#sayonaragrasa: etapas

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Aloha matriculeros! 

Al fin retomo esta sección. Bueno, al fin retomo (o intento) retomar el ritmo normal del blog...que ya sabéis, con estos tres meses tan intensos de curso ha sido realmente difícil compaginar todo. Pero bueno, lo que quería decir es que esta sección es muy especial para mi por varios motivos: por un lado, os hablo desde el punto más humano, íntimo y sincero del proceso de perder peso. Por otro lado, trato de poner en palabras lo que se nos pasa por la cabeza en todo este camino y que, muchas veces nos hace sentir solos, incomprendidos y, muchas veces, nos desvía al camino menos acertado (es decir, nos aleja de nuestra meta). 

Una de las cosas que más me cuesta escribir en los #sayonaragrasa son los títulos, porque de verdad, lo que os quiero contar es tan amplio, abstracto y personal que es difícil resumirlo en unas cuantas palabras. Pero bueno, creo que "etapas" resume bastante bien lo que os vengo a contar hoy. 

El post de hoy va para todos aquell@s que llevamos bastante tiempo en este vaivén del peso, toda la vida incluso. El caso es que cuando decidí perder peso de manera seria, esto se convirtió en mi prioridad casi absoluta en mi vida. En la universidad bajé significativamente el rendimiento (también os digo que no me gustaba la carrera, entonces clá...), salir de fiestorra, cenas y demás lo reduje a lo mínimo y básicamente me centré en controlar/mejorar mi alimentación, entrenar como si fuese a competir en las Olimpiadas y poco a poco introduciéndome más en temas de nutrición y entrenamiento. Y realmente, eso ha sido mi vida durante unos años. Quiero decir, no me imaginéis 24h en el gimnasio y con un libro de macronutrientes en la mano durante 3 años, pero sí que priorizando un entreno frente a unas cañas con amigos después de acabar el curso. Que no estoy diciendo que esté bien ni mal, simplemente fue. 

Como os digo, mi carrera no me motivaba demasiado y nunca he sido una persona de grandes grupos de amigos. Me ENCANTA la gente, pero siempre me han dado miedo los grupos grandes, salir de fiesta y demás eventos que requieren que te relaciones con gente de golpe y, generalmente, con alcohol de por medio. En cuanto a la carrera, el hecho de estar tan descontenta con mi elección y estar más perdida que una peonza en lo que a mi futuro laboral se refería me llevó a un estado de negación y retrasar al máximo el momento de tomar decisiones. No sabía qué quería hacer: si estudiar otra cosa, empezar a trabajar, montar algo por mi cuenta. En fin, un poco lo que le pasa a mucha gente en los últimos cursos de universidad. Así que yo decidí refugiarme en la comida, el deporte y la cuestión del peso para retrasar todo lo posible el buscar una solución a estos "problemas". Así que nada, yo me mantuve muy centrada en todo lo relacionado a mi cuerpo, diese o no diese resultados más o menos visibles (que también, ese es otro tema). 

¿Y qué ha pasado ahora? Pues bien, en los últimos meses/años me han surgido un montón (bueno, unos cuantos) de proyectos chulos, el curso que os comento me ha ayudado a hacerme una idea de lo que me gusta, donde creo que podría encajar y me ha despertado una "ambición laboral" que no sabía si algún día encontraría. Esto se traduce en ganas de ir a eventos, charlas, estudiar y apuntarme a saraos diferentes al gimnasio y la nutrición. Además, la Ale social ha despertado e intento ir a cualquier jarana que se presente. Tampoco es que tenga el calendario reservado hasta fin de año, pero quiero decir, que en este momento, priorizo un terraceo con mis compañeros de clase después de unas presentaciones a una clase de Combat. Y ojo, que no digo que lo anterior estuviese ni bien ni mal. Simplemente, ahora mismo, en este momento de mi vida, esa interacción social me aporta más y me hace más feliz que ir al gimnasio. Y no está mal. Para mi, significa superar una especie de fobia social tonta que llevaba arrastrando durante no sé cuanto tiempo. Y sienta bien, muy muy bien. 

¿Qué quiero decir con esto? Que en este momento, con el posgrado, la emoción que cargo ahora en lo referente a mi futuro profesional y el subidón social que estoy viviendo, la cuestión de adelgazar, de entrenar todos los días de la semana y llevar una alimentación de diez está en un segundo plano. Y digo segundo plano y no olvidada, porque me sigue importando mi cuestión del peso: como bien (pero mis cañas y extra de comer fuera caen), sigo yendo al gimnasio (aunque sea dos veces a la semana) y quiero estar en un porcentaje de grasa saludable. No puedo olvidarla porque sigue siendo parte de quien soy y me gusta hacerlo, es más, lo hago con gusto. No obstante, mi proceso de adelgazamiento no está a full, y por ello, tampoco veo resultados escandalosos y sorprendentes. Y no pasa nada. No es más que una etapa. Igual que lo fue vivir por y para mi cuerpo durante la etapa anterior. 

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Lo que quiero daros a entender con esto es que os deis una oportunidad y viváis cada etapa. En mi caso, al principio de esta etapa pasé por una fase en la que me sentía enormemente culpable por no ir tanto al gym, por no poder darme más caña en los entrenos, por no estar cumpliendo el plan al 100% y, en definitiva, no estar tan centrada en mi proceso. Lo que no me daba cuenta es de todo lo que estaba (y estoy) ganando en otras esferas de mi vida y de lo mucho que estoy aprendiendo y creciendo como persona. 

Bueno, vuelvo a lo que quería decir. Adelgazar, o haber tenido sobrepeso toda la vida y estar en proceso de perderlo, puede ser un proceso muy largo. Y cuando digo muy largo, no me refiero ni a uno, ni a dos ni tres años. Puede ser mucho mucho mucho mucho más largo. Y entre medias, nos pasan cosas....bueno, pasa la vida. Y también es importante que seamos conscientes de lo importante de vivirla y apreciar las cosas buenas de cada una de estas etapas. No se trata de excusas ni justificaciones, simplemente, lo que comentaba en un vídeo: life happens. Considero que es crucial que sepamos identificar qué nos aporta cada etapa, cómo nos afecta, qué nos aporta y no martirizarnos por cambiar las prioridades o reajustar rutinas y maneras de hacer las cosas y ver la vida. Ay matriculeros, ¡menuda montaña rusa! Eso que dicen que la vida se compone de momentos, yo me lo tomo casi como lema de vida. Tenemos la responsabilidad y la capacidad absoluta de decidir qué momentos escogemos para construir nuestras experiencias y, aunque suene un poco a lo grande, nuestra vida. Haz todo aquello que creas que te suma, que te aporta experiencias y te hace crecer. Y si alguna vez hay algún conflicto entre ellas, es decir, estás dejando de hacer una por la otra (de manera sistemática), trata de encontrar ese punto de equilibro, ese ansiado punto medio que te va a permitir irte a dormir con una gran sonrisa cada noche. 

Bueno, espero que se me haya entendido y espero que me contéis como siempre vuestras propias experiencias, pensamientos y opiniones. 

¡Un besote fuerte!