Compensar la comida y el entrenamiento

compensar la comida

El otro día estaba entrenando después de una semana complicada en el curro (muchas horas, una rutina diferente….) y en la que apenas he encontrado tiempo (o fuerzas) para entrenar. El caso, estaba calentando y los primeros pensamientos que me vinieron a la cabeza fueron del tipo: “hoy y mañana entreno por toda la semana”. En definitiva, estaba (inconscientemente) tratando de compensar estos días atípicos y de no entrenar con un par de días “a muerte” y “dándolo todo”. Y entonces, me paré a pensar y detuve esta línea de pensamiento. No hay NADA que compensar. Es un día más de entrenamiento y punto. No hay que compensar absolutamente nada, ni en el entrenamiento ni en la comida. Tenemos muchísimos días en nuestras vidas y una semana, en el total, no es nada. No pasa nada. Al final, el pensamiento compensatorio, normalmente, nos conduce a conductas poco eficaces a largo plazo y nos encamina a cometer alguna que otra tontería o, incluso, barbaridad. Os voy a poner en este caso, por cambiar un poco del tema de la comida, el pensamiento compensatorio con el deporte.

Si uno lleva dos semanas sin entrenar y con poco movimiento, por mucho que los meses anteriores haya entrenado con normalidad, necesita un pequeño período adaptativo. El cuerpo y la cabeza lo necesitan. Durante dos semanas no echas nada a perder, pero es imposible pretender que el cuerpo esté en exactamente el mismo punto que hace dos semanas. Al final, con ese día de “hoy compenso” utilizamos las mismas cargas, mismas repeticiones e incluso le damos mayor intensidad a la rutina; no nos damos cuenta que nuestro cuerpo necesita un tiempo de adaptación. Sin ese tiempo, somos mucho más propensos a sufrir una lesión (aunque sea a largo plazo)  y a frustrarnos y desmotivarnos por no llegar al mismo estado de la semana pasada o por no mejorarlo. Nos cuenta mucho parar y darnos cuenta que hemos tenido una serie de factores que han significado que la semana no haya sido igual a la anterior y que explican que no podamos levantar X carga o nos fatiguemos algo más durante el entreno. Nos resulta complicado aceptar que hay MILLONES de cuestiones que nos influyen, tanto física como mentales, y que tienen su impacto en el entrenamiento.

Por no hablar de la culpabilidad que acompaña todo este proceso. Por una parte, nos sentimos mal porque durante X período no hemos entrenado o comido como “deberíamos”. Por otro lado, nos sentimos culpables porque sentimos que no alcanzamos el mismo nivel que antes en el gimnasio o podíamos haber comido “mejor”. Y encima, si con la comida ha habido excesos nos sentimos culpable durante esas comidas y no las disfrutamos como deberíamos.

Un entreno no vale por cinco, igual que una comida no compensa otra. No funciona así la cosa. Simplemente entrena lo mejor que puedas y punto.  Lo mismo con la comida, claro: no necesitas zumos detox para compensar tu tarta de cumpleaños, ni atiborrarte a proteína porque comiste pizza el fin de semana. Simplemente, vuelve a tu rutina habitual y listo.

Vamos a intentar silenciar poco a poco este tipo de pensamientos que suman tan poco y nos quitan tanto. Tratemos de disfrutar de lo que tenemos y hacer lo mejor que podamos dentro de nuestras circunstancias.

Muchas gracias por leerme y nos vemos pronto. Un besote grande. 

Deporte: Cómo aguantar más allá de enero

Señoras, señores, ya es quince de enero. Sip. Hemos llegado a la mitad del mes del "este año voy a hacer las cosas bien". ¿Y cómo vamos? ¿Muy diferentes de diciembre del año pasado? En mi caso, na de na. Antes solía hacer grandes propósitos para el año y al final no cumplía nada de nada. Así que este año decidí dejarme de propósitos y dejar a todo let it be. Pero ese es mi caso, que es un poco particular. A juzgar por los comentarios y emails que nos llegan, muchos de vosotros estáis en proceso de a) empezar a hacer ejercicio o b) mandar la vagancia a tomar por viento y retomar un poquillo el hábito tan saludable y recomendable que es hacer deporte. Y me alegra un montón. En este post vamos a intentar contestaros a la pregunta del millón que tanto nos planteáis: "¿CÓMO HAGO PARA QUE NO SE ME PASE EN DOS DÍAS LA ILUSIÓN Y LA MOTIVACIÓN DE HACER DEPORTE? ¿CÓMO HAGO PARA MANTENER LA PEREZA LEJOS?"

Amiga, amigo, malas noticias: no hay respuesta mágica. Aunque supongo que eso ya lo sabías. Sorry. Una cosa importante que necesitas, antes de que te los cinco wonderconsejos, es voluntad. Pero voluntad de verdad. Voluntad de lo quiero hacer por mi, para mi y porque es el mejor regalo que me puedo dar a mi yo de ahora y a mi yo del futuro. Ya sé que nos enseñan a no ser egoístas, pero créeme, aquí tienes que serlo un pelín. Y dicho esto, estas son las cinco cosas que yo recomendaría hacer para mantenerse a largo plazo en esto de menear el culo.

1. Encuentra algo que te guste. Lo sé, suena a topicazo...pero es así. Así de simple, así de claro. Igual encuentras que lo que te apasiona es montarte unos megacircuitos e ir a tu bola en la sala de máquinas. O igual es una buena clase de Zumba. O Crossfit. O salir a correr. No sé. Será por cosas. Pero encuentra algo que de verdad te motive y te haga querer volver...algo que consiga que disfrutes. Y una cosa, eso que te encanta, puede que al año ya no te motive del mismo modo. Por ejemplo, yo era una LOCA del Body Combat. Pero una auténtica LOCA. Había días que iba hasta dos veces. ¿Qué pasó? Que acabé de dar puñetazos y patadas a seres imaginarios hasta los pies. ¿Qué hice? Busqué otra cosa. Y así, y así, y así.

2. Compra un amigoBueno, si eres de los afortunados que ya tiene amigos, entonces puedes llevarte el que tengas. También valen hermanos. Padres. Primos. El de la pescadería. Con tal de que sea un humano que también quiera sudar un poquito nos sirve. En mi caso, he probado de todo: clases colectivas, clases con número reducido, entrenamiento personal y entrenamiento en soledad. He de decir que ME ENCANTA entrenar sola, me encanta mi momento de rutina y mi momento de loner. Pero también he de reconocer que la motivación y el esfuerzo que uno le echa al entreno cuando estas en compañía no es comparable. Además, te sirve para que te tiren del brazo cuando estás vaguete y viceversa.

3. Organización. Me comentan que estoy siendo muy original. Lo sé. Pero es que es VERDAD. No hay mucho más misterio. Bien, empecemos por el principio. Que levante la mano quien se lava los dientes todos los días. Que levante la mano quien bebe agua cuando tiene sed. ¿A que habéis levantado todos la mano? Bueno, pues igual debería ser con el ejercicio. Para mantenerlo a largo plazo, tu rato de ejercicio tiene que ser algo que no te saltas porque sea lunes y el metro llegue seis minutos tarde. No por norma general. Tiene que ser algo como los dientes, como ducharse como hacer la compra el fin de semana! Un hábito por tu salud, por tu supervivencia y bienestar. Cuando no negocias con el tiempo de ejercicio, cuando tiene que ser SÍ o SÍ (llueva, truene, tengas un baby dando sonajerazos o baje el mismísimo Jackson a darte un concierto en casa), entonces lo haces, porque no queda otra. No hay lugar para el "bueeeeno". Y punto.

Consejos para la organización: prepara los huecos de la semana en los que vas a entrenar. ¿Antes de ir a trabajar? ¿Después de comer?¿Antes de cenar? A mi me da igual. Cuando te venga mejor. Pero asegúrate que encuentras huecos para hacerlo. Porque sé que los tienes. Lo sé.

Déjate la ropa preparada. Si vas a ir a entrenar con los gallos a las siete de la mañana, déjate la ropa de deporte preparada y la ropa de calle también. Todo listo para, zombimente, la mañana siguiente, coger la mochila y salir a entrenar (o ponerte en casa). Si vas a ir después de clase o trabajo, ponte la ropa de deporte hasta que llegue la hora. Ponerse ese top corta respiración DA PEREZA. Y lo sé. Te entiendo. Pero no queda otra. Ley de vida. Ojalá todos los problemas fueran esos.

Y por último en cuanto a organización, yo recomendaría tener claro lo que vas a hacer: tener una rutina preparada, la clase a la que vas a ir y demás. A mi me ha pasado eso de ir deambulando por el gimnasio sin rumbo alguno porque no tenía MUY claro lo que iba a hacer ese día. Así que...NO. Pongamos las cosas claras. Muy claras señores. Claro color agua de Filipinas.

4. Fíjate metaspero no te obsesiones. Voy a ser muy clara. NO vas a pasar del sofá a correr 5 kilómetros en un día. Lo siento, peeeeeero no. Y si lo haces, olé tú, pero no es lo común. Hay que ser paciente, constante y sincero para conseguir resultados y alcanzar objetivos. Pero se puede hacer. Aunque, para ello...hay que fijarlos. Ahora, yo recomiendo no ser extremadamente ambiciosos porqueeeeee...luego llegan las frutraciones, las fustigaciones y los "oh, yo no sirvo para esto". Y no se trata de esto. Una meta es pasar de 10 sentadillas a 20. De levantarte una vez en la clase de spinning a levantarte tres. Y así. Son pequeñas victorias que sumadas hacen BOOM, in your face. Y de repente estás un poquito más en forma y más enganchado que hace un año. Pero para eso tienes que ser un poquito constante. Te aseguro (al 80%) que una vez entras en la dinámica, salirse de ella es complicado. La sensación de bienestar y felicidad después de entrenar engancha. Os prometo que si le dais una oportunidad (y no me refiero a un par de días, que os veo) al deporte (e insisto, sea LO QUE SEA), acabáis cayendo en sus encantos. Para mi, entrenar ya va más allá de lo puramente físico y de quemar calorías...NO NO...Entrenar para mi es vaciar la cabeza de problemas, es demostrarme cómo mejoro y cómo me supero y, en general, es mi manera de dedicarme tiempo a mi misma. Algo que creo que muchas veces se nos escapa y, en mi opinión, es fundamental para crecer como personar y aprender sobre ti mismo. Y bueno, los beneficios físicos pa tu corasó y huesitos...poh tambié.

5. Inspírate y no te compares. Me explico pero no me enrollo. Lo prometo. No hay que meterse a pinterest, poner fitspo y llorar un poquito porque llevamos un mes en el gimnasio y no tenemos las abdominales y los músculos de la mega súper ultra fit mujerzuela de la pantalla. NO. Cuando digo buscar inspiración me refiero a encontrar a gente que te motive. Gente con la que de una manera u otra te identifiques o que por la razón que sea consiga que te enfundes esas mallas y salgas de casa. Y si eso es la mega ultra súper chica fit, adelante. Lo que sea. Por inspiración también me refiero a aprender de los demás. Buscar rutinas que se adapten bien a ti, información sobre alimentación, consejos para preparar la comida de la semana, etc, etc, etc. Hay mil y una opciones y mil y una persona inspiradora.

Y la segunda parte, evita compararte con los demás. En serio, no sirve de nada más que para pegarse castañazos contra el suelo y latigazos a uno mismo. Ser un poco competitivo es sano, pero abandonar porque la de al lado ha perdido el michelin antes que tú...NO.

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Y poco más. Lo sé. No es el post más original del mundo. Pero no os puedo descubrir la luna. Sois vosotros/as los que tenéis que ver qué os motiva de verdad y coger este punto de enganche del que no te sueltas ni aunque te tienten con mil donuts. En corto, yo he seguido con el deporte porque me hace sentir bien: me siento fuerte, útil y me permite pensar con más claridad. En mi vida diaria normal de estudiante me permite subir las escaleras del metro andando si las mecánicas están a rebosar sin que se me acabe el aliento, puedo dar paseos kilométricos sin agotarme o notarlo al día siguiente y mentalmente, ya os digo, me da una perspectiva mucho más positiva y simple de las cosas. Y oye, también porque me lo paso como una enana cuando entreno.

Y ya está. Ya me callo. El post Biblia llegó a su fin.

Muchísimo ánimo y a sudaaaaaaar. 

¡No huyas de las clases colectivas!

Bueeeenos días
¿Qué tal? Cuánto tiempo sin hablarnos. Bueno, not really.

Sabemos que os gustan los posts relacionados con el gimnasio. Lo sabemos porque somos adivinas y lo sabemos todo. Pero todo. La verdad es que no. Lejos estamos de ser adivinas y poder saber qué van a poner los profesores en los exámenes. Más bien Blogger nos da unas estadísticas muy reveladoras sobre qué posts son más populares y qué dispositivos utilizáis para ver el blog. Pero hasta ahí, ¿eh? No sabemos más de vuestra vida.

Bueno, a lo que iba. Que sabemos que os gustan las entradas sobre el gimnasio...y nos alegramos, la verdad. Porque a nosotras también nos gusta escribirlas y dibujarlas. Y nos gusta el gimnasio, claro.

En fin, que me lío... como siempre. La cosa es la siguiente: el otro día retomé el contacto con la chica con la que me saqué el carnet de conducir (holaaa Marta) y resulta que se acaba de apuntar al mismo gimnasio al que voy yo. WOOOHO. Pues el caso es que hablando con ella y tal, como es lógico, empezamos a hablar de las clases colectivas y que si unas, que si otras. Y entonces, me acordé de lo que os gustó el post de 'El nuevo del gimnasio' y hemos pensado que no sería mala idea hablar un
poquillo de las clases colectivas e intentar convenceros de que os metáis a una.

Lo primero que os queremos decir es...QUE HAY QUE PERDER EL MIEDO absurdo y hay que lanzarse a la piscina. Ya habrá tiempo para decir si nos ha matado, si no volvemos más o si queremos repetirla una y mil veces. No hay nada a lo que tenerle miedo. ¿O si? Pues no, ya te lo digo yo. Piénsalo: el que da la clase no come (ni ha comido nunca) alumnos. ¿Ves? Respira, vas a salir vivo. El que da clase ha visto cien (o mil) más como tú: nuevo, perdido, descoordinado, con cara de sufrimiento y además, que no le quita el sueño si tu estilo tira más por Beyoncé o si sigues el ritmo de Romai (con mucho cariño). Al final, lo que le importa, es que te lo pases bien con el/ella en su clase. Ea, una preocupación menos. Y si te angustia pensar que el resto de gente de la clase ya es profesional del tema y te van a mirar como elpringao novato, ya te digo yo que nanai. Lo sé. Puede parecer que estás solo en medio de una marabunta de gente que domina la materia. PERO, ni todo el mundo lo hace tan bien (nosotras las primeras), ni, en general, el resto de gente somos tan malas personas. En todo caso, alguien nuevo nos saca una sonrisa porque nos recuerda a nosotros al principio. Además, por lo menos nosotras, cuando cambian la coreografía es como si volviésemos a la prehistoria. Aún así, que lo que diga o piense la gente te tiene que dar iguá: hay que empezar a instalarnos en la cocorota el chip de...A TOMAR POR VIENTO. Bueno, y si lo que temes es quedarte sin oxígeno, te voy a dar una respuesta bien fácil: párate. Tienes dos piernas que se mueven y se paran. Se mueven y se paran. Si empiezas a sentir que el demonio te ha privado de tu merecido pedazo de oxígeno, párate, coge aire y sigue. Y si no puedes seguir, sales...y ya está. Nadie te va a guardar rencor. Y se me olvidaba, en la mayoría de clases suele haber opciones que lo hacen todo mucho más llevadero...así que, si lo necesitas, úsalas.

En mi caso, yo empecé con una clase de Body Jam (tipo baile). Me metí a esa clase porque de la exhaustiva lista de clases que había en el horario, ésta parecía más facilita y accesible. Ay señor. Sensación de pato mareado sin amigos: no pillé ni medio paso. Encima, decidí ir a una hora en la que hubiera poca gente para que así NADIE se pudiese reír de moi. No caí en la cuenta de que, cuantos menos somos en clase, mejor visión tiene de nosotros el profesor. Pero en fin, mis pensamientos y yo... que a veces no nos coordinamos. Y nada, aunque salí un poco confundida, me lo pasé muy bien. Después me metí a Body Combat y salí temblando...si creía haber estado perdida en Body Jam, esto ya era el siguiente nivel. Dejé de ir un montón de tiempo y después volví a la carga. Hasta ahora, que soy lo más friki del Body Combat (de hecho, hoy un simpático monitor del gym me ha dicho que le gusta mi estilo de pegar puñetazos y que muy bien, muy bien. Hell yes). También me metí a una clase en la que pensé que iba a vomitar el corazón por la boca, Body Attack. En esta clase, hasta el monitor, apodado TERMINATOR, tuvo que acercarse una vez y decirme: "oye tranquila, haz lo que puedas. Utiliza las opciones". A spinning no me metí hasta MUCHOS, MUCHOS, MUCHOS meses de gimnasio. Pero eso se merece un post para el solito.

De todos modos, si pensáis que yo era cagada, Emma se lleva la palma. Estuvo haciendo máquinas sabe dios cuanto porque "no tengo coordinación", porque "no me gusta bailar" o porque  "voy a hacer el rídiiiiiculo". No conseguí meterla ni a media clase. Y ahora, intenta sacarla tú de una. Así de exagerado, por pura vergüenza. Pura y dura.

Así que, NO hagas eso. Si tienes ganas de entrar a una clase...ENTRA. Pregúntale al profesor/monitor de qué va el rollo y avísale de que eres nuevo y de que las probabilidades de tener un alumno peonza-sin-rumbo son altas. Colócate en la última fila si te hace sentir más seguro. Ya se sabe que la última fila es la de los nuevos + 'los cuatro de siempre' que ya estamos abonados a los espacios traseros y que somos muy voluntariosos y amables con la gente nueva. Pero vamos lo más importante, sobre todo, es que te lo pases bien y te anime a seguir yendo. Nada más.

Hemos pensado en hacer una serie de posts que hablen sobre las diferentes clases colectivas que hemos probado y así hacemos un pequeño archivito de referencia que pueda servirle a todo el mundo (menudos ataques de bibliotecaria me dan a veces). ¿Qué os parece? ¿Os interesa?

En fin, esto es todo por chuday. Esperamos que os haya gustado y MUCHÍSIMAS gracias por leernos. Es tooodo un honor. 

Ya sabéis que estamos en FacebookInstagram y Twitter así que...corre y apúntate. Un besote!

¡Reto superado!

Alo, alo!
¿Qué tal ha ido la Semana Santa? La mía ha sido bastante más entretenida de lo que pintaba al principio, así que estupendo. Ya os contaré en el próximo post como fue el viajecillo express que hicimos a Burgos y un poco lo que hemos hecho.

Hoy escribo esta entrada para contaros una cosilla que llevaba ya tiempo queriendo hacer, y que he ido posponiendo hasta hoy (o ayer, depende de cuando cuelgue esto). Primero, os sitúo. Todos nos acordamos de la clase de educación física del cole, hasta ahí estamos claros. Bien, una de las pruebas que teníamos en esta clase, y que repetíamos cada año (de la ESO), era...EL MACHU. Éste, no es más que un pinar que estaba al lado del colegio y donde teníamos que correr: había una prueba de resistencia y una de velocidad. Nos dividíamos chicas y chicos y cada uno tenía  que cumplir una serie de vueltas en un tiempo concreto.

No puedo explicaros el PÁNICO que sentía cada vez que llegaba el momento del año de hacer esta prueba. TERROR. SUDORES FRÍOS. TEMBLOR. Intentaba, por cualquier medio, conseguir un justificante médico: esguinces, roturas, dolores de cabeza...todo era bienvenido si me podía excusar del Machu. Y es que...ayy...lo pasaba muy mal. No me llegaba el aire a los pulmones, no me respondían las piernas...y por más que yo quisiese, aquello NO salía. Yo veía como mis compañeras, una a una me pasaban e iban llegando donde estaban toooodos los chicos y nuestro profesor, claro. Cierto es, todo hay que decirlo, que no estaba sola sola en esto. Mi amiga Helena era igual de mala que yo, y siempre quedábamos últimas juntas...por lo menos...algo es algo. En fin, aunque, claramente, no era una cuestión trascendental, yo sufría. Por suerte, era puntual y no estaba todo el año amargada y muerta de miedo. Nunca conseguí hacer las vueltas del tirón, y, mucho menos, hacerlas en el tiempo máximo que nos pedían para aprobar. En fin, el Machu ha sido siempre una espinita clavada y un mal recuerdo de mis años en el cole.

Cuando empecé con el gimnasio, uno de mis retos a muuuuuy muuuuuy largo plazo era superar la prueba del Machu. Fueron pasando los meses y yo con la idea en la cabeza, pero por una cosa u otra, al final, lo fui dejando pasar y...nada, hoy por fin me he plantado en la escena del crimen y he corrido.

Y...cómo habréis leído en el título..., con una sonrisa de oreja a oreja os digo que: RETO SUPERADO!

La prueba consistía en dar cuatro vueltas (más o menos 1.5km) en menos de nueve minutos. En estas vueltas hay de tó: una jodida cuestecita, una bajada llena de agujeritos y mini troncos de árbol, y también hay una recta más larga que la alfombra roja de los Oscars. Vamos, que no es como correr en la cinta. Lo he hecho en 8 minutos y 10 segundos. Tengo la sensación de que podría haberlo hecho mejor, pero vamos, yo estoy muy contenta de, por lo menos, haberlo conseguido. Además estoy convencida que, aunque no hubiese entrado en el tiempo, aguantar, lo que es aguantar corriendo cuatro vueltas hubiera podido hacerlo. Ha desaparecido esa sensación de...OH DIOS MIO, ¿QUIÉN ME HA ROBADO EL AIRE?  He tenido unas animadoras estupendas, Emma y Puka en el terreno, y a los cascos, mi adorada Ellie Goulding. Hacía un día precioso, los pajaritos cantaban y las nubes se levantaban. Además, después he comido en la Mafia un rico solomillo y me han traído pasteis de nata de la mismísima Lisboa. Inmejorable.
 

En resumen, y para acabar ya...ha sido súper, SÚPER satisfactorio cerrar el capítulo Machu como se merece. Sienta divinamente tachar una cosa de la lista, y sobre todo, ver reflejado el esfuerzo de muchos meses. Así que, ya sabéis...si tenéis algo en mente...A POR ELLO. Como si os lleva años conseguirlo, hacedlo! :)

Os actualizaré cuando haga la prueba de velocidad. Ayayayaiiiii.

Muchísimas gracias por estar ahí y leernos. Si queréis compartir, por aquí abajo están los botoncitos de las redes sociales...YYYY...os recuerdo que, también si queréis, os pueden llegar todas las actualizaciones por email.

Ahora sí que sí...un besooote enorme

Reto superado: pantalones cortos

Hello yellow!

Hoy no tenía pensado escribir, ni actualizar, ni ná de ná (aunque me estoy poniendo las pilas con esto de dejar post y fotos preparadas, juju). Pero estas entradas son las mejores, las improvisadas, las que salen porque sí, porque me apetece contar algo, aunque en el fondo sea una tontería. 

Hoy ha sido un gran día. No sólo porque es lunes festivo, que también. Ha sido un gran día porque ha hecho un tiempo perfecto, porque me he comprado ropa nueva, porque me he tomado un café riquísimo y porque ha sido uno de esos días en los que uno se da cuenta de lo afortunado que es por tener una familia sólida, que se quiere y se apoya. Ah, bueno, también ha sido un gran día porque una amiga ha ganado un concurso de OYSHO en el que ambas participamos...y eso no pasa todos los días. Y también he entrenado con Raúl, eso siempre es un plus. 

Además, hoy ha sido un gran día por otro motivo. Y quiero dejarlo escrito por muy tonto y superficial que sea...quiero volver a leerlo en unos meses y acordarme de lo feliz que he sido hoy. Hoy, por fin, después de 10 años, me he puesto unos pantalones cortos. Lo sé, lo sé...pueeees vaya cosa. Para mi es un paso enorme. De gigante. Es cierto que ya no tengo ningún problema en llevar falda, vestido o pantalones cortos con medias...pero ea, eso de quitarlas ha sido siempre un claro ni hablar del peluquín. Y hoy, no sé muy bien porqué, he decidido enfundarme uno de esos pantalones cortos que tenía cogiendo polvo en el cajón y he ido a bailotear con ellos. Y he sido muy feliz, de verdad. 

Emma ha sacado un par de fotos infraganti antes de entrar a la clase, así que, aunque me da un poco de vergüenza, las voy a compartir con vosotros. Ale, ahí van:

Es verdad, que no tengo unas piernas escualidas...y claramente, hay quien me recomendaría un buen bronceado. No obstante, me siento tan orgullosa de mi y de ellas que no quepo in moi myself :P. La de horas que han estado aguantando el machaqueo....y gracias a eso, ahora pueden hacer un montón de cosas. No sé, quiero decir, que no son las piernas ideales de modelo, que no tengo thigh gap y que, por supuesto, tienen sus mil defectos, pero aún así estoy contenta. Por fin. Jajajja, parece que le estoy escribiendo un post a mis piernas...ya lo que faltaba. En fin, que hoy, al fin, he roto con el miedo de sacar a los jamones al aire. Sean como sean. Ojalá lo hubiera hecho antes...caray.

Os animo, de verdad, a pasar de los complejos y a hacer lo que os de la real gana. Sienta FE-NO-ME-NAL. Y también, a valorar los detalles más mínimos de un día normal y corriente. Que de verdad, si nos paramos a pensarlo siempre hay algo. 

Os dejo también una selfie, de esas que todo el mundo odia pero que, en el fondo, nos encanta sacarnos. 

El nuevo del gimnasio

Buenos y sensacionales días a todos,

Lo primero y más fácil, ¿qué tal? Espero que maravillosamente y si no, no os preocupéis que aquí estamos Emma y yo. Sentimos el retraso pero han sido dos semanas bien cargaditas de cosa. Ahora ya puedo reshpirar.

¿Quién se acaba de apuntar al gimnasio de la esquina? ¿Quién ha pagado ya los tres primeros meses para no dejarlo? ¿Es la primera vez que pisas uno de estos planetas extraños? Tranquilo, sin presión, levanta la mano. Esta entrada es para ti. Así que, si eres ya todo un experto en gimnasios, te lo advierto...todo esto igual te parece un rollo patatero.

Me acuerdo de mi primer día en el gimnasio. Llegué allí, miré las máquinas y la única que parecía medio intuitiva era la cinta de correr. Con cabeza cabizbaja, típica de novato, y preparada para sufrir, me subí a la cinta más apartada que encontré; recuerdo que estaba detrás de una columna. Miré a ambos lados con cara de desconcierto: ¿cómo puñetas se encendía eso? ¿Qué botón tenía que apretar? ¿Cuánto tenía que correr? Pero, pero...¿me tenía que poner pendiente? Ay dios...que agobio.  Yo le di. Le di a unos botones y me puse a correr. A correr como Homer detrás de una rosquilla. Me puse una velocidad muy por encima de mi capacidad, y corrí durante demasiado tiempo. El resultado os lo podéis imaginar: mareo, piernas espagueti y conexión del piloto automático dirección VESTUARIO Y ME VOY A CASA. No volví al gimnasio. Y diréis...¡pero bueno! ¿Ni lo intentaste un poco más? En mi defensa diré que era mucho más pequeña que ahora, y ya se sabe que los adolescentes hacen cosas muy raras, así que...en fin, un error más que añadí a la lista y del que aprendí. Pagué el gimnasio durante unos meses y lo dejé.

El caso es que últimamente mucha de la gente que me rodea ha empezado a apuntarse a un gimnasio, ya sea por primera, segunda o enésima vez...y la verdad, a veces estoy yo más feliz que ellos. Como he pasado de ser una patata de sofá a ser un poco friki del gimnasio, mucha gente me pregunta qué es lo que hago, cómo sigo motivada, cómo empecé, etc. Por todos estos motivos, y muchos más que ahora mismo no se me ocurren, quiero compartir con vosotros los cuatro o cinco consejillos que me daría a mi misma si empezase de cero en el gimnasio. Si no sentís que estos consejos puedan seros de utilidad....pues normal. Normal porque cada uno tiene unas preocupaciones y unas inseguridades diferentes. Pero bueno, allá va.

1. Pide ayuda

No nacemos sabiendo qué es el cardio, ni para qué sirve la máquina 'press de pierna sentado'. Tampoco tenemos por qué saber cómo se hace una abdominal correctamente o qué intensidad tiene una clase deBody Attack. De verdad, que no. Lo mejor que puedes hacer es pedir ayuda: pregunta cómo se coloca el sillín de spinning, qué máquinas se ajustan más a tu nivel físico o de qué va una clase.

Por favor, por favor, te pido que no dejes de hacer una cosa por vergüenza a preguntar al personal. No merece la pena. Yo entiendo que uno les ve allí, tan fit, tan puestos y tan de todo que, al principio, puede intimidar un poquito. Pero de verdad, no,no, no y no. Suelen ser gente maja, con muchas ganas de ayudar y aconsejar y que quieren verte mejorar.

Mira, todo son ventajas: vas a hacer ejercicios adecuados a tu forma física, los vas a hacer correctamente (punto importante), vas a conocer a una persona más en tu vida, y vas a mejorar. WIN-WIN. 

2. Nadie se ríe de ti...y si se ríen, guíñales un ojo

Esta va para mi grupo, para el grupo de los paranoicos. Hola. Nadie nos mira. Nadie se ríe de nosotros. Nadie piensa que estás gordo. Nadie piensa que estás fuera de lugar. A nadie le importa si sudas o te pones rojo. Al forzudo de la esquina le da igual si has dado un puñetazo con la mano izquierda en vez de darlo con la derecha.

De verdad, céntrate en ti y olvídate del resto del mundo.

3. ¡Ponte ropa cómoda!

Parece una tontería...pero no. Si estás pendiente de si se sube o baja el pantalón o de si se te ve un dedo del pie, no vas a estar a gusto, te vas a poner nervioso, vas a sudar más y vamos a montar el circo. Ponte lo que QUIERAS, pero que no te moleste.
Hay mucha gente que se siente motivada y animada si se pone una u otra prenda...vamos, eso que oímos de: a mi es que me gusta ir mona al gimnasio. A otros les gusta más darle utilidad a la camiseta que ganaron en la feria del pueblo. Y no tiene nada de malo. Yo, por ejemplo, cuando empecé no llevaba otra cosa que no fuese una camiseta 3XL de hombre negra de Decathlon, unos leggings también de Domyos y mis zapatillas de educación física del colegio. Oh, yes. En realidad, seguramente parecía que me había echado una sábana negra encima...pero era con lo que yo me sentía más cómoda. Después empecé a ponerme alguna camiseta de color, luego una de tirantes y ahora ya SHABAAAAM, sudaderas color fosforito. En fin, up to you.

Voy a utilizar una ilustración de Gemma Correll que viene al pelo. Ved su web porque mola muchísimo.

4. Ponte pequeñas metas y supéralas

Este consejo es perenne, os puede servir ahora y cuando ya seáis proezas del gimnasio. La cuestión es bien simple: márcate un reto y trabaja para superarlo. No puedo explicarte lo satisfactorio que es cuando lo consigues. You gotta do it, bro.

Da igual lo que sea. Yo te diría que te pongas un reto pequeñito y alcanzable (lo mismo que los propósitos de año nuevo). Corre un minutito (o 30 segundos) más cada día, haz una abdominal más, aprende un ejercicio nuevo y perfecciónalo...no sé. Todo vale.

5. Moooooootívate

Si te falta motivación, te cuesta ir al gimnasio o te entra la depresión porque no ves los resultados que quieres (he ahí otro consejo, la PACIENCIA es una virtud) busca cosas que cambien eso. Internet está plagado: fotos, vídeos, blogs...hay de tó. Pintrest y Tumblr suelen ser buenas fuentes...pero esto ya va a gusto de cada uno.

Igual todo el rollo de fitspiration no te va nada y no te motiva en absoluto. Prueba a ir con alguien al gimnasio, conoce allí gente y verás que resulta mucho más sencillo ir.

Otra buena manera es...(una muy guay)...recompensas! Date un caprichito (cómprate algo para el gimnasio, invítate a una comida que te apetezca mucho mucho o lo que tuuuuuu quieras).

Os dejo alguna foto que sacó Emma el otro día en el gym...por eso de seguir documentando y eso.

El deporte y yo

Good morning!

Hoy estrenamos sección en el blog. Hemos creído oportuno y apropiado llamarla Gymtalk. Y he aquí el logo provisional, vamos, que Emma se reserva el derecho a modificarlo en cualquier momento.

Como su nombre bien indica, Gymtalk es el espacio donde vamos a recoger todo lo relacionado con el ejercicio físico. Hemos elegido "gym" y no ejercicio físico en general porque nos sonaba más bonito y porque, básicamente, es donde nosotras movemos el culete y sudamos la gota gorda. Y además, le tenemos mucho cariño a nuestro gimnasio. 

Llevo un rato, días más bien, deliberando qué tema es el mejor para abrir la sección. Y, la verdad, no he llegado a ninguna conclusión. Hay taaaaantas cosas que quiero compartir. Así que, ante la maldita indecisión, creo que os voy a contar cómo ha ido evolucionando mi relación con el deporte. Me da a mi que más de uno/a se va a sentir identificado.

Volvamos al colegio. Alejandra era un pequeño (no tan pequeño) pato mareado andante. Siempre era la última en todo: la última en las carreras, la última en completar el circuito de resistencia, la que se tropezaba con los obstáculos, la que no sabía saltar al potro y también la persona que nadie quería en su equipo. Por lo menos tenía buena flexibilidad. Educación física, especialmente en los últimos años de colegio, era, para mi, la clase de la tortura. Recuerdo que siempre le preguntaba a "la otra clase" qué es lo que habían hecho y, dependiendo del ejercicio, me hacía la enferma o directamente me escaqueaba cual gallina. De verdad, os prometo que lo pasaba mal. No era divertido ver cómo todas mis compañeras ya habían dado 14 vueltas al parque y yo no había completado ni cinco y ya estaba fatigada. Tampoco me gustaba tener pánico al banco y bloquearme cada vez que había que saltar. Y, ¿sabéis qué odiaba? Odiaba cuando teníamos que decir nuestro peso para que el profesor pudiera calcular cuantos minutos teníamos que aguantar enganchados como murciélagos: yo escuchaba los pesos de mis compañeras, hacia una media aritmética de lo más chapucera y, ale, ese era el número que le decía al profesor...quien, con razón, me miraba con una sonrisita de sospecha. Por cierto, ¿sabéis cuánto aguantaba ahí arriba? 1 segundo...por no decir cero. Ahh, se me olvidaba el tema del sudor. ¿Podía gustarme menos calcular fuerzas y aceleraciones en Física mientras me caían gotones, repito, GOTONES de sudor por la cara?

En fin, ¿qué queréis que os diga? Educación Física no era lo mío, o eso pensaba yo. Cada año que pasaba, me reafirmaba más en mi convicción. Sólo quería que llegase segundo de Bachillerato para acabar con esa maldita clase. El deporte y yo NO éramos compatibles. Y llegó. Segundo llegó...con 10-15 kilos más. ¿Qué bien no? Aún así, rara vez vi el deporte como una de las vías para adelgazar. Más bien, nunca se me pasó por la cabeza hacer ningún tipo de deporte. Nunca. Ever. Never. Mi mejor amiga me hablaba de su gimnasio y otros hablaban de sus carreras populares, pero para mi todo eso sonaba muy ajeno, muy lejano. Bueno, he de decir que de año en año me decidía a bailotear unas cuantas canciones de Batuka o del Just Dance, el juego de la Wii.

Nunca nada serio. Cero compromisos.

En Chicago (2º de carrera) fui al gimnasio algún día y la verdad, descubrí que me quedaba la mar de a gusto después de darle a la elíptica y hacer una porquería de abdominales. Pero nada, no me enganchó. A finales de abril, cuando ya quedaba poco para volver a Madrid, descubrí Zumba. Iba con amigas de la universidad y no sabéis lo bien que me lo pasaba. Creo que fue en ese momento cuando me empezó a picar el gusanillo del ejercicio. Digo "empezó" porque no fue hasta ese verano que nos apuntamos al gimnasio. La historia es la mar de simpática: estábamos Emma y yo comiendo en el Vips y a nuestro lado había un hombre con la camiseta de ENTRENADOR PERSONAL. En ese momento, empezamos a hablar sobre ese gimnasio y dijimos, why not? Fuimos a verlo, el comercial nos acabó de convencer y...we were in! Empezamos a ir al gimnasio, aunque nada comparable al compromiso que tenemos actualmente. Íbamos de vez en cuando a alguna clase, hacíamos 20 minutitos de elíptica en modo champiñón y le dedicábamos tiempo al estiramiento. No me acuerdo muy bien, pero creo que hacia Octubre-Noviembre me empecé a enganchar al Body Combat y al Body Jam...iba a esas clases y cuando no tenía tiempo, un poquito de maquinita y listo. Y ya, por fin, llegó Abril, el mes en el que mi vida hizocataplunchimpumpam. Empecé a entrenar con un hombrecito la mar de majo (mi actual entrenador vaya) y a ir al gimnasio 6-7 veces por semana. Me acuerdo que solíamos entrenar los miércoles a las siete de la tarde para que pudiese seguir yendo a mi clase favorita, que era justo después del entrenamiento (Body Jam). Cuando me dijo que iba a hacer dos horas seguidas de ejercicio, os prometo que todo el sudor se me enfrió en un periquete. Llegaba MUERTA a Jam. Pero bueno, ahora sonrío al pensarlo. Como os iba diciendo, empecé a ir a un montón de clases y a hacer religiosamente los circuitos que me mandaba mi entrenador y VOILA!

Le cogí el gusto a pasármelo bien. A desconectar de la rutina. A superarme a mi misma. A vaciar la cabeza de preocupaciones. ¿Qué dramática me he puesto, ehhh? No, de verdad. Al margen del tema 'adelgazamiento', ir al gimnasio me ha aportado tantas, tantas cosas buenas. Para empezar ha cambiado mi visión con respecto al ejercicio: ahora sé que puedo hacerlo, que soy perfectamente capaz de correr, saltar, hacer abdominales, flexiones, sentadillas...LO QUE ME DA LA REAL GANA. Con trabajo y paciencia claro...que he tenido y tengo que trabajar mucho. También me ha enseñado a estar más relajada, ser más relajada en general. No sé muy bien como explicarlo, no es que ahora sea una loca de la vida, sino que ahora afronto los problemas con más calma...me hago más veces la pregunta ...¿de verdad es para tanto?¿Es solucionable? Es un poco un Hakuna Matata light y realista. Además, ahora cuando estoy triste, preocupada, agobiada, enfadada o estresada, se a donde ir y qué hacer. Por último, pero no menos importante, he ganado una cantidad de confianza en mi misma que no cabe ni en el mismísimo Bernabeu. Supongo que también va muy ligada al hecho de haber perdido peso, pero aún así, hay otro algo que es ajeno a esta cuestión. Vamos, a mi me ayuda a aplacar al peligroso monstruo de la inseguridad. Por ejemplo, la zona de los forzudos de mi gimnasio, siempre ha sido territorio prohibido para mi (mentalmente, claro). Que no. Que yo no pertenecía a ese sector. Que se iba a reir todo el mundo de mi, que si estoy demasiado sudada, demasiado gorda, demasiado floja. Ahora (con bastante timidez he de admitir), me paseo por ahí con mis mancuernas, mis sentadillas con peso y mis press de banca, y acabo mi circuito haya quien haya y esté lo sudada que esté. El sudor y yo, señores, es un tema que se merece un post aparte.

Hace un momento, repasando los blogs que leo frecuentemente, he visto esta preciosa ilustración de Agustina Guerrero que nos viene al pelo.

En fin, en resumen, en conclução...hacer ejercicio me hace muy feliz, me hace sentir bien y no concibo mi día a día sin el. Creo que, el ejercicio está hecho para todos...aunque fueses el último mono en el colegio. Como dice Mary Poppins, con un poquito de motivación y empeño, todos podemos engancharnos y disfrutar de sus múltiples beneficios. 

Creo que por hoy ya me he enrollado más que suficiente y encima, llego tarde a 'spinning'! Sieeeeempre igual. Nos leemos pronto. 

Un besotee