Pasos en Urdaibai: nuestro verano en el País Vasco

¡Aloha matriculeros! No sabéis las ganas que tenía de traeros este post y contaros todos los detalles de mi escapada al País Vasco, más específicamente a la reserva de la biosfera de Urdaibai. La idea principal de este viaje era huir de dos cosas: el calor de la capital y de las grandes ciudades. Es decir, nos contentábamos con cualquier temperatura inferior  a los treinta grados y no teníamos ninguna intención de pisar Bilbao o San Sebastián (que también son un planazo). Nos alojamos en Bermeo, en un piso frente al puerto. Bermeo es un lugar donde no encontraréis mareas de turistas, se nota que es un sitio frecuentado por locales y recuerda bastante a "pueblo de antes". Aunque no tiene muchísimas cosas que ver, tiene un malecón súper agradable y largo de pasear, un montón de bares donde beber una copa de txakoli y está a una distancia perfecta de todo. Me encantó el hecho de estar algo alejados de las zonas más turísticas pero al mismo tiempo estar bien conectados y cerca de todo lo que queríamos ver. Sin duda, una de mis recomendaciones si pasáis por Bermeo es hacerlo en los primeros días de vuestros días por allí para que os puedan dar las mejores recomendaciones en la oficina de turismo de Bermeo. Nosotros íbamos con un idea más o menos de lo que queríamos hacer, pero en la oficina nos guiaron y nos dieron unas recomendaciones estupendas sobre las que luego basamos el viaje. Nos dijeron a que sitios mejor ir andando, a cuales merecía la pena desviarse un poco y cómo exprimir al máximo Urdaibai con el tiempo que teníamos. Así pues, el DÍA 1 lo dedicamos a viajar de Madrid a Bermeo, hacer la compra, descansar un poquito y patear Bermeo bien a fondo (siguiendo las indicaciones que nos dieron en la oficina de turismo). Esa noche cenamos en la terraza del bar Oker, muy recomendable para comer rico en pleno centro del pueblo.

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DÍA 2 - MUNDAKA y SAN JUAN DE GAZTELUGATXE

El segundo día anduvimos...y mucho. Comenzamos la mañana relativamente pronto y caminamos desde Bermeo hasta Mundaka. Hay un paseo perfectamente trazado que conecta ambos pueblos y que, con sus cuestas, resulta tremendamente agradable. Una vez en Mundaka el plan no fue otro que perdernos por sus calles y...tomar un café. Porque sí, amigos míos..yo soy muy de café y cuando llego a un sitio después de un rato de trote me gusta disfrutar de una buena taza de café con leche. Una vez satisfechas mis ansias cafeteras, dimos una vuelta y acabamos en el mirador de la playa, ensimismados. Las vistas son inmejorables: una playa enorme, que se transforma según sube y baja la marea, y surferos intentando cazar las olas. Nosotros tuvimos la enorme suerte, y digo suerte porque adoro este tipo de días, de que nos tocase un día lluvioso y ventoso. Así, no sólo nos evitamos una buena sudada, sino que evitamos aglomeraciones de gente. Así que, estupendo. Nos acercamos a la oficina de turismo para que nos recomendasen una ruta con la que pudiésemos exprimir al máximo el pueblo y, bueno, eso hicimos. Consejo: ¡mirad el tiempo! Si la previsión indica lluvia, llevad con vosotros un chubasquero porque en Mundaka es imposible encontrar uno. Os lo digo por experiencia. 

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Mundaka nos enamoró, la verdad. Nos quedamos con ganas de volver con mejor tiempo para disfrutar del ambiente animado e internacional que suele haber en este pueblo. La visita obligada de Mundaka es, sin duda, la Ermita de Santa Katalina. Se trata de esos lugares en los que uno se detiene, observa la infinidad del mar y respira. Simplemente eso, respirar. Además de eso, en Mundaka os recomiendo simplemente que andéis y os empapéis del encanto del pueblo. Por cierto, aparcar es complicado, por lo que es recomendable ir andando o bien pronto. 

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Por la tarde decidimos ir a visitar San Juan de Gaztelugaxte (que a día de hoy sigo sin ser capaz de pronunciarlo). Se trata de un islote en el que se encuentra una ermita de lo más mona e ideal pero que, sin duda, os la vais a tener que trabajar. Llegar a ella no es fácil y os recomiendo unas buenas zapatillas y ropa cómoda. No seáis como yo, urbanitas y fashionistas del "todo por la foto" y sacrifiquéis un atuendo cómodo por la foto. Porque aviso...no tendréis foto bonita. Hace viento, probablemente lluvia y es más que probable que acabéis un poco sudados. 

Lo más recomendable es ir bien pronto por la mañana o más bien tarde, hacia las siete para evitar grandes aglomeraciones. Ya sabéis, se trata de uno de los reinos de Juego de Tronos, por lo que su atractivo se duplica por...mucho. Yo, la verdad, es que me quedé en la primera temporada de la serie, pero Carlos tenía ganas de pisar Roca Dragón y sentirse "padre de dragones" por unas horas. 

Tenéis dos caminos para acceder: uno asfaltado, algo más largo y el corto, para novatos de la montaña como yo, de dificultad: "último nivel del juego Pesadilla en la Montaña". Pero bueno, al final lo conseguí. Sufrí, me angustié, patiné un par de veces pero lo conseguí. Me quedo con eso. Después del maravilloso camino embarrado y empinado (hacia abajo), únicamente os faltan 241 escalones para llegar. Pero llegaréis, os lo prometo. Y merecerá la pena. Una vez arriba, lo primero...¡FOTO! Se trata de un #glamourfit en toda regla. Después, si está abierta la ermita, hay que tocar la campana y coger algo de aire. La vuelta es algo más sencilla (o al menos lo fue para mi). Eso sí, TODO cuesta arriba. 

Huelga decir que mis pies acabaron fritos y con un par de uñas negras, cosa que no me había pasado en la vida. Así que, amichis, insisto...CALZADO CÓMODO. 

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DÍA 3 - CABO MATXIXAKO y BOSQUE DE OMA

Por si no habíamos tenido suficiente el día anterior, decidimos que queríamos andar más. ¡Todo por los pasos! De hecho, estuvimos todo el viaje enganchados al cuentapasos del iPhone, picándonos por quién había dado más. Todo muy jelzi. Bueno, os cuento. El tercer día fuimos al cabo Matxixako. Podéis llegar al faro en coche por un camino sin asfaltar, no obstante, yo os recomiendo patearlo y disfrutar del camino porque, de verdad, merece la pena. Nosotros vivimos las cuatro estaciones durante el paseo, tan pronto necesitabas el chubasquero para no morir ahogado que querías tirarlo bosque abajo. El paisaje también va cambiando: de vegetación frondosa y densa a algo más parecido a prado, con ovejitas y todo. Perdonadme la terminología, de naturaleza sé más bien poco...por ahora. 

Una vez lleguéis al final, al faro, veréis que es también un observatorio de...BALLENAS y aves. Nosotros no lo hicimos, pero os recomiendo mirar a qué horas se ven con más facilidad para ir entonces porque debe ser todo un espectáculo. De nuevo, pocas fotos que hay mucho viento. La naturaleza no está para tonterías.

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Después del cabo, hicimos una parada en la Playa de San Antonio. Preciosa. Si la marea está baja podéis pasear tranquilamente dentro de la playa. Es precioso, de verdad. Eso sí, nada de comer en el restaurante que hay ahí porque es horrible. Únicamente hay uno, así que no tiene pérdida. Id comidos o llevad vuestra comida, consejo de sufridora. 

Una vez comidos y paseados, pusimos rumbo al Bosque de Oma. Justo antes de empezar la ruta, tenéis un restaurante estéticamente ideal y que, sinceramente, parecía tener una comida de hacer chiribitas los ojos. Comenzamos el camino, más bien cuesta arriba en su mayoría, asfaltado y apto para novatas y temerosas de ciudad. Eso sí, como todo lo bueno, el bosque se hizo de rogar un poco y tenía unas escaleras XXL y resbaladizas esperándome. Menos mal que hay una barandilla y, aunque fui a paso de tortuga, no me maté. Eso sí, el bosque merece la pena. Mucho. Yo volví a los tres años y a moverme de lado a lado para ver las diferentes formas y juegos visuales que se crean. Chulísimo. La vuelta al coche, de nuevo, fue algo dura. Un buen trecho del camino era "natural", ósea, con barro, rocas, cuestas y elementos que resbalan y me dan pánico. Pero luego hay un largo y empinado camino de asfalto que tiene unas vistas increíbles. En fin, muchos, muchos, muchos, muchos pasos. 

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DÍA 4 - PLAYA DE LAGA, ASADOR BEDUA, ONDARROA, MUTRIKU

El cuarto día nos lo tomamos con más calma. Nos levantamos algo más tarde y fuimos a ver la playa de Laida y la de Laga (de la cual hablaré después). Como hacía "mal" tiempo había poca gente, con lo cual, yo encantada de disfrutar de ese paraje desierto. Después, y algo tarde, cogimos el coche a Zumaya, a un restaurante que nos recomendó una compi del máster que es muy divina y sabe mucho de cosas buenas y fuimos al Asador Bedua. Bueno, ¡qué espectáculo! Si tenéis la ocasión, id. Comida casera casera y unas vistas para enamorarse. 

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De vuelta a casa, hicimos varias paradas por la costa de Mutriku, y es que, de verdad, es imposible no enamorarse del País Vasco. Si tenéis tiempo, os recomiendo bajar a alguna de las playas porque son espectaculares. Y si no, hay miradores por toda la costa para deleitaros y disfrutar. Un poco más cerca de casa, paramos en Ondarroa, un pueblo monísimo con mucho ambiente e ideal para hacer una parada en el camino, tomar un café y disfrutar. 

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DÍA 5 - MARISMAS, KAYAK RÍA URDAIBAI Y ATARDECER EN LAGA

El último día, el único que nos hizo bueno, decidimos alquilar un kayak y hacer el descenso de la ría de Urdaibai. Es decir, desde el mar, recorrimos las marismas y remamos como auténticas olímpicos. Bueno, igual no tanto. En mi caso, nunca había hecho kayak, y, sin duda, es una de las experiencias más significativas que me llevo de este viaje. 

Se trata de algo que se encontraba fuera de mi zona de confort por completo: agua, bañadora, remar, naturaleza...no sé, la idea de hacerlo me daba algo de miedo y me incomodaba. No obstante, una parte de mi quería hacerlo desesperadamente, probar. Así que, a pesar de todo, me atreví, y lo hice. Y no me arrepiento para nada. Cuantas más zonas de confort rompo, más feliz soy, de verdad. Más orgullosa de mi misma me siento. No os hacéis una idea de lo incómoda que me sentía al principio andando por ahí con el bañador, entrando y saliendo de la canoa o andando por el campo descalza y, de nuevo, sólo con el bañador. Pero lo hice, y aquí estoy, contándolo. Viva y con un poco menos de complejos. Además, me bañé en el mar, cosa que hacía muchos años que no hacía. Muchos. 

Con esto simplemente os quiero animar a que, si estáis dejando de hacer cosas que os apetecen hacer por miedos o complejos, especialmente por complejos, cojáis...y lo hagáis. Nada, de verdad, nada, os va a hacer sentir mejor. El autoamor que conseguiréis haciendo esto no os lo puede dar nadie por mucho que os quiero. Y sienta TAN bien. Es TAN liberador.

Pero bueno, volviendo a lo que nos concierne, el Kayak lo alquilamos en la playa de Laida. El recorrido es fácil (al menos en las condiciones que lo hicimos nosotros) y es una manera chulísima de vivir la ría de Urdaibai.  

Por último, nosotros cerramos el día con una recomendación del señor de los Kayak, ir a ver el atardecer en la playa de Laga con una cervecita. Creo que la playa de Laga es el lugar que más me ha gustado del viaje y no sé muy bien por qué. Simplemente tiene algo especial. Se trata de una playa recogida, que te abraza. La mezcla de verde, rocas y mar es sencillamente perfecta. Con un vinito y un pincho de tortilla vimos atardecer en un lugar mágico. Eso sí, refresca, así que llevad algo de abrigo. 

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Y hasta aquí el viaje a Urdaibai. Ha sido una escapada perfecta, de verdad, no cambiaría absolutamente nada. Volveré, seguro. Este viaje me ha despertado el gusanillo del turismo de naturaleza: quiero familiarizarme con la montaña, perder el miedo a las cuestas y el pánico a los bichos. La verdad es que han sido unos días mágicos, también gracias a la compañía que llevaba, claro está. Al final, cualquier sitio está bien si la compañía que tienes (aunque seas únicamente tú) es buena. 

Espero que os haya gustado. Cualquier duda o si queréis detalles más específicos, estaré encantada de responderos por donde queráis: email, comentarios o redes sociales. ¡Un beso enorme!