Lo haré cuando adelgace

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"Lo haré cuando pierda peso". "Me apuntaré cuando esté delgada". "Me lo pondré cuando me quite esta tripa". Estas son algunas de las frases que me repetía (y que todavía, de vez en cuando, resuenan) una y otra vez. En mi cabeza, todo lo bueno me llegaría y me pasaría cuando estuviera delgada: ir a la piscina de mis amigos, irme de vacaciones a la playa, ponerme una falda o vestido o apuntarme a clases de baile. Estas eran sólo algunas de las cosas que posponía hasta que, milagrosamente, algún día consiguiese perder peso. Vaya, puse mi vida en pause hasta que estuviese delgada. Durante mucho tiempo asocié la felicidad a estar delgada, creía que cuando estuviese delgada alcanzaría un estado de felicidad tal que sería capaz de hacer todo aquello que estaba dejando de hacer, decir todo lo que me estaba conteniendo y, en definitiva, vivir. Me privé de todo esto por el hecho de estar gorda, como una especie de castigo por mi condición.

Lo duro llegó cuando adelgacé y todavía no era capaz de darle al "play". Seguía sin tener la confianza para hacer todo aquella que había imaginado durante años y me mantenía centrada y agobiada en seguir perdiendo peso, puesto que, para mi, todavía estaba muy lejos de "estar bien". De esta manera, seguí en el mismo pensamiento del: "cuando llegue a pesar tanto, haré X". Hasta que un día, me di cuenta, y por fin advertí que, el estar delgado no da la felicidad divina  ni el pase directo para alcanzar tus aspiraciones, deseos y metas. Que la vida no pasa de negro a blanco por estar delgada. Simplemente no es así. Muchos de nosotros empezamos a adelgazar con esa mentalidad: que todos nuestros problemas se esfumarán una vez estemos delgados y es importante ser consciente de que, aunque muchas cosas puedan mejorar, el mundo sigue igual y el nuestro particular también. Hay muchas otras variables y circunstancias en la vida que nos rodean y nos influyen. 

Por eso es importante trabajar la cabeza en un proceso de pérdida de peso y, sobre todo, estemos en el peso en el que estemos, no poner nuestra vida en pausa. En mi caso, creo que ese fue el motivo principal que me impulsó a adelgazar: ver que pasaban los días/años (a una velocidad vertiginosa) y yo dejaba pasar de largo todo aquello que me apetecía hacer: viajes con mis amigas, días de piscina o prendas de ropa que me hubiera encantado ponerme. Aún así, me equivoqué pensando que todo esto dejaría de ser una preocupación una vez adelgazase, porque no lo fue. Incluso a día de hoy sigo trabajando para superar miedos e inseguridades que un día pensé que no tendría en mi estado actual. 

Así que, desde mi experiencia te digo, estés donde estés: VIVE. Haz lo que te apetezca hacer peses lo que peses y tengas lo que tengas; el tiempo pasa mucho más rápido de lo que nos gustaría y no hay sentimiento más amargo que el "me quedé con las ganas de". No vales menos ni tienes menos derecho a disfrutar de lo que sea por estar gordo/a. Te recuerdo que no somos únicamente nuestro cuerpo, que hay persona más allá. 

Y dicho esto, ¡a vivir!