¿Por qué nunca me veo bien?

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No sé muy bien cómo enfocar este post: no sé muy bien cómo recoger en palabras la marabunta de pensamientos que se me pasan por la cabeza con respecto a este tema. El otro día enseñé por Stories una serie de fotos de mi hace unos años cuando alcancé mi peso más bajo. Explicaba que en ese momento no me veía bien, que vivía obsesionada con sacar fotos en las que se marcaran los huesos y comparando continuamente fotos en ropa interior frente al espejo. Bien, en ese momento, tras adelgazar mucho y estar más delgada que nunca en mi vida, no me veía bien. Me seguía viendo grande, no acababa de estar como yo tenía en mente que tenía que estar y ciertamente, veía miles de "fallos": en mis brazos, en mi tripa, en mis caderas, en mis piernas...vamos, enterita. No me veía ni bien de cara: me enervaba horriblemente verme la cara tan chupada. ¿Por qué se está yendo la grasa de mi cara y no del resto del cuerpo? Me enfadaba y me culpabilizaba. Explicadme vosotros qué persona tiene el superpoder de elegir de donde se le va la grasa y de donde no. Contadme porque yo no la conozco. Pero aún así, era mi culpa por "no estar haciendo suficiente" (ejem, ejem, dijo doña 5 horas en el gimnasio y comida de pajarito). 

Y sé, porque gracias a muchos de vosotros lo sé, que no estaba (ni estoy) sola. Que verse bien a uno mismo no depende tanto de lo que pesemos como de lo que tenemos en la cabeza. Muchas veces cuando adelgazamos, especialmente quienes hemos tenido sobrepeso u obsesidad toda la vida, lo hacemos creyendo que cuando adelgacemos, cuando ya no seamos gordos, seremos felices. Que todos los problemas mejorarán y la mayoría de ellos se desvanecerán. Creemos (generalizo) pensando que todo lo malo que nos pasa es culpa de nuestro peso, es porque "estoy gorda". Si el chico que me gusta me rechaza es porque estoy gorda, si a mi nadie me elige en el equipo es porque estoy gorda, si no me han dado el trabajo es porque estoy gorda, si mis amigos se apartan de mi es porque estoy gorda, si mi madre se enfada en casa es porque estoy gorda, y si no es por eso, sin lugar a duda, ser gorda lo agrava. 

Y bien, adelgazamos con ese mantra en la cabeza: "cuando esté delgada seré feliz". Y ay, qué equivocadas estamos y cuántas tortas necesitamos para darnos cuenta. Y es que, muchas veces, cuando adelgazamos nos lanzamos a la piscina y boom, no pensamos en si sabemos nadar o no. No tenemos un propósito claro más allá del "estoy harta de ser gorda, tengo que estar delgada para ser feliz" (lo de que lo hacemos por salud ya si eso en otra vida) y tenemos muy claro, cada una, a quien nos queremos parecer. En mi caso, a cualquier bloggera de moda de constitución delgada y aniñada que os podáis imaginar. ¿Tienen algo de malo sus cuerpos? Para nada. ¿Es un ideal alcanzable para mi? No. Porque hay veces que el, "todo es posible" no es cierto; porque tu constitución es la que es, tu genética te viene dada y hay cosas que por mucho que quieras no vas a poder cambiar. O el precio que vas a tener que pagar para cambiarlas es tan alto que seguramente no te merezca la pena. Ejemplifico para que no se me malinterprete: si yo mido 1,60, por mucho que quiera y me enrrabiete, no voy a medir nunca 1,75. Nunca, y es así. Si mi forma de la pantorrilla es curva a los lados, lo es con más y con menos grasa: es su forma y no puedo cambiarla. Punto. 

El problema, muchas veces, es ese. Utilizamos el proceso de adelgazar como un medio sin trascendencia para alcanzar un fin que no siempre es alcanzable y que, generalmente, se construye a base de comparaciones y admiraciones hacia otras personas que consideramos "guapas"o que tienen "cuerpazo". No nos paramos un minuto a pensar qué hay detrás del físico de esa persona, cómo somos nosotros y cómo es nuestro cuerpo, cómo es nuestro entorno o para qué realmente, más allá del tan abstracto "ser feliz", nos estamos embarcando en ese proceso. 

Así pues, nos ponemos las anteojeras (eso que se le pone a los caballos para que no miren a los lados) y pisamos el acelerador. Nos da igual si por el camino nos cargamos postes, se nos desgastan las ruedas o nos quedamos sin gasolina. Hasta que nos llevamos el bofetón. La torta del siglo. Llegar a lo que uno tenía en mente, pongamos pesar X o entrar en tal talla, y sentirse, en muchos aspectos, igual de mal o peor que antes. Seguimos sin tener esas piernecitas largas, estrechas y cuyos muslos no se rozan, en casa sigue habiendo broncas y el chico/a que nos gusta sigue sin estar interesado en nosotras. Vaya, igual no todo era estar gorda. Y la sensación de sentirte pequeñita sigue ahí, de no saber que ponerte porque todo te queda mal también y el miedo a ponerte bañador, ir a la playa o bajar a la piscina...intacto. 

Y he aquí el problema. Cuando adelgazas para ser feliz, con la comparación como motor principal y con tu valía medida por un número (sea el peso, la talla, las medidas, me da igual) estás condenado, más tarde o más temprano, a vivir frustrado. Porque verás, y especialmente me dirijo a quienes nunca han experimentado el ser delgado, que unos kilos menos no te dan la felicidad, que nunca serás esa persona con la que te comparas o la que admiras y que siempre habrá un número más bajo al que llegar. Y eso, queridos lectores, es muy muy peligroso. 

Adelgazar es un camino, y probablemente un camino más largo de lo que te gustaría. Y, soy consciente que, dependiendo del punto en el que estés, lo que te digo no te guste y tengas que pegarte el tortazo por ti misma. Vamos, que no me vas a hacer ni caso. Pero bueno, sigue leyendo, al menos para que tengas ahí el run run. Decía, adelgazar es un camino muy largo; de hecho, es posible que alcances una meta física pero el trabajo mental necesite mucho más tiempo. Quizás, toda una vida...no lo sé. Pero es importante TENER PACIENCIA y buscar SIEMPRE hacer las cosas bien desde el principio, empezando por huir de las dietas milagro y los planes de entrenamiento en los que en 5 días has perdido tu grasa corporal. Es fundamental, que te aprecies y te valores en función de los logros que hagas como persona: ir a una clase colectiva aunque te daba vergüenza, elegir frutos secos en lugar de gominolas, atreverte a decirle al chico que te gusta lo que sientes, ponerte en bañador...¡LO QUE SEA! Lo que sea que a ti te haya hecho superarte y te haya hecho sentir bien. Algo que estés orgulloso de contarle a alguien, que te haga avanzar y crecer como persona. Y esto puede o no estar relacionado con adelgazar, insisto todo sirve. Adelgazar es una parte más de tu vida, pero no ES TU VIDA. Tu no eras antes una persona diferente cuando estabas gordo. Te guste o no eres la misma persona, con muchos cambios, pero el mismo cerebro, las mismas manos y el mismo todo. Habrá muchas cosas de tu pasado como gordo, repito, especialmente si lo has sido siempre, que no se irán con la grasa y con las que tendrás que lidiar para encontrar esa ansiada felicidad. Adelgaza por y para ti. 

Y después de mucho leer, ahí tenéis mi respuesta a la pregunta: los números y las comparaciones son ladrones de felicidad. Os suelto el rollo que os he contado no porque yo haya asimilado esto al 100%. Para nada, a mi me cuesta esfuerzo diario y días muy malos aplicarme lo que os comento aquí. Pero sí que es verdad, que no siento que merezca menos por no estar como X persona ni voy al gimnasio con el único propósito de quemar y quemar y quemar calorías. Lo que no quita que muchas veces vea una foto en Instagram y diga, jope ojalá tuviese ese cuerpo. En otro post podemos hablar de cómo lidiar con este tipo de pensamientos, que si no se nos va a hacer muy largo el post.

Espero que os haya gustado y que me comentéis lo que penséis o necesitéis. Quereos mucho. Un beso gigante. 

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