Compensar la comida y el entrenamiento

compensar la comida

El otro día estaba entrenando después de una semana complicada en el curro (muchas horas, una rutina diferente….) y en la que apenas he encontrado tiempo (o fuerzas) para entrenar. El caso, estaba calentando y los primeros pensamientos que me vinieron a la cabeza fueron del tipo: “hoy y mañana entreno por toda la semana”. En definitiva, estaba (inconscientemente) tratando de compensar estos días atípicos y de no entrenar con un par de días “a muerte” y “dándolo todo”. Y entonces, me paré a pensar y detuve esta línea de pensamiento. No hay NADA que compensar. Es un día más de entrenamiento y punto. No hay que compensar absolutamente nada, ni en el entrenamiento ni en la comida. Tenemos muchísimos días en nuestras vidas y una semana, en el total, no es nada. No pasa nada. Al final, el pensamiento compensatorio, normalmente, nos conduce a conductas poco eficaces a largo plazo y nos encamina a cometer alguna que otra tontería o, incluso, barbaridad. Os voy a poner en este caso, por cambiar un poco del tema de la comida, el pensamiento compensatorio con el deporte.

Si uno lleva dos semanas sin entrenar y con poco movimiento, por mucho que los meses anteriores haya entrenado con normalidad, necesita un pequeño período adaptativo. El cuerpo y la cabeza lo necesitan. Durante dos semanas no echas nada a perder, pero es imposible pretender que el cuerpo esté en exactamente el mismo punto que hace dos semanas. Al final, con ese día de “hoy compenso” utilizamos las mismas cargas, mismas repeticiones e incluso le damos mayor intensidad a la rutina; no nos damos cuenta que nuestro cuerpo necesita un tiempo de adaptación. Sin ese tiempo, somos mucho más propensos a sufrir una lesión (aunque sea a largo plazo)  y a frustrarnos y desmotivarnos por no llegar al mismo estado de la semana pasada o por no mejorarlo. Nos cuenta mucho parar y darnos cuenta que hemos tenido una serie de factores que han significado que la semana no haya sido igual a la anterior y que explican que no podamos levantar X carga o nos fatiguemos algo más durante el entreno. Nos resulta complicado aceptar que hay MILLONES de cuestiones que nos influyen, tanto física como mentales, y que tienen su impacto en el entrenamiento.

Por no hablar de la culpabilidad que acompaña todo este proceso. Por una parte, nos sentimos mal porque durante X período no hemos entrenado o comido como “deberíamos”. Por otro lado, nos sentimos culpables porque sentimos que no alcanzamos el mismo nivel que antes en el gimnasio o podíamos haber comido “mejor”. Y encima, si con la comida ha habido excesos nos sentimos culpable durante esas comidas y no las disfrutamos como deberíamos.

Un entreno no vale por cinco, igual que una comida no compensa otra. No funciona así la cosa. Simplemente entrena lo mejor que puedas y punto.  Lo mismo con la comida, claro: no necesitas zumos detox para compensar tu tarta de cumpleaños, ni atiborrarte a proteína porque comiste pizza el fin de semana. Simplemente, vuelve a tu rutina habitual y listo.

Vamos a intentar silenciar poco a poco este tipo de pensamientos que suman tan poco y nos quitan tanto. Tratemos de disfrutar de lo que tenemos y hacer lo mejor que podamos dentro de nuestras circunstancias.

Muchas gracias por leerme y nos vemos pronto. Un besote grande. 

¿Por qué nunca me veo bien?

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No sé muy bien cómo enfocar este post: no sé muy bien cómo recoger en palabras la marabunta de pensamientos que se me pasan por la cabeza con respecto a este tema. El otro día enseñé por Stories una serie de fotos de mi hace unos años cuando alcancé mi peso más bajo. Explicaba que en ese momento no me veía bien, que vivía obsesionada con sacar fotos en las que se marcaran los huesos y comparando continuamente fotos en ropa interior frente al espejo. Bien, en ese momento, tras adelgazar mucho y estar más delgada que nunca en mi vida, no me veía bien. Me seguía viendo grande, no acababa de estar como yo tenía en mente que tenía que estar y ciertamente, veía miles de "fallos": en mis brazos, en mi tripa, en mis caderas, en mis piernas...vamos, enterita. No me veía ni bien de cara: me enervaba horriblemente verme la cara tan chupada. ¿Por qué se está yendo la grasa de mi cara y no del resto del cuerpo? Me enfadaba y me culpabilizaba. Explicadme vosotros qué persona tiene el superpoder de elegir de donde se le va la grasa y de donde no. Contadme porque yo no la conozco. Pero aún así, era mi culpa por "no estar haciendo suficiente" (ejem, ejem, dijo doña 5 horas en el gimnasio y comida de pajarito). 

Y sé, porque gracias a muchos de vosotros lo sé, que no estaba (ni estoy) sola. Que verse bien a uno mismo no depende tanto de lo que pesemos como de lo que tenemos en la cabeza. Muchas veces cuando adelgazamos, especialmente quienes hemos tenido sobrepeso u obsesidad toda la vida, lo hacemos creyendo que cuando adelgacemos, cuando ya no seamos gordos, seremos felices. Que todos los problemas mejorarán y la mayoría de ellos se desvanecerán. Creemos (generalizo) pensando que todo lo malo que nos pasa es culpa de nuestro peso, es porque "estoy gorda". Si el chico que me gusta me rechaza es porque estoy gorda, si a mi nadie me elige en el equipo es porque estoy gorda, si no me han dado el trabajo es porque estoy gorda, si mis amigos se apartan de mi es porque estoy gorda, si mi madre se enfada en casa es porque estoy gorda, y si no es por eso, sin lugar a duda, ser gorda lo agrava. 

Y bien, adelgazamos con ese mantra en la cabeza: "cuando esté delgada seré feliz". Y ay, qué equivocadas estamos y cuántas tortas necesitamos para darnos cuenta. Y es que, muchas veces, cuando adelgazamos nos lanzamos a la piscina y boom, no pensamos en si sabemos nadar o no. No tenemos un propósito claro más allá del "estoy harta de ser gorda, tengo que estar delgada para ser feliz" (lo de que lo hacemos por salud ya si eso en otra vida) y tenemos muy claro, cada una, a quien nos queremos parecer. En mi caso, a cualquier bloggera de moda de constitución delgada y aniñada que os podáis imaginar. ¿Tienen algo de malo sus cuerpos? Para nada. ¿Es un ideal alcanzable para mi? No. Porque hay veces que el, "todo es posible" no es cierto; porque tu constitución es la que es, tu genética te viene dada y hay cosas que por mucho que quieras no vas a poder cambiar. O el precio que vas a tener que pagar para cambiarlas es tan alto que seguramente no te merezca la pena. Ejemplifico para que no se me malinterprete: si yo mido 1,60, por mucho que quiera y me enrrabiete, no voy a medir nunca 1,75. Nunca, y es así. Si mi forma de la pantorrilla es curva a los lados, lo es con más y con menos grasa: es su forma y no puedo cambiarla. Punto. 

El problema, muchas veces, es ese. Utilizamos el proceso de adelgazar como un medio sin trascendencia para alcanzar un fin que no siempre es alcanzable y que, generalmente, se construye a base de comparaciones y admiraciones hacia otras personas que consideramos "guapas"o que tienen "cuerpazo". No nos paramos un minuto a pensar qué hay detrás del físico de esa persona, cómo somos nosotros y cómo es nuestro cuerpo, cómo es nuestro entorno o para qué realmente, más allá del tan abstracto "ser feliz", nos estamos embarcando en ese proceso. 

Así pues, nos ponemos las anteojeras (eso que se le pone a los caballos para que no miren a los lados) y pisamos el acelerador. Nos da igual si por el camino nos cargamos postes, se nos desgastan las ruedas o nos quedamos sin gasolina. Hasta que nos llevamos el bofetón. La torta del siglo. Llegar a lo que uno tenía en mente, pongamos pesar X o entrar en tal talla, y sentirse, en muchos aspectos, igual de mal o peor que antes. Seguimos sin tener esas piernecitas largas, estrechas y cuyos muslos no se rozan, en casa sigue habiendo broncas y el chico/a que nos gusta sigue sin estar interesado en nosotras. Vaya, igual no todo era estar gorda. Y la sensación de sentirte pequeñita sigue ahí, de no saber que ponerte porque todo te queda mal también y el miedo a ponerte bañador, ir a la playa o bajar a la piscina...intacto. 

Y he aquí el problema. Cuando adelgazas para ser feliz, con la comparación como motor principal y con tu valía medida por un número (sea el peso, la talla, las medidas, me da igual) estás condenado, más tarde o más temprano, a vivir frustrado. Porque verás, y especialmente me dirijo a quienes nunca han experimentado el ser delgado, que unos kilos menos no te dan la felicidad, que nunca serás esa persona con la que te comparas o la que admiras y que siempre habrá un número más bajo al que llegar. Y eso, queridos lectores, es muy muy peligroso. 

Adelgazar es un camino, y probablemente un camino más largo de lo que te gustaría. Y, soy consciente que, dependiendo del punto en el que estés, lo que te digo no te guste y tengas que pegarte el tortazo por ti misma. Vamos, que no me vas a hacer ni caso. Pero bueno, sigue leyendo, al menos para que tengas ahí el run run. Decía, adelgazar es un camino muy largo; de hecho, es posible que alcances una meta física pero el trabajo mental necesite mucho más tiempo. Quizás, toda una vida...no lo sé. Pero es importante TENER PACIENCIA y buscar SIEMPRE hacer las cosas bien desde el principio, empezando por huir de las dietas milagro y los planes de entrenamiento en los que en 5 días has perdido tu grasa corporal. Es fundamental, que te aprecies y te valores en función de los logros que hagas como persona: ir a una clase colectiva aunque te daba vergüenza, elegir frutos secos en lugar de gominolas, atreverte a decirle al chico que te gusta lo que sientes, ponerte en bañador...¡LO QUE SEA! Lo que sea que a ti te haya hecho superarte y te haya hecho sentir bien. Algo que estés orgulloso de contarle a alguien, que te haga avanzar y crecer como persona. Y esto puede o no estar relacionado con adelgazar, insisto todo sirve. Adelgazar es una parte más de tu vida, pero no ES TU VIDA. Tu no eras antes una persona diferente cuando estabas gordo. Te guste o no eres la misma persona, con muchos cambios, pero el mismo cerebro, las mismas manos y el mismo todo. Habrá muchas cosas de tu pasado como gordo, repito, especialmente si lo has sido siempre, que no se irán con la grasa y con las que tendrás que lidiar para encontrar esa ansiada felicidad. Adelgaza por y para ti. 

Y después de mucho leer, ahí tenéis mi respuesta a la pregunta: los números y las comparaciones son ladrones de felicidad. Os suelto el rollo que os he contado no porque yo haya asimilado esto al 100%. Para nada, a mi me cuesta esfuerzo diario y días muy malos aplicarme lo que os comento aquí. Pero sí que es verdad, que no siento que merezca menos por no estar como X persona ni voy al gimnasio con el único propósito de quemar y quemar y quemar calorías. Lo que no quita que muchas veces vea una foto en Instagram y diga, jope ojalá tuviese ese cuerpo. En otro post podemos hablar de cómo lidiar con este tipo de pensamientos, que si no se nos va a hacer muy largo el post.

Espero que os haya gustado y que me comentéis lo que penséis o necesitéis. Quereos mucho. Un beso gigante. 

 

Motivación y disciplina para adelgazar. ¿Cuál es la diferencia?

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¡Hello aleolis!

Dicen que para adelgazar hay que estar muy motivado: motivado para "hacer dieta", para entrenar, para resistirse a la tarta de cumpleaños de tu mejor amiga o, en general, para conseguir un objetivo. La idea general es que necesitamos grandes dosis de motivación para lograr algo, en este caso adelgazar. Y sinceramente, desde mi punto de vista, lo que realmente necesitamos para lograr bajar de peso y MANTENERLO en el tiempo es disciplina. Y como todo lo bueno, cuesta un poquito conseguir dominar este arte. Pero bueno, vayamos por partes. 

La motivación esta genial y es FUNDAMENTAL para arrancar. Pensemos en un coche, ¿de acuerdo? Bien, la motivación podría asemejarse al gesto de introducir la llave y girarla para que arranque el coche, pero lógicamente para que éste se mueva (al menos de momento) necesitaremos apretar de manera continuada el pedal y el freno. Simplemente con el giro de la llave no es suficiente. Como decía, necesitamos apretar el freno, el acelerador y tener gasolina en el depósito; digamos que estos elementos podrían compararse con la disciplina. 

LA MOTIVACIÓN

Y, ¿por qué no podemos depender ni sustentar nuestro proceso de pérdida de peso en la motivación? Porque ésta, queridos lectores es dependiente de muchos factores: de nuestro estado de ánimo, nuestro estado emocional y un montón más de factores. La motivación puede durar más o menos tiempo, pero SIEMPRE es temporal. Resulta IMPOSIBLE mantener un mismo nivel de motivación con respecto a un tema durante toda una vida. En el caso de adelgazar, es imposible estar siempre A TOPE y lleno de ganas y POWER interior: habrá veces que te frustres, que no logres los avances que esperabas o que des algún paso hacia atrás. Y todo ello tendrá impacto en la motivación. Cuando dependemos de la motivación para hacer algo, normalmente, únicamente lo llevemos acabo cuando nos sintamos de determinada manera. Y, como digo, habrá MUCHOS días en los que la motivación no esté por las nubes. Este es el motivo por el que las dietas no funcionan. Esperamos a ese lunes en el que estamos super motivados para comprar lechuga en lugar de Nocilla y cambiar las galletas por pan integral; pero resulta, que el miércoles en el trabajo te ha caído una bronca de tres pares de narices, hayáis discutido con vuestra pareja y tengáis vacía la nevera. En este momento, en el que se dan todos los factores para que toméis decisiones que el lunes no querías tomar es cuando la motivación no funciona. Es hora de la CHAN CHAN CHAN...¡DISCIPLINA!

LA DISCIPLINA

La disciplina es nuestra mejor superpoder; no importa como te sientas, qué te apetezca o no, a la disciplina no le importan tus sentimientos, es una gran roca emocional, únicamente quiere QUE LO HAGAS. Aplicar la disciplina para conseguir nuestros objetivos es un método de resolución de problemas que no depende de cómo nos sintamos. Es decir, cuando aplicamos la disciplina, no esperamos a tener ganas para hacer algo, lo hacemos a pesar de no tener ganas. La disciplina, es lo que crea hábito. ¿Es sencillo? ¿Es fácil? No. Como todo lo bueno, cuesta. En general, de manera natural, nos resistimos al cambio, a lo difícil, a lo tedioso, a lo que nos da miedo. No obstante, cuando hacemos aquello que estamos posponiendo por pereza, falta de motivación, desgana y demás, el subidón de adrenalina, de orgullo y confianza personal son incomparables. Y, al final, esta sensación, el saber que estás haciendo para ti lo que más te conviene a pesar de que no sea lo que más te apetece en ese momento, es lo que creará el hábito. Y de ahí, aleolis, ya es muy difícil salir. 

LA RELACIÓN DISCIPLINA - MOTIVACIÓN

¿Quiere esto decir que nos olvidemos de la motivación? ¿Que no la necesitamos para nada? EEEERROR. En absoluto. Hemos dicho que el coche no funciona sin arrancarlo, ¿no? Tenemos que aprovechar los picos de motivación para construir y trabajar la disciplina (como un músculo) o para proporcionarnos un extra de ganas que nos permita entrenar con más intensidad o ponernos un poquito más creativos en la cocina. En ocasiones, esos picos duraran más y en otras menos, pero SIEMPRE tenemos que aprovecharlos mientras duren, no depender de ellos. 

Pero, ¿quiere esto decir que no puedo tener ni un día vago?¿Un día que no me apetece hacer nada? CLARO QUE SÍ. Un año tiene muchos días, muchos días para todo. Dentro de los 365 días con los que contamos, hay días que nuestro cuerpo nos va a pedir no entrenar, nos va a pedir comer algo que se salga de nuestra alimentación habitual. Claro que sí. Y está BIEN. No pasa nada, no hay cabida para los remordimientos. Para eso está el hábito y la disciplina, para reconducirnos de nuevo. Eso sí, que estos días sean puntuales, que no se convierta en una espiral infinita. 

Así que, en conclusión y para ir acabando, que me he enrollado mucho: si quieres hacer algo ponte hoy mismo, ahora mismo...aunque no te apetezca. Da un pasito. Por norma general, la motivación llegará y aumentará en cuanto te pongas en marcha y te decidas a hacerlo. Lo cual me recuerda mucho a esta famosa frase de Picasso: "La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando". Pues algo parecido pasa con la motivación...que al fin y al cabo, no deja de tener un gran componente de inspiración ;). 

¡Un besote muy fuerte! Nos leemos pronto :)

 

Lo haré cuando adelgace

motivación adelgazar como perder peso lo haré cuando adelgace

"Lo haré cuando pierda peso". "Me apuntaré cuando esté delgada". "Me lo pondré cuando me quite esta tripa". Estas son algunas de las frases que me repetía (y que todavía, de vez en cuando, resuenan) una y otra vez. En mi cabeza, todo lo bueno me llegaría y me pasaría cuando estuviera delgada: ir a la piscina de mis amigos, irme de vacaciones a la playa, ponerme una falda o vestido o apuntarme a clases de baile. Estas eran sólo algunas de las cosas que posponía hasta que, milagrosamente, algún día consiguiese perder peso. Vaya, puse mi vida en pause hasta que estuviese delgada. Durante mucho tiempo asocié la felicidad a estar delgada, creía que cuando estuviese delgada alcanzaría un estado de felicidad tal que sería capaz de hacer todo aquello que estaba dejando de hacer, decir todo lo que me estaba conteniendo y, en definitiva, vivir. Me privé de todo esto por el hecho de estar gorda, como una especie de castigo por mi condición.

Lo duro llegó cuando adelgacé y todavía no era capaz de darle al "play". Seguía sin tener la confianza para hacer todo aquella que había imaginado durante años y me mantenía centrada y agobiada en seguir perdiendo peso, puesto que, para mi, todavía estaba muy lejos de "estar bien". De esta manera, seguí en el mismo pensamiento del: "cuando llegue a pesar tanto, haré X". Hasta que un día, me di cuenta, y por fin advertí que, el estar delgado no da la felicidad divina  ni el pase directo para alcanzar tus aspiraciones, deseos y metas. Que la vida no pasa de negro a blanco por estar delgada. Simplemente no es así. Muchos de nosotros empezamos a adelgazar con esa mentalidad: que todos nuestros problemas se esfumarán una vez estemos delgados y es importante ser consciente de que, aunque muchas cosas puedan mejorar, el mundo sigue igual y el nuestro particular también. Hay muchas otras variables y circunstancias en la vida que nos rodean y nos influyen. 

Por eso es importante trabajar la cabeza en un proceso de pérdida de peso y, sobre todo, estemos en el peso en el que estemos, no poner nuestra vida en pausa. En mi caso, creo que ese fue el motivo principal que me impulsó a adelgazar: ver que pasaban los días/años (a una velocidad vertiginosa) y yo dejaba pasar de largo todo aquello que me apetecía hacer: viajes con mis amigas, días de piscina o prendas de ropa que me hubiera encantado ponerme. Aún así, me equivoqué pensando que todo esto dejaría de ser una preocupación una vez adelgazase, porque no lo fue. Incluso a día de hoy sigo trabajando para superar miedos e inseguridades que un día pensé que no tendría en mi estado actual. 

Así que, desde mi experiencia te digo, estés donde estés: VIVE. Haz lo que te apetezca hacer peses lo que peses y tengas lo que tengas; el tiempo pasa mucho más rápido de lo que nos gustaría y no hay sentimiento más amargo que el "me quedé con las ganas de". No vales menos ni tienes menos derecho a disfrutar de lo que sea por estar gordo/a. Te recuerdo que no somos únicamente nuestro cuerpo, que hay persona más allá. 

Y dicho esto, ¡a vivir!

 

¿Engorda el plátano?

Photo by  Mike Dorner  on  Unsplash

Photo by Mike Dorner on Unsplash

Cuando empezamos algún tipo de dieta o estamos pensando en adelgazar, una de las frutas que se nos aparece en pesadillas por las noches y quitamos de cuajo, como si de veneno se tratase, es el plátano. Supongo que es por su sabor dulzón, el plátano tiene fama de ser una fruta ultrahipermega calórica que nos impedir ganar nuestra agónica batalla contra la báscula. Sufirmos, miramos el plátano en el frutero con ojitos de deseo, pero no probamos bocado porque el plátano engorda. 

¿Y si te digo que no, que el plátano no engorda? Que el único que engorda eres tú. que el plátano no sube ni medio gramo. Pero bueno, bromas aparte, el plátano no te va a hacer engordar ni va a ser el freno de tu proceso de pérdida de peso. 

Te lo digo desde ya. NO LE TENGAS MIEDO AL PLÁTANO. Se puede adelgazar comiendo plátano, no hay necesidad de sufrir y prohibirnos disfrutar algo tan rico como el plátano. El plátano es un alimento muy muy nutritivo. Tiene un compendio de elementos (antioxidantes, potasio, azúcares, fibra) completísimo y muy beneficioso para nuestra salud. El plátano tiene mucha fibra, y dirás, ya me viene ésta con la pesadez de la fibra y lo importante que es. Pero amigo, la fibra es tu aliada. 

La fibra no solo es buena porque nos ha dicho una caja que lo es. La fibra, en la mayoría de casos, nos va a aportar una sensación de saciedad muy beneficiosa a la hora de perder peso. Cuanto más saciados nos sintamos menos comeremos con ansiedad, entre horas o en modo "pozo sin fondo" cuando llegamos a la comida o a la cena. Además, me voy a poner un poquito más técnica, la fibra ayuda a controlar la insulina y reducir los niveles de grelina, que es la hormona que nos abre los apetitos. Y bueno, que quede claro que la fibra tiene otros muchos beneficios, pero me quiero centrar ahora mismo en la cuestión de perder peso. 

Como siempre, la clave está en la cantidad. Piensa que una ración de plátano se traduce en medio plátano grande o uno pequeño. Si entre comidas incluyes una ración de fruta, no tienes que tener miedo de que sea un plátano. Si te apetece adelante, no hay problema. Eso sí, el único contra que yo le encuentro para incluirlo entre comidas es que me lo acabo muy rápido y me quedo con la típica sensación de "¿y ya?", por lo que prefiero frutas que tarde más en comer como la manzana o las fresas.

¿Cuándo tomo yo el plátano? Casi todos los días como un plátano: ya sea entre horas, antes de entrar (es un EXCELENTE pre-entreno y un excelente post-entreno acompañado de una proteína) o para desayunar con una taza de avena en forma de tortitas. 

Y hasta aquí por hoy con el plátano. Espero que os haya quedado claro lo importante, que PODÉIS comer plátano sin problema aunque queráis perder peso. Cualquier duda, ya sabéis, me podéis escribir al email o dejar un comentario por aquí🙋. Un besote enorme!

#sayonaragrasa: etapas

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Aloha matriculeros! 

Al fin retomo esta sección. Bueno, al fin retomo (o intento) retomar el ritmo normal del blog...que ya sabéis, con estos tres meses tan intensos de curso ha sido realmente difícil compaginar todo. Pero bueno, lo que quería decir es que esta sección es muy especial para mi por varios motivos: por un lado, os hablo desde el punto más humano, íntimo y sincero del proceso de perder peso. Por otro lado, trato de poner en palabras lo que se nos pasa por la cabeza en todo este camino y que, muchas veces nos hace sentir solos, incomprendidos y, muchas veces, nos desvía al camino menos acertado (es decir, nos aleja de nuestra meta). 

Una de las cosas que más me cuesta escribir en los #sayonaragrasa son los títulos, porque de verdad, lo que os quiero contar es tan amplio, abstracto y personal que es difícil resumirlo en unas cuantas palabras. Pero bueno, creo que "etapas" resume bastante bien lo que os vengo a contar hoy. 

El post de hoy va para todos aquell@s que llevamos bastante tiempo en este vaivén del peso, toda la vida incluso. El caso es que cuando decidí perder peso de manera seria, esto se convirtió en mi prioridad casi absoluta en mi vida. En la universidad bajé significativamente el rendimiento (también os digo que no me gustaba la carrera, entonces clá...), salir de fiestorra, cenas y demás lo reduje a lo mínimo y básicamente me centré en controlar/mejorar mi alimentación, entrenar como si fuese a competir en las Olimpiadas y poco a poco introduciéndome más en temas de nutrición y entrenamiento. Y realmente, eso ha sido mi vida durante unos años. Quiero decir, no me imaginéis 24h en el gimnasio y con un libro de macronutrientes en la mano durante 3 años, pero sí que priorizando un entreno frente a unas cañas con amigos después de acabar el curso. Que no estoy diciendo que esté bien ni mal, simplemente fue. 

Como os digo, mi carrera no me motivaba demasiado y nunca he sido una persona de grandes grupos de amigos. Me ENCANTA la gente, pero siempre me han dado miedo los grupos grandes, salir de fiesta y demás eventos que requieren que te relaciones con gente de golpe y, generalmente, con alcohol de por medio. En cuanto a la carrera, el hecho de estar tan descontenta con mi elección y estar más perdida que una peonza en lo que a mi futuro laboral se refería me llevó a un estado de negación y retrasar al máximo el momento de tomar decisiones. No sabía qué quería hacer: si estudiar otra cosa, empezar a trabajar, montar algo por mi cuenta. En fin, un poco lo que le pasa a mucha gente en los últimos cursos de universidad. Así que yo decidí refugiarme en la comida, el deporte y la cuestión del peso para retrasar todo lo posible el buscar una solución a estos "problemas". Así que nada, yo me mantuve muy centrada en todo lo relacionado a mi cuerpo, diese o no diese resultados más o menos visibles (que también, ese es otro tema). 

¿Y qué ha pasado ahora? Pues bien, en los últimos meses/años me han surgido un montón (bueno, unos cuantos) de proyectos chulos, el curso que os comento me ha ayudado a hacerme una idea de lo que me gusta, donde creo que podría encajar y me ha despertado una "ambición laboral" que no sabía si algún día encontraría. Esto se traduce en ganas de ir a eventos, charlas, estudiar y apuntarme a saraos diferentes al gimnasio y la nutrición. Además, la Ale social ha despertado e intento ir a cualquier jarana que se presente. Tampoco es que tenga el calendario reservado hasta fin de año, pero quiero decir, que en este momento, priorizo un terraceo con mis compañeros de clase después de unas presentaciones a una clase de Combat. Y ojo, que no digo que lo anterior estuviese ni bien ni mal. Simplemente, ahora mismo, en este momento de mi vida, esa interacción social me aporta más y me hace más feliz que ir al gimnasio. Y no está mal. Para mi, significa superar una especie de fobia social tonta que llevaba arrastrando durante no sé cuanto tiempo. Y sienta bien, muy muy bien. 

¿Qué quiero decir con esto? Que en este momento, con el posgrado, la emoción que cargo ahora en lo referente a mi futuro profesional y el subidón social que estoy viviendo, la cuestión de adelgazar, de entrenar todos los días de la semana y llevar una alimentación de diez está en un segundo plano. Y digo segundo plano y no olvidada, porque me sigue importando mi cuestión del peso: como bien (pero mis cañas y extra de comer fuera caen), sigo yendo al gimnasio (aunque sea dos veces a la semana) y quiero estar en un porcentaje de grasa saludable. No puedo olvidarla porque sigue siendo parte de quien soy y me gusta hacerlo, es más, lo hago con gusto. No obstante, mi proceso de adelgazamiento no está a full, y por ello, tampoco veo resultados escandalosos y sorprendentes. Y no pasa nada. No es más que una etapa. Igual que lo fue vivir por y para mi cuerpo durante la etapa anterior. 

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Lo que quiero daros a entender con esto es que os deis una oportunidad y viváis cada etapa. En mi caso, al principio de esta etapa pasé por una fase en la que me sentía enormemente culpable por no ir tanto al gym, por no poder darme más caña en los entrenos, por no estar cumpliendo el plan al 100% y, en definitiva, no estar tan centrada en mi proceso. Lo que no me daba cuenta es de todo lo que estaba (y estoy) ganando en otras esferas de mi vida y de lo mucho que estoy aprendiendo y creciendo como persona. 

Bueno, vuelvo a lo que quería decir. Adelgazar, o haber tenido sobrepeso toda la vida y estar en proceso de perderlo, puede ser un proceso muy largo. Y cuando digo muy largo, no me refiero ni a uno, ni a dos ni tres años. Puede ser mucho mucho mucho mucho más largo. Y entre medias, nos pasan cosas....bueno, pasa la vida. Y también es importante que seamos conscientes de lo importante de vivirla y apreciar las cosas buenas de cada una de estas etapas. No se trata de excusas ni justificaciones, simplemente, lo que comentaba en un vídeo: life happens. Considero que es crucial que sepamos identificar qué nos aporta cada etapa, cómo nos afecta, qué nos aporta y no martirizarnos por cambiar las prioridades o reajustar rutinas y maneras de hacer las cosas y ver la vida. Ay matriculeros, ¡menuda montaña rusa! Eso que dicen que la vida se compone de momentos, yo me lo tomo casi como lema de vida. Tenemos la responsabilidad y la capacidad absoluta de decidir qué momentos escogemos para construir nuestras experiencias y, aunque suene un poco a lo grande, nuestra vida. Haz todo aquello que creas que te suma, que te aporta experiencias y te hace crecer. Y si alguna vez hay algún conflicto entre ellas, es decir, estás dejando de hacer una por la otra (de manera sistemática), trata de encontrar ese punto de equilibro, ese ansiado punto medio que te va a permitir irte a dormir con una gran sonrisa cada noche. 

Bueno, espero que se me haya entendido y espero que me contéis como siempre vuestras propias experiencias, pensamientos y opiniones. 

¡Un besote fuerte!

Embutidos embusteros: ¿cuál comprar?

pavo envasado no sano

"Eh! Que ya me he empezado a cuidar, ahora como pavo todos los días" Esta es una de las frases que me repite la gente de mi entorno cuando llega enero, mayo o septiembre y quieren "cuidarse" un poquito. También en un intento de llevar una alimentación más "sana" se oye mucho. Y es genial, no me confundáis. El mero hecho de querer pulir la alimentación es un paso enorme en sí mismo, así que por esa parte ninguna queja. El problema es que hay una confusión con respecto a lo que es y lo que no es el pavo (de embutido) que ni el peor de los sudokus. Y en general con los embutidos. Cuando voy a la charcutería se me llevan los demonios cuando oigo a un cliente, con la firma convicción de que está tomando una buena elección, pedir 100 gramos de pavo sin grasa, sin lactosa y sin sal. Y, estaréis pensando ¿por qué? Pues bien, esa persona que quiere cuidarse y que piensa que está comprando un alimento de lo más saludable en realidad está comprando un producto que contiene un porcentaje muy bajo de pavo y una extensa lista de ingredientes de dudosa calidad nutricional.

No nos vamos a engañar, los embutidos son un recurso, para muchos, delicioso y práctico. Son rápidos de comer, muy versátiles a la hora de elaborar preparaciones y también son portátiles. Pero, en el "lado oscuro", se trata de productos procesados, con un alto contenido en sodio y que, en su mayoría, incluyen ingredientes como la dextrosa (azúcar) o la fécula de patata. 

Y es que, los embutidos son los reyes del "sin": los compramos por lo que NO tienen y no nos preocupamos por lo que SÍ tienen. El etiquetado de estos productos es extremadamente confuso y están diseñados para que nuestra atención se centre en que no tiene grasa frente a otras cuestiones como el ridículo porcentaje de carne que contienen. Pensadlo, ¿por qué el pavo, que de manera natural no contiene gluten, necesita una etiqueta que indique que no tiene? o ¿por qué el pavo, que ya de por si es bajo en grasa, necesita una pegatina de "reducido en grasa"? ¿De verdad te compensa una mínima reducción en el porcentaje de grasa en un producto que de por sí es bajo en grasa por un puñado de sal y azúcar (entre otros)? Quizás es mejor que contenga un poquitín más de grasa pero que sea un 90% pechuga de pavo. Cuánto daño ha hecho la maldita obsesión anti-grasa. No hay que irse muy lejos para confirmar esto, pregunta a cualquier charcutero por pavo natural -sólo pavo- y no te ofrecerá ninguna de las marcas más comerciales y más "televisivas". Y es que ¡manda narices! Me fastidia mucho ver cómo gente que intenta tomar buenas decisiones no lo hace por una cuestión de publicidad.

Pero bueno, vamos a ponerle solución a esto en un periquete y vas a saber qué y cómo pedir en la charcutería. (Recuerda que se trata de producto procesado, por lo que vamos a evitar que se convierta en la base de nuestra alimentación. Mucho mejor que ases/cuezas una pechuga de pavo de la carnicería y la desmenuces...nos entendemos, ¿no?:

  1. Menos es más. En general, la mejor opción será el pavo que menos etiquetas, colorines y demás tenga. No tiene ni un color blanquecino, ni rosa rosa ni nada por el estilo. 
  2. El pavo. La marca que yo compro es Frial, y aunque tiene sal añadida es lo más natural que he encontrado hasta la fecha. 
  3. Jamón York. Tiene algo más de grasa que el pavo, pero de nuevo, pregúntale a tu charcutero por el más natural. Uno que simplemente esté cocido y YA. 
  4. Jamón serrano. Ya sabéis que yo sin él no puedo vivir, me encanta, la adoro y siempre será así. Pero como es un alimento que consumo casi a diario, procuro pedir de la parte alta que absorbe menos sal y siempre le quito la parte de la grasa. 
  5. No te obsesiones con el "sin". Que no tenga uno u otro elemento no quiere decir nada, es más, seguramente se ha quitado algo para incluir más de otro. Por ejemplo, grasa por azúcar. 
  6. Invierte en salud. El pavo y el jamón natural son algo más caro que el resto de opciones, pero créeme, si comes de forma regular embutidos, estás invirtiendo en salud. 

Pero Ale,

¿Cuánto puedo comer? Depende. Una ración equivaldría a una loncha grande o dos pequeñas. En mi caso, por ejemplo, que tengo tres raciones en el desayuno, tomo tres-cuatro lonchas de jamón serrano. 

¿Es verdad que pueden dar cáncer? Como ya hemos visto, los embutidos son productos procesados que contienen grasas (en su mayoría de las menos deseadas), una alta cantidad de sodio y sí, tienen cierta relación con el cáncer. Y esto, ¿por qué? Para responder a esta pregunta (bueno, y consultar todo el post) hemos consultado a mi nutricionista Krizia. Krizia nos explica que, en estos procesos se añaden nitritos, nitratos y otras sustancias químicas que pueden estar asociadas al desarrollo de cáncer, principalmente al cáncer colonrectal o cualquier parte del estómago. Ahora, tampoco es cuestión de alarmarse:  siempre y cuando consumamos los de mejor calidad y evitemos tomarlos a diario no pasa nada. No obstante, debemos tener siempre en cuenta que dentro de los embutido enlatados, curados, ahumados y demás, el número de opciones no saludables es bastante mayor al saludable. 

¿En qué casos es mejor evitar su consumo? Bien, Krizia lo desaconseja a personas con hipertensión, problemas cardíacos, retención de líquidos y  enfermedades renales.

Y hasta aquí el post de hoy. Y vosotros, ¿soléis tomar embutido a diario? ¿cuál es vuestro preferido? Espero que os haya sido útil y cualquier duda, ya sabéis, podéis dejarlo en los comentarios o -mandarnos un email. ¿Soléis tomar embutido a diario? ¿Cuál es vuestro preferido?

pavo natural o envasado adelgazar
pavo jamon envasado dextrosa

** Este post lo he escrito junto a mi nutricionista Krizia Radesca, quien se ha encargado de supervisar toda la información que os traigo. 

Batidos de proteína: ¿sí o no?

foodspring proteina opiniones

Una de las dudas más recurrentes que recibo gira en torno al tema de la proteína en polvo. Si yo tomo, si no, si es buena, si es mala, si adelgaza, si engorda o si merece la pena gastarse el dinero en ella. También he escuchado en más ocasiones de las que me gustaría que un entrenador ha puesto como condición imprescindible tomar tal proteína junto a tal producto de suplementación (normalmente acompañado de una tienda o marca específica…qué casualidad) para lograr un objetivo, generalmente, perder peso. 

.Así que bueno, voy a tratar de contestar a las dudas más frecuente y si se queda algo me lo dejáis en los comentarios. 

proteina en polvo buena o  mala

La proteína en polvo no es milagrosa, no es indispensable y no hace falta consumirla si no queremos. Podemos optar su consumo por múltiples motivos, entre ellos, la practicidad/comodidad o la necesidad de cubrir una cantidad de proteínas “x” que a través de las comidas principales del día no alcanzamos a satisfacer. Las proteínas no se crean mediante fusiones galácticas y se extraen de alimentos reales, así que, no, la proteína no es el demonio. Por ejemplo, la famosa “whey proteína” se extrae del suero de la leche. Nutricionalmente son igual que si las adquirieras de otra fuente. Así que por ahí tranquilidad. 

Voy a hablar un poco para el común de los mortales que ni entrena 5 horas al día, ni va a competir ni na de na. El batido puede ser una opción buena cuando, por ejemplo, vamos a entrenar y no queremos andar con comida por ahí que igual requiera utensilios o algo más de tiempo. Si vamos con el corre corre del día a día, el batido puede ser extremadamente cómodo y práctico para muchas personas. ¿Que no tienes prisa y luego vas a ir a casa? Trata de tomar esa proteína de un alimento. Pero oye, que te provoca o te pica la curiosidad, no pasa nada, es una opción preferible a lo que se suele ver de merienda por ahí. De hecho, un batido de proteínas tiene un efecto saciante, puesto que te hace sentir lleno por más tiempo y a nivel mental, como suelen ser más bien dulces, calman un poco ese apetito dulzón que a veces nos invade. Pero, insisto…NO son necesarios. 

También tenemos que tener en cuenta que la proteína en polvo TIENE calorías, y que un exceso de calorías, vengan de donde vengan, nos va a hacer ganar peso. Así que, eso también tenemos que tenerlo en cuenta si queremos incluirlo en nuestro plan de alimentación. Tenemos la tendencia a pensar que lo líquido no tiene calorías y, desgraciadamente, la cosa no funciona así. Una noche de fiesta puede dispararnos las calorías del día una barbaridad. 

¿Qué hago yo? Cuando consumo proteínas, como en el ejemplo de arriba lo hago por una cuestión de practicidad. En el desayuno, cuando me hago gachas incluyo la proteína ya que en mi plan tengo que consumir proteína en los desayunos y no me entusiasma acompañar la avena de pavo, huevo, pollo, etc. También, de vez en cuando, varío mis meriendas, que suelen ser fruta, por un batido, pero vamos, que podría prescindir de ello sin problema.

whey protein beneficios

Y hasta aquí el resuelve-dudas de hoy. Este post lo he escrito junto a mi nutricionista Krizia Radesca, quien se ha encargado de supervisar toda la información que os traigo. 

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También querría agradecer a Foodspring por darme la oportunidad de probar su línea de productos, entre ellos su proteína de fresa y frambuesa. Lo primero, aclarar que no soy especialmente fan de las fresas en repostería, dulces y demás, con lo cual es difícil que sea un sabor que me vuelva loca. No obstante, ambos sabores están ricos, me saben a chuche y sobre todo, me gusta muchísimo la textura. Con un chorrito de leche de almendra sin azúcar tenemos una merienda súper saciante y deliciosa. Si queréis probar cualquiera de sus productos con un 15% de descuento podéis introducir el código lamatricularojaFSG al finalizar la compra y lo tendréis resuelto. Poco a poco os iré contando más opiniones sobre los productos que me enviaron para que tengáis una idea más precisa de lo que ofrecen.

 

Conquistando la piscina

Alone Series by Belhoula Amir

Alone Series by Belhoula Amir

Aloha matriculeros!!!!!!!

Ya son unos cuantos años con vosotros, y unos cuantos años compartiendo muchas de las cosas que me han pasado a medida que he ido creciendo y han ido pasando los años. Por eso, no podía dejar de documentar el día de hoy. Porque la verdad ha sido un día diez, bueno, por lo menos la mañana. Recuerdo aún un post en el que os contaba cómo por primera vez en no se cuanto tiempo me había atrevido a ponerme...UNOS PANTALONES CORTOS!! Increíble...de eso hace justo un par de veranos. Mini paso que ahora mismo está más que dado. A día de hoy llevo sin ningún tipo de problemas faldas, vestidos y pantalones cortos. Parece una tontería (y lo es), pero para quien haya estado/esté en esta situación es fácil ponerse en mi lugar y entiende la satisfacción y el orgullo que produce esta chorrada. 

Bueno, pues hoy os vengo a hablar porque al fiiiin, he conquistado uno de mis GRANDES GRANDES terrores: la piscina...o más bien, el bañador. YES. Y ha sido maaaaaaaravilloso. Mucho más maravilloso que andar asada en Madrid en agosto, mucho más maravilloso que corretear con la toalla de aquí para allá y desde luego, mucho mejor que rechazar planes por no aparecer por la piscina. De hecho, no se me ocurre nada malo que haya venido de ponerme el bañador y meterme a la piscina: tengo un bañador monísimo, he entrenado una hora entera en el agua y me he sentido libre como un pececillo. De verdad, ha sido una sensación genial. 

Lo curioso es que lo lógico hubiera sido que cuando ya estaba más delgada, cuando creía tener mucha más confianza en mi (hace dos años), hubiera cogido y me hubiera metido al agua. Pero no. Y es que creo que todo tiene su momento. Mentalmente me siento muchísimo más fuerte, más segura y más "me la suda todo" que nunca. Y esto, como he dicho muchas veces, creo que se va ganando con la edad...y aún me queda mucho eh? Vamos, tiro yo la primera piedra. Pero bueno, mejor ahora que cuando tenga cincuenta años. Me niego, en rotundo, a seguir perdiéndome experiencias y "vida" por esto. No me veo dejando de jugar con mi hijo (hablando a muchos años vista :D) en la piscina por mis propios complejos. No. No. Y NO. 

Además hoy, me he grabado practicando fuerza para dominadas y he flipado. Es un ejercicio que hago con relativa frecuencia y nada, para mi es uno más. Pero al grabarme y verme he pensado...holyshit. ¿Dónde está esa niña que durante la prueba de aguantar en la barra en clase de Educación Física se escondía debajo de las colchonetas? ¿La que suspendía la prueba por no poder ni agarrarse? La que sudaba la gota gorda porque tenía que informar (o más bien inventar) al profesor de su peso. Bueno, la niña está aquí escribiendo, un poco más mayor. Pero bueno, me ha llenado de orgullo, la verdad. Y pienso que si mi yo de ese momento me viese ahora mismo, estaría muy orgullosa. Así que, otro extra de la mañana. 

 
 

Pero bueno, que sepáis que SÍ, que me ha dado vergüenza. Que se me ha hecho muy raro quitarme la toalla y meterme dentro del agua. Que me viesen los socorristas. TODO. Que ayer cuando me compré el bañador y me lo probé al llegar a casa, no me atrevía a mirarme en el espejo de cuerpo entero. Que tampoco es fácil para mi, pero merece la pena, de verdad. Si medianamente te identificas con esto y sigues privándote como yo hasta ahora (11 años sin meterme al agua), de corazón te digo que lo hagas, que no pierdas más tiempo y te permitas ser libre y disfrutarte al máximo. Ahora, tampoco te martirices si no te sientes capaz en este momento. No pasa nada. No eres yo ni nadie más. Un día, si de verdad lo quieres, si de verdad te convences a ti mismo de que NO HAY MOTIVO por el que tú no puedas ponerte un traje de baño y zambullirte, lo harás. Y ese será tu momento. Un momento feliz y un paso gigante. Recíbelo con orgullo, date un autoabrazo y a seguir conquistando miedos. 

Un besote ENORME. 

Sayonara báscula

 ¡Hola matriculetaaaas!

¿Cómo estáis? Hoy os traigo una pequeña reflexión que normalmente subiría únicamente a Instagram, pero he pensado que no está de más compartirla por aquí puesto que las fotos de Instagram van bajando, van bajando y al final caen en el olvido. En cambio, por aquí siempre podéis ir al archivo de posts y releerlo o compartirlo cuando queráis.

Como la mayoría de los que estáis leyendo ya sabréis yo bajé mucho peso cambiando mis hábitos alimenticios y haciendo mucho deporte. Sí, dejé de comer cantidades industriales de comida, cambié las croquetas de jamón por rollitos de lechuga con atún y me dejé la piel en clases de Body Combat (entre otras). Efectivamente, perdí peso, me empecé a poner la ropa que nunca me había atrevido a ponerme y me sentía meeeejor que nunca...a ratos. Ahora bien, durante este proceso convertí a la báscula en mi medidor de felicidad: me pesaba varias veces al día (al levantarme, después de desayunar, antes de hacer deporte, después de hacer deporte, antes de acostarme, etc, etc) y si el número no cuadraba con lo que yo quería que indicase, amigo mío, el día ya no tenía sentido alguno, algo estaba haciendo mal y me sentía fatal.

Una vez al mes, mi entrenador me pesaba y tomaba medidas para ir viendo los avances y mantener un control. ¿Tiene algo de malo esto? A bote pronto, no. Claramente, es importante saber si determinado entrenamiento y dieta esta funcionando o no y crear un historial del progreso. En principio, no hay nada malo, ¿no? Pues en mi caso, llegó un punto en el que si llegaba el día de pesar y el número de mi báscula no había bajado o bajado lo suficiente trataba de cancelar el entrenamiento o simplemente no comer nada hasta la hora de medir, después entrenar y ya después comer algo. Entrenaba a las cuatro de la tarde, señores. Me tiraba desde las 7 de la mañana hasta las cuatro sin comer o beber simplemente para engañar a la báscula, a mi entrenador y en última instancia, a mi. Nunca llegué a hacer nada más allá de eso pero, amigas y amigos, sigue sin tener un pelo de saludable. Por muchos kilos que llevase perdidos y por muy guapa que me viese todo el mundo. Fue la época en la que más delgada estuve y aún así no había manera de verme bien del todo. Aquel verano ni me atreví a ponerme vestido, tirantes lo justo y de bañadores ni hablamos. Y os repito, fue la época en la que más delgada estuve. El número de la báscula era quien condicionaba mi estado de ánimo y mi valía. ¿Que había adelgazado? ERA UNA MÁQUINA. ¿Qué no? MENUDA BASURA DE HUMANO. QUÉ HABRÍA HECHO MAL ESE MES. 

Lógicamente, aquello no era sostenible: trataba de quedar siempre en sitios donde sabía que podía pedirme algo bajo en calorías (que no saludable), hubo una época en la que reduje muchísisisimo las cantidades de la cena y hubo un momento en el que las palizas del gimnasio me las metía con la idea de quemar calorías y no de disfrutar del deporte. Como os digo, nunca vomité, nunca dejé de comer y no hice nada más extremo que lo que os cuento, aún así, no deja de ser un comportamiento obsesivo y enfermizo con la comida. 

Una lesión de rodilla me obligó a dejar un poco la caña que me estaba metiendo en el gimnasio y mi entrenador dejó de pesarme y tomar medidas. Poco a poco empecé a comer más, a no mirar la báscula y en Navidad ya se me fue todo al garete. Con la excusa de los regalitos de navidad, empecé a comerme los m&ms, lacasitos y conguitos de los paquetes regalo que le preparaba a mis amigos y desde ese momento mi control militar de la comida fue cuuuuuesta abajo. No obstante, fue a partir de aquí (y los meses siguientes) cuando empecé a leer mucho más sobre nutrición, aprender la diferencia entre calorías y comida saludable y olvidarme un poco (bueno, por completo) de la báscula. Mi problema no fue que empezase a comer hamburguesas y pizzas a cascoporro, no. Simplemente, dejé de controlar las cantidades ya que bueno, lo que comía, por lo menos eran alimentos saludables. Nada de báscula. 

Y bueno, sí, a lo largo de estos meses fui engordando (nada dramáaatico), pero al mismo tiempo cada vez estaba más metida en todo el tema de pulir la alimentación e intentar aprender sobre la comida desde un punto de vista mucho más "científico": aprender qué son los macronutrientes, cómo reacciona nuestro cuerpo a determinado ingrediente, etc, etc. Pero bueno, el caso, que llegó un momento en el que dije...ostras, pues he engordado. Y me dio rabia. Al principio lo vi todo negro azabache: otra vez tenía que volver al control estricto de la comida, a minimizar al máximo los alimentos más calóricos...y nada, mejor volver a lo básico que funciona y me adelgaza. Pero después, empecé a acordarme del agobio con el que vivía, de la locura de ayunar hasta las cuatro de la tarde o de los castigos que me metía pal cuerpo cada vez que subía 500 gramos o ese mes no había adelgazado. Todo para ni siquiera acabar de sentirme bien. Y no. Habiendo aprendido toooodo lo que he aprendido sobre la comida, no pensaba volver a eso: se puede perder peso de una manera saludable, sin NINGÚN tipo de obsesiones y disfrutando del proceso. Únicamente localicé dónde estaba el problema y le puse solución (y a día de hoy sigo haciéndolo): controlar las cantidades, incluir más verduras y ser sincera conmigo misma. En cuanto empecé a entender y aplicar que por muy sanas que sean las avellanas no me puedo comer media tarrina en un día, que acompañar la comida con verduras te deja muuuucho más lleno y que, de vez en cuando, la pifio, volví a bajar de peso. Bueno, y sigo en ello. ¿Y sabéis qué? Lo decía el otro día en Instagram, pero este verano, tendré más kilos encima, pero no tengo ningún problema en sacar las piernas al sol y ponerme lo que me de la realísima gana. Me da exactamente igual. ¿Por qué? Porque estoy disfrutando del proceso y estoy orgullosa de cómo lo estoy haciendo. Porque no hay ningún tipo de obsesión de por medio. Porque como de 9,5 durante toda la semana y disfruto como nadie con el cheatmeal que me toque esa semana. Sin ningún tipo de remordimiento. NINGUNO. Eso antes...imposible. Porque he aceptado que soy humana y de vez en cuando me salgo del "tienes que" y el "debería" y me como esa onza de chocolate de más. Y no pasa nada. Y sigo siendo la misma. Sigo valiendo lo mismo. Sigo adelgazando. Sorpresa. Magia. Tachán. La ropa es mi principal indicador de mis progresos y la báscula me lo comenta de vez en cuando, muy de vez en cuando. Y os prometo que soy mucho más feliz...que me veo en pantalón corto y me veo bien. Que hay que meterse en la cabeza que "delgado" no es sinónimo de felicidad. Está leeeeeejos, muuuuuy lejos. 

Y ya está, sólo quería contaros esta segunda parte de mi experiencia porque estoy segura de que más de uno/a os vais a sentir identificados y creo que, de un modo u otro, puede servirle a alguien para cambiar la manera de ver todo este embrollo de perder peso. Como veis es bastante fácil caer en este tipo de comportamiento cuando estamos perdiendo peso, obsesionarnos con el número y la comida, y, de verdad os lo digo, no va a ningún sitio. En mi opinión, así es cómo acabamos en los famosos rebotes. Disfrutad del proceso, no tengáis prisa y no os apedreéis cada vez que hagáis algo "mal". Os lo prometo, sé que lo habéis leído mil veces pero en el momento en el que veáis vuestra valía más allá del número que marca la báscula, adelgazar o cualquier cosa que queráis conseguir se hará muuuuuuuuucho más llevadero :). 

Un beso enorme.

PD: Y para muestra dos fotos.

Yo (bueno y Elena) en agosto del año pasado (2014). ¿Veis a Elena? Claramente hacía tiempo de manga larga y pantalón largo (negro). Y, además, recuerdo ver esta foto y verme las piernas enooormes. Por aquello de que se ve mucha cadera y mucho muslo que se toca. Sí, sí. Así.

Yo este agosto (2015). No hace falta que diga ná :).

Treinta kilos de problemas

Hello, hello, hello!

¿Qué tal? Nosotraasss muy muy contentas porque ya somos un montón por aquí y no sé...es que esto es una alegría constante. Lo decimos todo el rato, pero muchas gracias.

 En fin, como os he ido anunciando ya, el post de hoy es un poco especial. Como muchos ya sabéis, en el último año he perdido una cantidad importante de peso...para ser más exactos 33 kilos. Quiero compartir con vosotros mi experiencia para que entendáis mejor el blog, y me entendáis mejor a mi... pero, sobre todo, espero que le sirva a alguien de motivación. Igual que me sirvió a mi en su día. 

Desde siempre (al menos desde que yo recuerde) he sido una niña con problemas de peso: no podía comprarme la ropa en las tiendas de niños, el pediatra decía que tenía que adelgazar, y yo disfrutaba como nadie con las magdalenas que me llevaba escondidas en la ropa (interior) cuando iba a casa de mi abuelo (siempre tenía comida rica accesible y yo era MUY pequeña, ¿vale?). 

En el cole no fui una niña con la que se metiesen en el patio por pesar más de la cuenta y no recuerdo haberme sentido rechazada por ello. Aún así, la conciencia de niña gordita estaba ahí. No sé muy bien cómo explicarlo a alguien que nunca lo ha sentido y me cuesta un poco pensar ejemplos concretos de hace tanto tiempo. Pero bueno, me acuerdo cuando íbamos a los campamentos y había las típicas tirolinas y puentes que se movían (DIOS COMO LO ODIABA) yo siempre pensaba '¿y si se rompe?, ¿y si no puedo?, ¿y si no baja?' O cuando montábamos a caballo, me preocupaba deslomar al pobre perisodáctilo. Y siempre era la última de las caminatas...si es que me cansaba en cero coma. Son pensamientos que ahora suenan graciosos y tiernos, pero que, en realidad, minan el cerebro de cualquiera. 

Lo peor vino en la turkey age, ósea, durante la edad del pavo. Creo que fue en este momento cuando comencé a convertirme en una máquina destructora de autoestima que funcionaba a todo gas. Toooooooodo era una mierda porque estaba gorda. Fin. Así pensaba yo. Todo giraba y todo se explicaba con ese principio. Yo, al resto del mundo, tenía que causarle rechazo y vergüenza porque yo daba asco. Con este MARAVILLOSO pensamiento en mente he vivido durante mucho tiempo. Ojo, dicho así, parece que todos los días de mi vida han sido un sinvivir. No. He tenido muchos días maravillosos llenos de alegría, vida y felicidad. Pero siempre ha estado mi peso de por medio. 

Hasta hace un año vivía con un objeto pegado a mi tripa para esconder la panza. Me preocupaba si cabría entre los huecos de las mesas en los restaurantes. Quería que me tragase la tierra cuando en el parque de atracciones casi no me cabía el culo en el asiento o cuando me abrochaba el cinturón de seguridad del avión en el último agujero. Oír la palabra 'boda', 'comunión', 'bautizo' era sinónimo de HUYE. Mirad si el problema era tal que en unas vacaciones con mi familia en un crucero, el día de gala fingí estar mala para no ir. Únicamente porque, en mi cabeza, yo NO podía ir a esas cosas. Por gorda. 

El verano...la estación de la tortura (bendito sea el aire acondicionado). Hasta el año pasado (y muy poco) no me atreví a ponerme camisetas de tirantes o que enseñasen todo el brazo. Pantalones cortos, olvídate...¿¡Con esas piernas!? Y lo más temido de todo: las invitaciones a la piscina. Al final, cuando alguien me había pedido 100 veces que fuese a su piscina tenía que ir. ¿Situación? Yo con vaqueros largos, camiseta estilo tío y sandalias (los pies siempre han ido fresquísimos) dando vueltas por los bordes de la piscina. Y olé. Ni que me fuese a convertir en sirena al tocar el agua,  my god

De la ropa, ni hablamos: tengo la imagen de sacar pantalones y pantalones del armario y cabrearme porque todos me sacaban LORZACA y noteníaquéponerme y ay diosquévoyahacer. ¿Vestidos? ¿Faldas? Gracias pero no. ¿Cómo iba a ir yo con mis amigas de compras así? ¿Qué coño me iba yo a poner para salir de fiesta? 

En fin, con los años me empecé a meter en un bucle letal de pensamientos dañinos y crueles que, lamentablemente, me fueron alejando de mucha gente y me impidieron hacer muchas de las cosas que me hubiera gustado hacer. Durante muchos años me he encerrado en mi misma, en mis miedos y en mis pensamientos amartillantes. Ahora, me arrepiento. Me da MUCHA MUCHA rabia haberme perdido/no disfrutado tantas cosas sólo por tener sobrepreso... me dan ganas de darme un sartenazo. Ojalá, pesase lo que pesase, me hubiera comido un poquito menos el coco y un poquito más el mundo. Si hubiera entendido que la gente que me quería lo hacía por quién soy y no por lo que peso...otros gallos y gallinas hubieran cantado. 

 No me preguntéis cómo, pero un día algo hizo clic en mi cabeza. No sé si fue una de mis mejores amigas que empezó a perder peso (hola Anaaa), la cantidad de vídeos sobre gente obesa que veía o los extraños hombres de negro que pululaban por mi gimnasio (entrenadores). Pero un día decidí que tenía que hacer algo, que no podía estar toda mi vida odiándome y privándome de hacer todo lo que me apetecía. Que así NO podía seguir.

Fue entonces cuando empecé a entrenar con Raúl, a exprimir al máximo mi cuota de gimnasio y a tomar las riendas de la comida. Y ahí estaba el problema. Antes, era incapaz de decirle 'no' a la comida. Si quería algo lo tenía (normalmente en grandes cantidades) y ya después me arrepentía y me fustigaba un poquito. Y así casi todos los días. Quéeee rabia me da...pero bueno, de todo se aprende. 

El control de la comida y el gimnasio me han devuelto la alegríaaaaa por vivir. Entiendo que puede sonar MUY dramático, cursi y a demasié, pero es cierto. Había momentos en los que odiaba todo, que no veía una razón por la que levantarme de la cama, que me daba asco a mi misma. Eso ya no pasa nunca. 

Ha sido un año lleno de fuerza de voluntad, lleno de sudor y lleno de ilusión. He conseguido lo que siempre me había parecido imposible, y eso me hace sentir muy muy orgullosa de mi (algo que pocas veces había sentido). He pasado de sentirme la última mierda (con perdón) a sentirme segura y confiada...A estar bien conmigo misma. Y se nota, lo noto. Vivo mucho más feliz. El deporte tiene mucho que ver con esta sensación claro está; cada vez que entreno descubro que puedo hacer algo que antes no podía o que soy capaz de hacer una repetición más que la vez anterior. No hay día que salga de una clase triste o enfadada. Y de verdad, que la satisfacción de esos momentos no puedo plasmarla aquí. 

Por supuesto, que como todo humano, no vivo en el mundo de la felicidad todo el tiempo: tengo mis bajones, mis cabreos (que se lo digan a Emma) y mis momentos malos...pero creo que he aprendido a afrontar las cosas de otra manera. 

Dicen que el mayor reto de adelgazar no es perder el peso, sino cambiar la cocorota. Confirmo y reafirmo esto porque, de verdad, si no te convences de que tienes cosas buenas y de que no vales lo que pesas...ya puedes quedarte en el peso que quieras que no vas a estar mejor. Esto no quiere decir que te vayas a convertir en una persona nueva, ni mucho menos. Yo sigo siendo la misma, con mis virtudes y mis defectos. Al perder peso, he mejorado en muuuchos aspectos, pero más que por los treinta y pico kilos en sí, me parece que ha sido por todo el proceso. Por todo el esfuerzo y la tenacidad...de eso he aprendido y eso es lo que me da fuerza. Bueno claro, y que todo ello tiene una recompensa. Todo esto son reflexiones que voy haciendo sobre la marcha eh? Yo de psicóloga tengo lo mismo que de rubia...pero ahora, poniendo todo así en palabras, estoy ordenando pensamientos que tenía dispersos por las neuronas. 

Desde este humilde blog, si has caído por aquí y te sientes mínimamente identificado con todo esto, quiero decirte que 1) empieces por respetarte y quererte peses lo que peses. No dejes de hacer lo que quieres por pesar A o B. Valórate. 2) ¿Quieres adelgazar? SE PUEDE. SE PUEDE Y SE PUEDE. Motivación, fuerza de voluntad y constancia. No necesitas más...verás que la recompensa merece la pena. Pero eso sí, hazlo porque tu quieres...no por los demás. Lo se, suena a topicazo...pero es así. 

Maaadre mía, me voy a tener que callar ya porque creo que he escrito el post más largo de la historia. Es que me pongo a hablar de este tema y no me callo. Como os he dicho, no sabía cómo enfocarlo y he preferido dejar que saliese lo primero que tuviese que salir de mi cabeza. Más sincera no he podido ser. Es un tema muy complicado, duro y, en fin, que a mi también me gusta mucho hablar. 

Ahora, os dejo algunas de las fotos que he encontrado de mi "antes". No son muchas porque claro, ¿cómo iba yo a salir en fotos con esa papaaaada? Sí, también dejé de salir en fotos...o las que hay están estratégicamente cortadas o hechas. Ayyyyys, qué tonta.

Agora:

Si has llegado hasta aquí, gracias. Significa un montón. Me despido ya porque son las 2 y media de la mañana y estas no son horas de estar al ordenador. Te recuerdo que estamos en Facebook y que puedes seguirnos por email!:)

Un besooooo enooorme!

¡Reto superado!

Alo, alo!
¿Qué tal ha ido la Semana Santa? La mía ha sido bastante más entretenida de lo que pintaba al principio, así que estupendo. Ya os contaré en el próximo post como fue el viajecillo express que hicimos a Burgos y un poco lo que hemos hecho.

Hoy escribo esta entrada para contaros una cosilla que llevaba ya tiempo queriendo hacer, y que he ido posponiendo hasta hoy (o ayer, depende de cuando cuelgue esto). Primero, os sitúo. Todos nos acordamos de la clase de educación física del cole, hasta ahí estamos claros. Bien, una de las pruebas que teníamos en esta clase, y que repetíamos cada año (de la ESO), era...EL MACHU. Éste, no es más que un pinar que estaba al lado del colegio y donde teníamos que correr: había una prueba de resistencia y una de velocidad. Nos dividíamos chicas y chicos y cada uno tenía  que cumplir una serie de vueltas en un tiempo concreto.

No puedo explicaros el PÁNICO que sentía cada vez que llegaba el momento del año de hacer esta prueba. TERROR. SUDORES FRÍOS. TEMBLOR. Intentaba, por cualquier medio, conseguir un justificante médico: esguinces, roturas, dolores de cabeza...todo era bienvenido si me podía excusar del Machu. Y es que...ayy...lo pasaba muy mal. No me llegaba el aire a los pulmones, no me respondían las piernas...y por más que yo quisiese, aquello NO salía. Yo veía como mis compañeras, una a una me pasaban e iban llegando donde estaban toooodos los chicos y nuestro profesor, claro. Cierto es, todo hay que decirlo, que no estaba sola sola en esto. Mi amiga Helena era igual de mala que yo, y siempre quedábamos últimas juntas...por lo menos...algo es algo. En fin, aunque, claramente, no era una cuestión trascendental, yo sufría. Por suerte, era puntual y no estaba todo el año amargada y muerta de miedo. Nunca conseguí hacer las vueltas del tirón, y, mucho menos, hacerlas en el tiempo máximo que nos pedían para aprobar. En fin, el Machu ha sido siempre una espinita clavada y un mal recuerdo de mis años en el cole.

Cuando empecé con el gimnasio, uno de mis retos a muuuuuy muuuuuy largo plazo era superar la prueba del Machu. Fueron pasando los meses y yo con la idea en la cabeza, pero por una cosa u otra, al final, lo fui dejando pasar y...nada, hoy por fin me he plantado en la escena del crimen y he corrido.

Y...cómo habréis leído en el título..., con una sonrisa de oreja a oreja os digo que: RETO SUPERADO!

La prueba consistía en dar cuatro vueltas (más o menos 1.5km) en menos de nueve minutos. En estas vueltas hay de tó: una jodida cuestecita, una bajada llena de agujeritos y mini troncos de árbol, y también hay una recta más larga que la alfombra roja de los Oscars. Vamos, que no es como correr en la cinta. Lo he hecho en 8 minutos y 10 segundos. Tengo la sensación de que podría haberlo hecho mejor, pero vamos, yo estoy muy contenta de, por lo menos, haberlo conseguido. Además estoy convencida que, aunque no hubiese entrado en el tiempo, aguantar, lo que es aguantar corriendo cuatro vueltas hubiera podido hacerlo. Ha desaparecido esa sensación de...OH DIOS MIO, ¿QUIÉN ME HA ROBADO EL AIRE?  He tenido unas animadoras estupendas, Emma y Puka en el terreno, y a los cascos, mi adorada Ellie Goulding. Hacía un día precioso, los pajaritos cantaban y las nubes se levantaban. Además, después he comido en la Mafia un rico solomillo y me han traído pasteis de nata de la mismísima Lisboa. Inmejorable.
 

En resumen, y para acabar ya...ha sido súper, SÚPER satisfactorio cerrar el capítulo Machu como se merece. Sienta divinamente tachar una cosa de la lista, y sobre todo, ver reflejado el esfuerzo de muchos meses. Así que, ya sabéis...si tenéis algo en mente...A POR ELLO. Como si os lleva años conseguirlo, hacedlo! :)

Os actualizaré cuando haga la prueba de velocidad. Ayayayaiiiii.

Muchísimas gracias por estar ahí y leernos. Si queréis compartir, por aquí abajo están los botoncitos de las redes sociales...YYYY...os recuerdo que, también si queréis, os pueden llegar todas las actualizaciones por email.

Ahora sí que sí...un besooote enorme

Reto superado: pantalones cortos

Hello yellow!

Hoy no tenía pensado escribir, ni actualizar, ni ná de ná (aunque me estoy poniendo las pilas con esto de dejar post y fotos preparadas, juju). Pero estas entradas son las mejores, las improvisadas, las que salen porque sí, porque me apetece contar algo, aunque en el fondo sea una tontería. 

Hoy ha sido un gran día. No sólo porque es lunes festivo, que también. Ha sido un gran día porque ha hecho un tiempo perfecto, porque me he comprado ropa nueva, porque me he tomado un café riquísimo y porque ha sido uno de esos días en los que uno se da cuenta de lo afortunado que es por tener una familia sólida, que se quiere y se apoya. Ah, bueno, también ha sido un gran día porque una amiga ha ganado un concurso de OYSHO en el que ambas participamos...y eso no pasa todos los días. Y también he entrenado con Raúl, eso siempre es un plus. 

Además, hoy ha sido un gran día por otro motivo. Y quiero dejarlo escrito por muy tonto y superficial que sea...quiero volver a leerlo en unos meses y acordarme de lo feliz que he sido hoy. Hoy, por fin, después de 10 años, me he puesto unos pantalones cortos. Lo sé, lo sé...pueeees vaya cosa. Para mi es un paso enorme. De gigante. Es cierto que ya no tengo ningún problema en llevar falda, vestido o pantalones cortos con medias...pero ea, eso de quitarlas ha sido siempre un claro ni hablar del peluquín. Y hoy, no sé muy bien porqué, he decidido enfundarme uno de esos pantalones cortos que tenía cogiendo polvo en el cajón y he ido a bailotear con ellos. Y he sido muy feliz, de verdad. 

Emma ha sacado un par de fotos infraganti antes de entrar a la clase, así que, aunque me da un poco de vergüenza, las voy a compartir con vosotros. Ale, ahí van:

Es verdad, que no tengo unas piernas escualidas...y claramente, hay quien me recomendaría un buen bronceado. No obstante, me siento tan orgullosa de mi y de ellas que no quepo in moi myself :P. La de horas que han estado aguantando el machaqueo....y gracias a eso, ahora pueden hacer un montón de cosas. No sé, quiero decir, que no son las piernas ideales de modelo, que no tengo thigh gap y que, por supuesto, tienen sus mil defectos, pero aún así estoy contenta. Por fin. Jajajja, parece que le estoy escribiendo un post a mis piernas...ya lo que faltaba. En fin, que hoy, al fin, he roto con el miedo de sacar a los jamones al aire. Sean como sean. Ojalá lo hubiera hecho antes...caray.

Os animo, de verdad, a pasar de los complejos y a hacer lo que os de la real gana. Sienta FE-NO-ME-NAL. Y también, a valorar los detalles más mínimos de un día normal y corriente. Que de verdad, si nos paramos a pensarlo siempre hay algo. 

Os dejo también una selfie, de esas que todo el mundo odia pero que, en el fondo, nos encanta sacarnos.