¿Por qué he limitado mi consumo de embutidos?

¡Aloha matriculeros! 

El otro día os comentaba por Stories que he decidido reducir a un día por semana (o menos) el consumo de embutidos. No obstante, no quería sonar alarmista y por eso os prometí un post bien detallado del por qué de la decisión. 

Hace no mucho escribí un post sobre los embutidos y cómo escoger los mejores cuando vamos a hacer la compra. Podéis leerlo por aquí. Bien, lo que quiero decir es que sí, comía embutido pero siempre de bastante calidad: pavo natura, pollo natural, jamón cocido, etc. Nada de fiambres megablancos ni reducidos en grasa, ni con aceitunas ni nada de nada. Entonces, ¿por qué vas a dejar de consumirlos tanto?, os preguntaréis. 

Bien, la razón no es tanto una decisión tomada en función del alimento y sus propiedades (que también), sino más bien relacionada con mi relación con la comida. Hace no demasiado me di cuenta de la relación de dependencia que tenía con los embutidos. Un día me di cuenta de que los consumía a diario, de que me causaba malestar no contar con ellos en mi despensa y encontrarme un desayuno o merienda sin ellos. Y ahí es donde me di cuenta que no podía ser. Si hubieran sido espinacas, brocolí o lechuga, no me preocuparía, jajaja. Pero siendo los embutidos alimentos procesados con alto contenido en sal decidí que tenía que cortar esa relación de dependencia con los embutidos, aunque fuesen de calidad. Es decir, igual suena muy dramático lo que os estoy planteando pero tenía algo así como una ligera adicción a los embutidos: una sensación de perder el control sobre lo que yo quería en realidad y un piloto automático encendido con respecto a estos alimentos. Os pongo un ejemplo muy claro, la noche anterior planificaba desayunar tortitas de avena a la mañana siguiente, pero al bajar a la cocina y abrir la nevera no podía resistirme a comer el jamón o pavo con pan. Así pues, mi yo racional del día anterior, la que trata de tomar decisiones inteligentes estaba anulada completamente. Así pues, decidí restringir mi consumo de este tipo de alimentos. 

Dicho lo cual, no voy a dejar de consumirlos ni quiero lanzar ningún tipo de alarma con respecto a los embutidos, porque, podéis consumirlos sin sentiros mal y no os van a frenar en vuestro proceso de pérdida de peso (siempre y cuando escojáis los mejores y los consumáis en la cantidad que os corresponde).

En conclusión, en mi caso, esta decisión me permite:

  • ser más consciente de mi relación con la comida y recuperar el control de mis decisiones
  • ser más creativa y variada a la hora de cocinar, especialmente en el desayuno
  • evitar picoteos innecesarios a lo largo del día
  • reducir el consumo de otro tipo de alimentos que suelen acompañar a los embutidos, como por ejemplo, el pan. 
  • continuar reduciendo al máximo mi consumo de alimentos procesados
  • reducir la cantidad de sodio diaria que ingiero

Ahora mismo, compro la cantidad de embutido justa para desayunar algún día del finde, y, por supuesto, si salgo a comer y el sándwich/plato que quiero o que vamos a compartir tiene embutido, lo tomaré igualmente. Así que ya como veis, pasito a pasito y todo muy progresivo. 

Y ya me callo. Espero que os haya gustado el post y porfi, comentándme por aquí o por Instagram si os habéis sentido así con algún tipo de alimento. Me encantará saber vuestras historias. 

Un beso fuerte