poleo y me lo voy bebiendo poco a poco...y la verdad que se hace más fácil que estando en casa. Al final, el entorno en el que estamos hace e influye MUCHÍSIMO. Además, como me pongo a trabajar, ya sí que se me distrae la cabeza casi al completo. Obviamente, se lo comentaré a mi nutricionista a ver qué posibles alternativas u opciones podemos probar, pero la verdad es que cada vez es más fácil. Lo que os vengo a decir es que, estoy segura de que muchas pasáis por algo similar por las tardes, pero si ponéis por delante el objetivo que tenéis y lo que de verdad, de verdad queréis, es posible (porque sí,al anacardo le quiero mucho, pero en el momento). Cuesta un poco (bastante), pero se puede hacer. Y el orgullo personal que trae consigo el ser capaz de controlar los impulsos, es 🔝Así que busca y prueba qué cosas te funcionan y a por ello💪

Conquistando la piscina

  Alone Series by Belhoula Amir

Alone Series by Belhoula Amir

Aloha matriculeros!!!!!!!

Ya son unos cuantos años con vosotros, y unos cuantos años compartiendo muchas de las cosas que me han pasado a medida que he ido creciendo y han ido pasando los años. Por eso, no podía dejar de documentar el día de hoy. Porque la verdad ha sido un día diez, bueno, por lo menos la mañana. Recuerdo aún un post en el que os contaba cómo por primera vez en no se cuanto tiempo me había atrevido a ponerme...UNOS PANTALONES CORTOS!! Increíble...de eso hace justo un par de veranos. Mini paso que ahora mismo está más que dado. A día de hoy llevo sin ningún tipo de problemas faldas, vestidos y pantalones cortos. Parece una tontería (y lo es), pero para quien haya estado/esté en esta situación es fácil ponerse en mi lugar y entiende la satisfacción y el orgullo que produce esta chorrada. 

Bueno, pues hoy os vengo a hablar porque al fiiiin, he conquistado uno de mis GRANDES GRANDES terrores: la piscina...o más bien, el bañador. YES. Y ha sido maaaaaaaravilloso. Mucho más maravilloso que andar asada en Madrid en agosto, mucho más maravilloso que corretear con la toalla de aquí para allá y desde luego, mucho mejor que rechazar planes por no aparecer por la piscina. De hecho, no se me ocurre nada malo que haya venido de ponerme el bañador y meterme a la piscina: tengo un bañador monísimo, he entrenado una hora entera en el agua y me he sentido libre como un pececillo. De verdad, ha sido una sensación genial. 

Lo curioso es que lo lógico hubiera sido que cuando ya estaba más delgada, cuando creía tener mucha más confianza en mi (hace dos años), hubiera cogido y me hubiera metido al agua. Pero no. Y es que creo que todo tiene su momento. Mentalmente me siento muchísimo más fuerte, más segura y más "me la suda todo" que nunca. Y esto, como he dicho muchas veces, creo que se va ganando con la edad...y aún me queda mucho eh? Vamos, tiro yo la primera piedra. Pero bueno, mejor ahora que cuando tenga cincuenta años. Me niego, en rotundo, a seguir perdiéndome experiencias y "vida" por esto. No me veo dejando de jugar con mi hijo (hablando a muchos años vista :D) en la piscina por mis propios complejos. No. No. Y NO. 

Además hoy, me he grabado practicando fuerza para dominadas y he flipado. Es un ejercicio que hago con relativa frecuencia y nada, para mi es uno más. Pero al grabarme y verme he pensado...holyshit. ¿Dónde está esa niña que durante la prueba de aguantar en la barra en clase de Educación Física se escondía debajo de las colchonetas? ¿La que suspendía la prueba por no poder ni agarrarse? La que sudaba la gota gorda porque tenía que informar (o más bien inventar) al profesor de su peso. Bueno, la niña está aquí escribiendo, un poco más mayor. Pero bueno, me ha llenado de orgullo, la verdad. Y pienso que si mi yo de ese momento me viese ahora mismo, estaría muy orgullosa. Así que, otro extra de la mañana. 

 
 

Pero bueno, que sepáis que SÍ, que me ha dado vergüenza. Que se me ha hecho muy raro quitarme la toalla y meterme dentro del agua. Que me viesen los socorristas. TODO. Que ayer cuando me compré el bañador y me lo probé al llegar a casa, no me atrevía a mirarme en el espejo de cuerpo entero. Que tampoco es fácil para mi, pero merece la pena, de verdad. Si medianamente te identificas con esto y sigues privándote como yo hasta ahora (11 años sin meterme al agua), de corazón te digo que lo hagas, que no pierdas más tiempo y te permitas ser libre y disfrutarte al máximo. Ahora, tampoco te martirices si no te sientes capaz en este momento. No pasa nada. No eres yo ni nadie más. Un día, si de verdad lo quieres, si de verdad te convences a ti mismo de que NO HAY MOTIVO por el que tú no puedas ponerte un traje de baño y zambullirte, lo harás. Y ese será tu momento. Un momento feliz y un paso gigante. Recíbelo con orgullo, date un autoabrazo y a seguir conquistando miedos. 

Un besote ENORME. 

Yo, mi , me, conmigo

Hola matriculeros. Estaba yo hoy pensando y me he dicho, oye, why not, voy a compartirlo in da blog. 

El caso es que estaba dándole vueltas a un tema que de nuevo tiene poco y menos. ¿Cuánto tiempo dedicamos a pensar en los demás? Da igual quién sea: familiares, amigos, parejas, profesores, jefes...da igual, a los demás. ¿Cuánto? Nos preguntamos qué estarán pensando sobre lo que dijimos o dejamos de decir, sobre lo que hicimos o dejamos de hacer y por supuesto, archiconocido, nos agobiamos por lo que piensen de nuestro aspecto físico o lo que llevemos puesto. Y aunque creo que, a medida que nos vamos haciendo mayores, esta presión va disminuyendo, tengo mis dudas de que desaparezca por completo...ojalá me equivoque. 

Seguro que no soy la única que se ha quedado releyendo una y otra vez una conversación de Whatsapp, dándole vueltas a por qué la otra persona en lugar de un "vale" ha decidido utilizar un "ok" (sin emoji, por supuesto). Y seguro que no he sido la única que se ha quedado dándole vueltas durante horas hasta que ha retomado la conversación. ¿Habré hecho algo? ¿Habré dicho algo? ¿Estará enfadado/a conmigo? ¿Para qué? Para finalmente comprobar que no pasa nada. Eso sí, todo ese tiempo de darle vueltas y andar más rallado que un jersey de marinero, no me lo quita nadie. Tiempo que podría haber dedicado a cualquier otra cosa. O igual se lo he dedicado, pero no he tenido la cabeza en ello. Por ejemplo, qué se yo...pintarme las uñas. Pero disfrutándolo. Sin run runs en la cabeza. Pero no. Y como os decía, creo que he mejorado. Y creo que mejoro conforme pasa el tiempo, pero cuesta. 

Siempre me ha parecido algo absurdo eso de me da igual lo que diga nadie...más que nada porque es imposible. Si no son los demás, entendiendo "demás" como cualquier persona que no conozcas, será tu madre, tu novio o tu compañero de trabajo. De alguien, te guste o no, te va a importar la opinión. Y es normal, es lo que tiene querer a la gente y ser un ser sociable. Pero. Ahí va mi pero.

Pero creo, de verdad, que es deber de cada uno valerse consigo mismo. Y que lo que tu creas y pienses, sea suficiente. Sí, nutrirse de las opiniones de los demás, pero que éstas no condicionen lo que tu crees, opinas o quieres hacer con tu vida. Incluso si vienen de gente a la que admiras y quieres tanto como un miembro de tu familia o una pareja o X, me da igual. Si confías en ti, en tu idea...hazlo. Y si fracasas, mira oye, fracasas. Que el intentarlo y el creer en ti sea más poderoso que un "te lo dije". Pero, de verdad, ni siquiera por gente a la que quieres y valoras su opinión, dejes de hacer algo en lo que verdaderamente crees. Ese "que dirán" o "qué pensarán" si hago esto o quiero llegar a esto otro, no sea más que un factor que te enriquezca y te proporcione otra punto de vista a lo que tu ya tienes en mente. Es mucho más fácil decirlo y ponerlo en palabras que la realidad, lo sé. Pero por eso mismo, si fuese fácil, no estaríamos aquí dándole vueltas. 

Y por supuesto, no dejes de crecer, de aprender y de enriquecerte como persona por nadie. Hay momentos en la vida en los que igual dejamos de hacer o simplemente apartamos aquello que nos ha hecho ser quien somos. Esto es muy típico cuando una persona empieza a salir con alguien y se "olvida" de quién era y lo que hacía antes de conocer a ese alguien. Graaaave error. Creo que ambas cosas pueden y deben ir en paralelo. Sé que es difícil, que a veces cuesta ver más allá de tal o cual persona, pero no conviertas a nadie más que a ti mismo en tu pilar fundamental. Porque nadie más que tú puede serlo. Y eso se hace viviendo para ti, con otra persona a tu lado (claro que sí), pero para ti. No creo que esto sea ser egoísta, es más, quién esté a tu lado, se alegrará de ver cómo evolucionas y te animará a seguir haciéndolo. Y ella también querrá crecer por su cuenta. Entendédme, crecer puede ser algo tan sencillo como tener cierta edad y seguir jugando al fútbol en el equipo de barrio y disfrutando de las cañas post-entreno. Pueden ser cosas sencillas pero que, en el fondo, te hacen ser quien eres. Y también puede ser llegar al top del top en tu trabajo. El qué me da igual...casi cualquier cosa que hagamos y disfrutemos, nos va a reforzar como personas. Pero eso, haced vuestro camino, de la mano de alguien o no. Eso sí, aseguraos que si lo hacéis con alguien, esa persona no anule quienes sois vosotros  y lo que habéis ido construyendo desde el día 1 de vuestra vida. Suena muy filosófico y cheesy todo, pero de verdad creo esto ocurre y es una pena ver cómo sucede. Quered mucho, pero a vosotros mismos también (y ahora no hablo de la apariencia física, que también, jaja). 

Y ya me despido. La verdad que este post ha sido completamente espontáneo, no tiene guión ni sabía muy bien qué quería decir ni cómo estructurarlo, pero al final vuelve un poco todo a lo mismo, ¿no? Al amor propio y la importancia de conformarse con tener la aprobación y validación de uno mismo. He tocado unos cuantos temas que bien podrían tener un post para ellos mismos, ¿no? Que si la paranoia whatsapil, que si las dudas, que si el futuro, que si las relaciones...pero bueno, ya si sale el tema, podemos ir hablándolo en diferentes posts. Bueno, he sido un poco chapas, pero...me apetecía ser una chapas, qué le voy a hacer.

Un besote enorme. Muy muy muy grande. 

 

Historia de una tripa (repost IG)

Os voy a contar la historia de mi tripa. Está ahí desde que tengo uso de memoria. Yo no recuerdo haber vivido sin ella. Mi tripa me ha traído mil disgustos: sudores en los probadores intentando abrochar el botón del pantalón, me ha hecho llevar pantalones sin abrochar de paseo por ahí, ha creado a Lu y La (los dos michelines) y me ha mantenido lejos de piscinas y playas.

 Me ha fastiado mis looks de graduación y de salir. Y siempre todo me queda mal "de tripa". Eso para empezar. A lo largo de mi vida he intentado ocultarla con cojines en casa de mis amigos, con camisetas vaporosas o con fajas antilorzas (y antirespiración). Mi tripa me ha acomplejado y me acompleja hasta en el deporte: cuando haciendo una abdominal noto como se hace un rollito entre pantalón-lorci-camiseta, cojo, estiro la camiseta y sigo con lo mio. Y ahí sigue. Muchos años después, y muchos kilos atrás, SIGO TENIENDO TRIPA. Y, de manera inconsciente, sigo haciendo muchos de los gestos que hacía para intentar "camuflarla". Y para qué os voy a mentir, sí, hay una gran diferencia entre foto y foto pero la tiranía de mi tripa no ha desaparecido. 

Pero ¿sabéis qué? Que poco a poco vamos haciendo las paces. Porque ya me he demostrado que de la otra manera no vamos a ningún sitio. Cuanto más acepto que ahí está, que tampoco es tan mala gente, que me la quiero quitar de encima y que para ello no hay más que esfuerzo y paciencia, más feliz soy. En serio, nadie me ha querido menos por mi tripa, nadie. En todo caso, la única que ha hecho eso he sido yo misma. Para mi, aunque esté acostumbrada, no me es tampoco facilísimo hablar de esto, especialmente de complejos que están tan tan arraigados. Pero merece TANTO la pena sacarlo, demostraros vulnerabilidad/realidad y de algún modo servir de inspiración que...allá va! No hay fórmula mágica y no hay solución fácil! 

Un besazo enorme! PD: sé que parece que en la foto de ahora no hay tripa pero creedme, la parte de arriba es sueltecita y en cuanto me pongo a andar se marca to. Pero sí, hay MUCHO menos que en la primera y estoy muy orgullosa. Ué.

Nota: contenido publicado originalmente en Instagram. 

Sayonara báscula

 ¡Hola matriculetaaaas!

¿Cómo estáis? Hoy os traigo una pequeña reflexión que normalmente subiría únicamente a Instagram, pero he pensado que no está de más compartirla por aquí puesto que las fotos de Instagram van bajando, van bajando y al final caen en el olvido. En cambio, por aquí siempre podéis ir al archivo de posts y releerlo o compartirlo cuando queráis.

Como la mayoría de los que estáis leyendo ya sabréis yo bajé mucho peso cambiando mis hábitos alimenticios y haciendo mucho deporte. Sí, dejé de comer cantidades industriales de comida, cambié las croquetas de jamón por rollitos de lechuga con atún y me dejé la piel en clases de Body Combat (entre otras). Efectivamente, perdí peso, me empecé a poner la ropa que nunca me había atrevido a ponerme y me sentía meeeejor que nunca...a ratos. Ahora bien, durante este proceso convertí a la báscula en mi medidor de felicidad: me pesaba varias veces al día (al levantarme, después de desayunar, antes de hacer deporte, después de hacer deporte, antes de acostarme, etc, etc) y si el número no cuadraba con lo que yo quería que indicase, amigo mío, el día ya no tenía sentido alguno, algo estaba haciendo mal y me sentía fatal.

Una vez al mes, mi entrenador me pesaba y tomaba medidas para ir viendo los avances y mantener un control. ¿Tiene algo de malo esto? A bote pronto, no. Claramente, es importante saber si determinado entrenamiento y dieta esta funcionando o no y crear un historial del progreso. En principio, no hay nada malo, ¿no? Pues en mi caso, llegó un punto en el que si llegaba el día de pesar y el número de mi báscula no había bajado o bajado lo suficiente trataba de cancelar el entrenamiento o simplemente no comer nada hasta la hora de medir, después entrenar y ya después comer algo. Entrenaba a las cuatro de la tarde, señores. Me tiraba desde las 7 de la mañana hasta las cuatro sin comer o beber simplemente para engañar a la báscula, a mi entrenador y en última instancia, a mi. Nunca llegué a hacer nada más allá de eso pero, amigas y amigos, sigue sin tener un pelo de saludable. Por muchos kilos que llevase perdidos y por muy guapa que me viese todo el mundo. Fue la época en la que más delgada estuve y aún así no había manera de verme bien del todo. Aquel verano ni me atreví a ponerme vestido, tirantes lo justo y de bañadores ni hablamos. Y os repito, fue la época en la que más delgada estuve. El número de la báscula era quien condicionaba mi estado de ánimo y mi valía. ¿Que había adelgazado? ERA UNA MÁQUINA. ¿Qué no? MENUDA BASURA DE HUMANO. QUÉ HABRÍA HECHO MAL ESE MES. 

Lógicamente, aquello no era sostenible: trataba de quedar siempre en sitios donde sabía que podía pedirme algo bajo en calorías (que no saludable), hubo una época en la que reduje muchísisisimo las cantidades de la cena y hubo un momento en el que las palizas del gimnasio me las metía con la idea de quemar calorías y no de disfrutar del deporte. Como os digo, nunca vomité, nunca dejé de comer y no hice nada más extremo que lo que os cuento, aún así, no deja de ser un comportamiento obsesivo y enfermizo con la comida. 

Una lesión de rodilla me obligó a dejar un poco la caña que me estaba metiendo en el gimnasio y mi entrenador dejó de pesarme y tomar medidas. Poco a poco empecé a comer más, a no mirar la báscula y en Navidad ya se me fue todo al garete. Con la excusa de los regalitos de navidad, empecé a comerme los m&ms, lacasitos y conguitos de los paquetes regalo que le preparaba a mis amigos y desde ese momento mi control militar de la comida fue cuuuuuesta abajo. No obstante, fue a partir de aquí (y los meses siguientes) cuando empecé a leer mucho más sobre nutrición, aprender la diferencia entre calorías y comida saludable y olvidarme un poco (bueno, por completo) de la báscula. Mi problema no fue que empezase a comer hamburguesas y pizzas a cascoporro, no. Simplemente, dejé de controlar las cantidades ya que bueno, lo que comía, por lo menos eran alimentos saludables. Nada de báscula. 

Y bueno, sí, a lo largo de estos meses fui engordando (nada dramáaatico), pero al mismo tiempo cada vez estaba más metida en todo el tema de pulir la alimentación e intentar aprender sobre la comida desde un punto de vista mucho más "científico": aprender qué son los macronutrientes, cómo reacciona nuestro cuerpo a determinado ingrediente, etc, etc. Pero bueno, el caso, que llegó un momento en el que dije...ostras, pues he engordado. Y me dio rabia. Al principio lo vi todo negro azabache: otra vez tenía que volver al control estricto de la comida, a minimizar al máximo los alimentos más calóricos...y nada, mejor volver a lo básico que funciona y me adelgaza. Pero después, empecé a acordarme del agobio con el que vivía, de la locura de ayunar hasta las cuatro de la tarde o de los castigos que me metía pal cuerpo cada vez que subía 500 gramos o ese mes no había adelgazado. Todo para ni siquiera acabar de sentirme bien. Y no. Habiendo aprendido toooodo lo que he aprendido sobre la comida, no pensaba volver a eso: se puede perder peso de una manera saludable, sin NINGÚN tipo de obsesiones y disfrutando del proceso. Únicamente localicé dónde estaba el problema y le puse solución (y a día de hoy sigo haciéndolo): controlar las cantidades, incluir más verduras y ser sincera conmigo misma. En cuanto empecé a entender y aplicar que por muy sanas que sean las avellanas no me puedo comer media tarrina en un día, que acompañar la comida con verduras te deja muuuucho más lleno y que, de vez en cuando, la pifio, volví a bajar de peso. Bueno, y sigo en ello. ¿Y sabéis qué? Lo decía el otro día en Instagram, pero este verano, tendré más kilos encima, pero no tengo ningún problema en sacar las piernas al sol y ponerme lo que me de la realísima gana. Me da exactamente igual. ¿Por qué? Porque estoy disfrutando del proceso y estoy orgullosa de cómo lo estoy haciendo. Porque no hay ningún tipo de obsesión de por medio. Porque como de 9,5 durante toda la semana y disfruto como nadie con el cheatmeal que me toque esa semana. Sin ningún tipo de remordimiento. NINGUNO. Eso antes...imposible. Porque he aceptado que soy humana y de vez en cuando me salgo del "tienes que" y el "debería" y me como esa onza de chocolate de más. Y no pasa nada. Y sigo siendo la misma. Sigo valiendo lo mismo. Sigo adelgazando. Sorpresa. Magia. Tachán. La ropa es mi principal indicador de mis progresos y la báscula me lo comenta de vez en cuando, muy de vez en cuando. Y os prometo que soy mucho más feliz...que me veo en pantalón corto y me veo bien. Que hay que meterse en la cabeza que "delgado" no es sinónimo de felicidad. Está leeeeeejos, muuuuuy lejos. 

Y ya está, sólo quería contaros esta segunda parte de mi experiencia porque estoy segura de que más de uno/a os vais a sentir identificados y creo que, de un modo u otro, puede servirle a alguien para cambiar la manera de ver todo este embrollo de perder peso. Como veis es bastante fácil caer en este tipo de comportamiento cuando estamos perdiendo peso, obsesionarnos con el número y la comida, y, de verdad os lo digo, no va a ningún sitio. En mi opinión, así es cómo acabamos en los famosos rebotes. Disfrutad del proceso, no tengáis prisa y no os apedreéis cada vez que hagáis algo "mal". Os lo prometo, sé que lo habéis leído mil veces pero en el momento en el que veáis vuestra valía más allá del número que marca la báscula, adelgazar o cualquier cosa que queráis conseguir se hará muuuuuuuuucho más llevadero :). 

Un beso enorme.

PD: Y para muestra dos fotos.

Yo (bueno y Elena) en agosto del año pasado (2014). ¿Veis a Elena? Claramente hacía tiempo de manga larga y pantalón largo (negro). Y, además, recuerdo ver esta foto y verme las piernas enooormes. Por aquello de que se ve mucha cadera y mucho muslo que se toca. Sí, sí. Así.

Yo este agosto (2015). No hace falta que diga ná :).